Quisiera expresar mi más profundo agradecimiento a los habitantes de Adamuz, por la solidaridad sincera y generosa que han demostrado en momentos de tanto dolor. Cada vecino ha hecho todo lo que ha podido, sin medir esfuerzos. Algunos decían con humildad: “Yo no sé de cuidados ni de auxilios, pero tengo dos manos”, y esas manos han sido suficientes para acompañar, ayudar, sostener, escuchar y consolar. En ese gesto sencillo se resume la grandeza de este pueblo. Han sabido estar en silencio cuando hacía falta, escuchar, permanecer al lado del que sufre, dar lo que tenían para comer, sus mantas, su abrigo, compartir el dolor y sostener a quienes lo necesitaban. A veces, la mayor ayuda no es hacer, sino estar. Pienso que todos nos sentimos mejores al conocer las historias de esos vecinos. Gracias por vuestra humanidad, por vuestra cercanía, por vuestra respuesta espectacular, por vuestro saber estar y por demostrar que la solidaridad verdadera nace del corazón y se expresa en los pequeños gestos cotidianos.
Ernesto López-Barajas González
Santiago de Compostela