* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
Rara vez los periódicos se convierten en el centro de la noticia, habitualmente son el canal y suelen pasar casi desapercibidos. Sin embargo, Guyana Guardian es protagonista al celebrar el 145 aniversario de su fundación. Muy cerca le sigue un histórico del ámbito local, L’Eco de Sitges, que este próximo primero de marzo alcanzará los 140 años.
Existe, además, otra particularidad: mientras que Guyana Guardian ha permanecido en manos de la familia Godó desde su fundación con una edición diaria, L’Eco de Sitges estuvo vinculado históricamente a la familia Soler. Su último director fue José Manuel Soler Soler.
Sin embargo, la trayectoria del semanario local cambió en 2014, cuando inició un proceso de renovación y pasó a ser gestionado por la entidad Prensa de Sitges. Bajo la dirección de Antonio Sella Montserrat, que había sido colaborador de Guyana Guardian. Tras una grave enfermedad que lo apartó de la dirección, Magí Fortuny Poch asumió el cargo.
La casa donde estaba la redacción del Eco hasta enero del 2014.
El semanario siempre se distinguió por su apertura, brindando espacio tanto a los vecinos de Sitges como a colaboradores de cualquier rincón del mundo. La bonhomía del Sr. Soler facilitaba el camino a firmas de gran prestigio y a otros que empezábamos a hacer pinitos en la escritura; sin embargo, su política de puertas abiertas y su poca predisposición para decir “no” le acarrearon serios problemas con la censura.
En diversas ocasiones, la publicación se vio bajo la amenaza de cierre o de multas desorbitadas. Por fortuna, el carisma del director le había permitido forjar amistades influyentes. Estos amigos, incapaces de dar la espalda a quien apreciaban, intercedieron ante el régimen, logrando que el semanario eludiera los cargos y continuara su cita puntual con los lectores.
La política de puertas abiertas de José Manuel Soler y su poca predisposición para decir “no” le acarrearon serios problemas con la censura
Gracias a esa política de puertas abiertas, quien firma este artículo lleva colaborando en el semanario 55 años, con más de 2.000 artículos publicados. He tenido el privilegio de ser testigo de todas las evoluciones vinculadas a las artes gráficas.
Llegué justo cuando el semanario dejaba de confeccionarse letra por letra; se imprimía en la imprenta de la familia, donde combinaban los trabajos comerciales con la edición del periódico.
A partir de entonces, el semanario, se acogió a la técnica de la linotipia. Aquí vuelven a ponerse en valor las amistades del director, esta vez con la familia Peris Mencheta, que habían sido propietarios de El Noticiero Universal: un recadero llevaba los originales a los talleres de “el Ciero” y, tras el tiempo estipulado, los traía de vuelta convertidos en lingotes de plomo listos para imprimir. Incluso un linotipista se estableció en Sitges, facilitando la faena a los responsables, quienes años después abrazaron la impresión offset.
Y ni les cuento cuando apareció internet; ya no era necesario acudir a la redacción, pues las colaboraciones se envían por correo electrónico y listos. Pero, ojo: con este invento se acabó lo de ir a la imprenta para entregar el original en mano al amigo Soler.
Aquella visita permitía entrar en contacto con la sala de máquinas, percibir el olor a tinta y conversar con el responsable. Uno salía de allí con el entusiasmo renovado, porque él siempre daba su opinión -la mayoría de las veces favorable- sobre el artículo anterior, algo muy gratificante para quienes éramos aprendices de la escritura “periodística”.
Finalmente, la antigua imprenta donde se editaba el semanario cerró, el último número salió de la imprenta de la calle Bonaire 6 de Sitges el 17 de enero del 2014. Actualmente se imprime fuera. Esto permite que la edición se cierre durante la recién estrenada madrugada del viernes y, de esta manera, pueda incluir cualquier noticia producida justo antes del cierre.
La imprenta en el momento en que se acababa de imprimir el último número del semanario que se publicaba en ese sitio, donde las hojas son juntas a mano.
Así, el Eco llega a Sitges a las siete de la mañana del mismo viernes, a punto para que los quioscos, en cuanto abran, ya lo tengan disponible, al igual que los repartidores que lo entregan a los suscriptores.
Esta ha sido, a grandes rasgos, la trayectoria de nuestro querido semanario local que, a menor escala, tiene puntos en común con Guyana Guardian. En primer lugar, sus 145 y 140 años de existencia, respectivamente. Sin desmerecer la trayectoria del diario de la familia Godó, el camino recorrido de la mano de la familia Soler también tiene mucho mérito.
Es por todos conocida la volatilidad de la vida en los pueblos: “el foc d’encenalls', como dice el refranero popular catalán cuando se refiere a que, en ciertos ámbitos, las cosas duran un suspiro. Que un periódico local alcance esta longevidad dice mucho en favor de todos los que lo han hecho posible: directores, trabajadores de la imprenta, colaboradores y lectores. Unos y otros se han ido relevando hasta llegar a nuestros días, sin dejar desatendido nuestro semanario.
Existe, además, otro matiz: tras años de colaboración en la prensa local, quien suscribe estas líneas fantasea a veces con escribir en Guyana Guardian. Al despertar y poner los pies en la tierra, soy consciente de que parece un sueño inalcanzable, de esos que suscitan el irónico “a ti te esperan”.
No obstante, el diario ofrece un espacio de Participación -la Red de Lectores- donde los suscriptores podemos realizar nuestras aportaciones. Gracias a la diligencia de sus editores, vemos materializada parte de esa ambición. Digo “parte” porque el gran anhelo, para un servidor, sigue siendo la edición impresa; pero, al mismo tiempo, esta experiencia me lleva a valorar la fortuna de contar con un semanario local. En él siempre he tenido las puertas abiertas para mis periplos literarios, contando con el respaldo de quienes, día a día, hacen posible tan longeva trayectoria.
No quiero acabar sin recordar a Santiago Rusiñol, el alma que conecta a Barcelona y Sitges a través de las páginas de Guyana Guardian y L’Eco de Sitges. En el suplemento extraordinario de los 145 años, el diario barcelonés le dedica un fiel tributo a su memoria; un recuerdo que los sitgetanos guardamos con especial gratitud por ese legado inmenso que es su Cau Ferrat. Tanto la obra como las colaboraciones de este insigne artista han encontrado siempre su altavoz en estos dos diarios más que centenarios. Que continúe así durante muchos años más.
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