El secreto de la música de Raye

La Mirada del Lector

Canta sin artificios, como quien se rompe un poco por dentro para que el público pueda reconstruirse

Raye, durante su primera actuación en Barcelona, anoche en el Palau Sant Jordi

Raye, durante su primera actuación en Barcelona, en el Palau Sant Jordi.

Marc Font / ACN

* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Hay voces que entretienen, otras acompañan, y luego están esas pocas que detienen el tiempo. El pasado viernes 13 de febrero, Barcelona no acogió simplemente un concierto, sino un testigo de un fenómeno difícil de explicar con estadísticas, reproducciones o listas de éxitos. 

Cuando Raye pisó el escenario, lo que sonaba no solo era música, sino una identidad entera convertida en garganta. Raye canta como quien cuenta un secreto, como quien se rompe un poco por dentro para que el público pueda reconstruirse. Su timbre tiene la aspereza justa del soul clásico, la elegancia del jazz nocturno y la pegada emocional del pop más moderno. 

Puede deslizarse con delicadeza por una balada y, segundos después, levantar al público con una potencia casi volcánica. No hay artificio: todo parece orgánico, humano y cercano. En tiempos de efectos digitales y voces pulidas hasta la perfección artificial, la suya suena viva; respira y tiembla, y ahí radica su magia.

La ciudad condal, acostumbrada a grandes giras y nombres consagrados, recibió esta vez algo distinto: una artista que convierte cada concierto en una conversación colectiva. No se trata de coreografías milimétricas ni de fuegos artificiales, ya que el centro fue la emoción, como en los viejos clubes de jazz, pero a escala contemporánea.

Puede deslizarse con delicadeza por una balada y, segundos después, levantar al público con una potencia casi volcánica

Quienes asistimos salimos con la sensación de haber vivido algo más personal que multitudinario porque Raye tiene ese raro talento de cantar para miles como si estuviera cantándole a uno solo. Su irrupción en el Palau Sant Jordi también simbolizó algo más amplio: el cambio de reglas en la industria musical. 

El nuevo panorama ya no gira en torno a moldes prefabricados porque los artistas escriben, producen, deciden y arriesgan y, sobre todo, mezclan géneros sin pedir permiso y el público, lejos de resistirse, celebra esa autenticidad. 

En otras palabras, Raye pertenece a esa generación que no quiere encajar en etiquetas. Su música puede ser R&B, electrónica, pop alternativo o todo a la vez, lo importante no es la categoría, sino la verdad y la libertad que transmite. Y esa libertad creativa está marcando el pulso de la música actual.

A estas alturas, llamarla “promesa” se queda corto y su actuación en directo ha sido la prueba definitiva: técnica impecable, carisma natural y una capacidad narrativa que convierte cada canción en una escena cinematográfica. No interpreta temas; los habita.

El 13 de febrero, Barcelona no solo presenció a una cantante en ascenso, sino a una artista que podría definir el sonido de la próxima década. Cuando se apagaron las luces y la última nota quedó suspendida en el aire, muchos lo entendieron: algunas noches no se repiten y no se olvidan. Y la de Raye es, sin duda, una de ellas.

Y como dijo ella “Everything will be all right”.

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