Opinión

Mira qué sucede al vestirse con burka

EL PATIO DIGITAL

A veces, las cosas son simplemente lo que parecen. El burka parece una cárcel y es una cárcel.

Hace muchos años, una compañera de este diario, gran Myriam Josa, trajo un burka de un viaje informativo a Afganistán. Las mujeres de la casa corrimos a ponérnoslo, para saber de qué se habla ayuda experimentarlo. Pesa, mucho. Impide ver. A través de la rejilla sólo llegan pedazos de imágenes. Cuesta hablar, las palabras se estrellan contra el muro de tela.

También las conversaciones llegan a retazos, resulta casi imposible entender lo que se escucha. Es difícil respirar, el olor del propio aliento entra de nuevo por la nariz, un círculo que alimenta la sensación de encierro. Da calor. En verano, el sudor se convierte en pringoso ante la imposibilidad de aliviarlo: ni siquiera las gotas que chorrean por la cara y el cuerpo tienen permiso para salir al exterior.

A veces las cosas son también tan simples como lo parecen: el burka es inadmisible desde cualquier punto de vista. Si las complicamos, es por algo, y eso hay que saberlo.

Para la izquierda, la lucha contra el racismo

En estos días e l Congreso votó en contra de la propuesta de Vox, amparada por el PP, para prohibir el burka y el niqab en espacios públicos. Con el fin de no favorecer a la extrema derecha y contra el rechazo al islam que, aseguran, emana. Se trata de un planteamiento difícil, ya que solo un extremista podría respaldar esas prisiones que, por supuesto, recaen únicamente sobre las mujeres, aunque nadie desea tampoco mostrar acuerdo con Vox. 

Pero esa es la práctica política desde que el mundo es mundo y que no se hagan los ingenuos, derecha e izquierda la ejercen siempre que les es posible para debilitar al contrario: al Congreso se va llorado y, además, enterado de a qué se va. Y si no quieren votar con la extrema derecha, pues presenten sus propuestas, sean ley o lo que sean.

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Sí, ya se sabe que a Vox entre poco y nada le importan las mujeres. Y sin embargo resulta no contradictorio, sino perfectamente esperable que cuentas identificables con la derecha y la extrema derecha defiendan ahora los derechos de las mujeres como un solo hombre, por así decirlo: “Solo PP y Vox votaron a favor. Los presuntos feministas defienden la invisibilización y sumisión de la mujer. Victoria del islamismo y derrota de la libertad de las mujeres” (@GuajeSalvaje). Es lo que (les) tocaba.

Lo que no tocaba es que el progresismo acabara poniendo en una misma frase “libertad” y “burka”, como denuncian desde la plataforma feminista Contra el Borrado de las Mujeres  (@ContraBorrado). Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno, ha recibido la del pulpo por defender que la prohibición de burka y niqab “vulnera la libertad religiosa”, pese a que reconocidas expertas en el slam, como la profesora emérita de la UB Dolors Bramon, recuerdan que ”el Corán sólo pide a los creyentes que escondan sus partes sexuales".

Sí, se está vulnerando una libertad, pero no es la que la dirigente de Sumar dice. Más que buscar nuevos nombres para la cosa de las izquierdas, quizás deberían buscar nuevas políticas. La prueba es que el miércoles el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, se despachaba diciendo que “el burka es una salvajada” (@eldiario.es). A buenas horas mangas verdes, que es como lo han puesto en X. Igual se han dado cuenta de “lo lejos que están de sus votantes” (@mirondecallejon).

“Ya me mata ver cómo se defiende el burka como multiculturalidad” (@mariu_tl). Otro debate que se multiplica en redes y que pincha en el tuétano de las izquierdas es la jerarquía de las causas, a las que el progresismo es tan aficionado. ¿Debe ser aceptable una práctica que atenta contra la libertad de las mujeres porque colectivos islámicos la amparen, para no ser, digamos, tachados de racistas o antimusulmanes? Pues para algunos parece que sí: “Que es lo que está de moda y te va a dar el voto del Torrente de tu barrio” (@RobeznoGrrr, un perfil de extrema izquierda).

Así que está de moda. El debate es también si pedir la prohibición del burka es hacer el juego a la derecha: “Afecta a 500 mujeres en toda España, en un país de 50 millones de personas. Busca meter en agenda un problema que es absolutamente insignificante en España” (@Carolalon1). 

Pues nada, le responde una amplia mayoría de tuiteras, vamos a esperar que el problema sea más grande: “¿Cuál es el número mínimo de víctimas en España que se necesitan para que una violencia contra las mujeres se considere tal y se haga algo para evitarlo?” (@EnMantis). ¿O se trata de una estrategia electoral a lo Mélenchon (yo no, el de Francia)?

Al final resultará que cuando colisionan diferentes causas, la de las mujeres queda siempre por debajo.

“Esto no es un asunto de extrema derecha. ¿Que ellos lo cargan con una retórica insoportable? Es cierto. Pero un país que presume del respeto a la mujer, además de los problemas de seguridad, no debe tolerar la imposición del burka fuera de casa” (@iguardans).

Pero no nos olvidemos de Irán. 

Isabel Gómez Melenchón

Isabel Gómez Melenchón

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