
Vox no juega, pero gana
Sin permiso
Los dos grandes partidos en España no se han dado tregua ni durante el verano. Los dos episodios políticos de este agosto, los incendios y la distribución de los migrantes menores, han servido para que el PSOE y el PP trataran de sacar ventaja al rival, aunque lo más probable es que ninguno haya logrado su propósito.
Los incendios y la polémica por los menores migrantes han puesto de manifiesto la creciente confusión entre las responsabilidades achacables a las autonomías y las que corresponden al Gobierno central. El reparto competencial ha sido siempre fuente de conflictos institucionales. Sin embargo, éstos eran antes más frecuentes entre el Gobierno central y las llamadas “nacionalidades”, mientras que ahora responden más a la insomne y despiadada batalla electoral entre el PP y el PSOE.
Los dirigentes de Vox no han tenido que esforzarse este verano; PP y PSOE les han hecho el trabajo
Que Catalunya o el País Vasco mantuvieran un constante pulso con el poder central para ostentar el mayor grado de soberanía posible entraba dentro de la lógica de dos comunidades con fuerte componente nacionalista. Pero cada vez se produce más un ejercicio de oposición de las autonomías hacia el Gobierno y viceversa, con casos de especial inquina como el de la Comunidad de Madrid, donde el choque político se desplaza de la asamblea regional al duelo entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso.
La delimitación competencial se ha ido forjando a partir de las sentencias del Tribunal Constitucional. Pero es evidente que, por más que se fijen las materias de una u otra administración, será difícil que el sistema funcione de forma eficaz sin un mínimo de lealtad institucional. Cuando las comunidades que han sufrido graves incendios y el Gobierno central se señalan mutuamente como incapaces, lo único que logran es engrosar las filas de detractores del modelo autonómico.

Si los gobiernos regionales no sirven para asistir a los afectados cuando éstos más lo necesitan, la conclusión para muchos será reclamar una mayor centralización, no tanto porque sea más eficaz, sino porque en el fondo se prefiere un simple “ordeno y mando”. O porque al menos sabremos a quién echar la culpa.
Asimismo, las constantes apelaciones a la intervención del Ejército también contribuyen a enviar a los ciudadanos el mensaje de la incapacidad política, como ocurrió cuando Carlos Mazón eligió a un ex militar para encargarse de la reconstrucción tras la dana.
Algo parecido ocurre con el conflicto sobre el reparto de los menores migrantes. Cuando las autonomías, sean de un color político u otro, discuten con acritud para sacudirse de encima la responsabilidad de acoger a esos niños y adolescentes, cuando regatean el número de plazas de manera pública como si hablaran de algo inconveniente, por decirlo con suavidad, están alimentando la premisa de que la inmigración solo conlleva delincuencia y gasto innecesario.
El resultado de ambas prácticas es claro y el mensaje que se transmite también: si las autonomías no apagan incendios, mejor eliminarlas. Si los políticos tienen que llamar al ejército, para qué los queremos. Si los inmigrantes son únicamente una fuente de problemas y se les puede tratar como fardos en lugar de personas, es más práctico que no entren. Ahora mismo Vox representa con más nitidez todas esas posiciones, aunque pueden surgir otras formaciones similares que busquen aprovechar ese clima político.
Por eso, resulta sorprendente que el PP desprecie su propio poder actual, en manos de las autonomías, al relegarlas como administraciones de segunda con un discurso que beneficia a la extrema derecha. De hecho, los dirigentes de Vox apenas han tenido que esforzarse este verano, sobre todo cuando los fuegos ocupaban la actualidad informativa. Solo tenían que dejar hacer a socialistas y populares. Pero si en el PSOE piensan que pueden sacar rédito de esa circunstancia, deberían tener en cuenta que tales relatos también hacen mella en el votante de izquierda. Éstos quizá no den el salto a una formación como Vox, pero sí puede que se cansen de movilizarse a la contra y decidan quedarse en casa el día de las elecciones.
Un servicio deficiente
Illa, Rodalies y el ministro Puente
Si hay algo que preocupa en el Govern de Salvador Illa es el mal funcionamiento de Rodalies. No solo porque las inversiones no acaban de mejorar el servicio y el Govern considera que hay margen para ello, sino también por las resistencias en el ministerio de Oscar Puente ante el proceso de traspaso. El presidente de la Generalitat se reunirá el martes con representantes de Renfe y Adif en un claro reflejo del descontento por la evolución del servicio y de las negociaciones. El Govern no ve una implicación suficiente con Catalunya por parte de los responsables de esos dos organismos. Illa y Puente son dos personas de confianza de Pedro Sánchez, pero la relación entre ambos podría considerarse más bien fría.
El inicio del curso político
Los rumores de cambio de gobierno
El clima político estaba tan crispado al inicio del verano que empezaron a arreciar los rumores sobre un cambio de gobierno por parte de Pedro Sánchez para tratar de recuperar la iniciativa. Es un movimiento que los presidentes suelen mantener en secreto hasta el último momento, aunque en ese reinicio de curso las señales que emite la Moncloa no parecen ir en esa dirección. Ni siquiera en el caso de María Jesús Montero, que compagina su labor de vicepresidenta económica y de candidata a la Junta andaluza, con las contradicciones que ello le acarrea cuando se habla de financiación autonómica. Los movimientos de Sánchez vendrán determinados sobre todo por los resultados de las elecciones en Castilla y León y en Andalucía.
