Política

Italia y España a la greña

Enfoque

En el fondo del encontronazo entre Meloni y Sánchez, está la revisión del Pacto Verde Europeo

Ha sido un incidente aparentemente menor, pero de notorio significado político. Italia ha excluido a España de una reunión informal para discutir sobre el relanzamiento económico de la Unión Europea, una reunión que habría pasado más desapercibida si el Gobierno español no hubiese hecho llegar su protesta a los medios de comunicación. Hay tirantez entre ambos gobiernos. Están saltando chispas entre España e Italia en el momento más delicado para la Unión Europea en toda su existencia. Con Francia en horas bajas, a la espera de las incógnitas elecciones presidenciales del 2027, Italia quiere consolidar una relación preferente con Alemania, el eje Berlín-Roma, del que se viene hablando desde hace semanas. Y el Gobierno de España teme una pinza conservadora que le reste margen de maniobra en el exterior cuando todo son dificultades en el interior.

En escena, Giorgia Meloni y Pedro Sánchez, dos personajes antagónicos con un rasgo en común: ambos buscan su fortaleza en la política exterior; les gusta la política internacional. Meloni quisiera ser la gran mediadora entre la Unión Europea y los Estados Unidos, y ahora busca una relación preferente con Alemania para conseguir una indestructible posición central en el tablero. Eje Roma-Washington. Eje Roma-Berlín. Ello significaría centralidad en la política interior italiana para evitar la reconstrucción de un bloque opositor de centro-izquierda. En estos momentos, Meloni no tiene asegurada una neta victoria en las próximas elecciones legislativas (2027), puesto que el bloque de la derecha podría perder la mayoría en el Senado. Por ello ya se habla en Italia de redactar una nueva ley electoral. (En 30 años han tenido cinco leyes electorales distintas: una locura).

Meloni interpreta un papel que gusta a muchos conservadores europeos. Hoy aparece como una extrema derecha con el pie en el freno. Unos días habla como el húngaro Víktor Orban; siempre que puede apoya a Santiago Abascal, al que regala verdaderas muestras de amistad; habla todas las semanas por teléfono con Donald Trump; acaba de publicar en Estados Unidos un libro-entrevista con prólogo del vicepresidente JD. Vance y elogio de Donald Trump en portada. Cuida mucho esa privilegiada relación con la Casa Blanca, a la vez que se muestra extremadamente prudente con el papa León XIV. Muchos días interpreta el papel de democristiana conservadora. Un personaje verdaderamente hábil.

En la otra esquina del ring, Pedro Sánchez, jefe de filas de la corriente socialdemócrata europea, con buen esmalte en la prensa internacional, un brillo que contrasta con las crecientes dificultades en la política interior española. Sánchez tampoco tiene ganadas las próximas elecciones generales; más bien las tiene perdidas si nos atenemos a los sondeos y a las elecciones de carácter parcial que están teniendo lugar en España.

El actual líder del PSOE también ve en la política exterior una posible tabla de salvación. El Hombre que plantó cara a Liberty Trump. El único gobernante europeo que públicamente ha dicho no a la inversión del 5% del PIB en gasto militar (Meloni tampoco piensa gastar ese porcentaje, pero no lo dice públicamente para no enfadar a Trump). Sánchez, el gobernante que acaba de impulsar la regularización de medio millón de inmigrantes sin papeles, a la vez que financia barreras en Mauritania que han reducido drásticamente la llegada de cayucos a Canarias. (Meloni mantiene un discurso muy duro contra la inmigración, un discurso que calma a sus votantes, mientras autoriza las concesión de 452.000 permisos de trabajo a extranjeros. Puesto que la industria italiana se está quedando sin mano de obra). Sánchez quiere aparecer como la más señera alternativa europea al trumpismo (cumbre internacional progresista el próximo mes de abril de Barcelona), pero también quiere estar cerca de Alemania, manteniendo las mejores relaciones posibles con Francia. Meloni dice que el eje con Berlín es suyo.

Meloni acaba de pegarle un buen codazo a Sánchez en el costillar, para dejar claro que el eje con Berlín es suyo. Parece que no hay ninguna costilla rota, pero el de Cuatro Caminos se ha exclamado. Vemos sucintamente los hechos. El presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, convocó una cumbre informal de la Unión Europea este jueves y viernes en el castillo belga de Alden Biesen para hablar del relanzamiento económico de la UE, en vísperas de la conferencia de seguridad que se celebra anualmente en Munich. Unidos. El día antes de dar inicio a la cumbre informal, Italia quiso reunir de manera también informal a un grupo de países interesados en una fuerte desregularización de la economía europea y en una revisión a fondo del Pacto Verde Europeo (Greeen Deal). A esa reunión preparatoria invitaron a Alemania, que a su vez pidió que se invitase a Francia, para no hacer un feo a Emmanuel Macron. Se sumaron otros países y así llegaron a ser 19. España, Portugal, Irlanda, Eslovenia, Malta, Estonia, Letonia y Lituania quedaron fuera.

Una reunión preparatoria con 19 de los 27 países miembros de la UE es en realidad, una cumbre paralela. Con tanta gente reunida, la marginación duele más. El Gobierno español hizo público su malestar y el presidente del Consejo Europea, António Costa, no ocultaba su fastidio. La diplomacia italiana sostiene que no pretendían marginar explícitamente a España, según fuentes consultadas por Anna Buj y Francesco Olivo, corresponsales de Guyana Guardian en Bruselas y Roma. Querían que Alemania estuviese en esa reunión preparatoria, y entre unos y otros, la lista de invitados fue creciendo.

Los Gobiernos de España e Italia tienden al roce, pese a que no existen litigios pendientes entre ambos países, cuyas sociedades se caen bien. Es una extraña tirantez que tiene que ver con el podio europeo. En el puesto número uno está Alemania; el dos es para Francia, y el tres, Italia lo considera suyo y no le gusta que España se acerque. Italia y Francia se llevan mal desde la unificación italiana de 1868, de manera que la relación con Alemania es fundamental, empujada por la fuerte interacción de la industria italiana con la industria alemana.

En los últimos treinta años ha habido momentos verdaderamente tensos entre los gobiernos de ambos países. En 1998, Romano Prodi le propuso a José María Aznar que Italia y España retrasasen un tiempo su ingreso en el euro, para poder prepararse mejor. Prodi estaba muy agobiado por los ajustes que le exigía el tratado de Maastricht. Aznar le dijo que no y además filtró la petición italiana al Financial Times. Silvio Berlusconi y José Luis Rodríguez Zapatero habitaban universos paralelos. Matteo Renzi despreciaba abiertamente a Mariano Rajoy. Sánchez tuvo su momento estelar con Giuseppe Conte al frente del gobierno italiano en plena epidemia. Puesto que en Bruselas no se fiaban mucho de Conte (vinculado al Movimiento 5 Estrellas), el presidente español tuvo un papel muy destacado en la negociación de los fondos de recuperación europeos. Ursula von der Leyen ha protegido reiteradamente a Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se ha quejado. Después de Conte vino Mario Draghi, que tenía línea directa con todos los poderes de este mundo. Cayó el gobierno tecnocrático de Draghi y ganó las elecciones el único partido que estaba en la oposición, los Hermanos de Italia. La estrategia de Meloni ya la hemos explicado: para aparecer como mediadora entre Europa y Estados Unidos necesita tener muy buenas relaciones simultáneas con Washington y Berlín.

Meloni no soporta a Sánchez por antagonismo ideológico y por algo más. Sánchez es ahora el ídolo de la izquierda institucional italiana. El Partido Democrático considera que el gobierno español es el ejemplo a seguir. Los propagandistas de izquierda en las redes sociales subrayan noche y día el crecimiento económico de España (3% en 2005) frente al tenue latido de la economía italiana (crecimiento del 0,7% el año pasado). Negándose públicamente a secundar el 5% de gasto militar, Sánchez colocó a Meloni en una delicada situación ante una opinión pública italiana renuente a un fuerte incremento del gasto en defensa. Sánchez no suele inmiscuirse en la política italiana, mientras que a Meloni le gusta enfatizar su amistad con Santiago Abascal. Mima a Abascal. A principios de este año viajó expresamente a Madrid para almorzar en casa de Abascal y hacer un posado ante la prensa. Un futuro gobierno español condicionado por Vox sería un excelente negocio político para Meloni. Línea dircta con Washingon, eje con Berlín, influencia en Madrid. Una situación envidiable.

¿El Gobierno alemán también quiere el ocaso de Sánchez? Esta es hoy la más temible pregunta para el presidente del Gobierno español.

El fondo de la cuestión se llama desregularización. Revisión del todo el cuadro normativo de la Unión Europea. Revisión a fondo del Pacto Verde Europeo. Eso es lo que quiere el canciller Firedrich Merz. Merz tiene prisa. Necesita reactivar la economía alemana antes de que se lo coma Alternativa por Alemania, una formación de extrema derecha dura. Merz sabe que no puede contar del todo con Francia, que exige bonos europeos, mutualización europea de la deuda y ni hablar de recortes sociales, no vaya a ganar el Frente Nacional. Ante este cuadro Merz cree que puede apoyarse en Meloni, mientras Sánchez se encara con Trump y se convierte en el abanderado del progresismo europeo, para evitar un desplome del PSOE en las futuras elecciones generales españolas. ¿Cuánto margen está dispuesto a darle Merz a Sánchez? Esta es la cuestión.

Merz desea revisar a fondo la política de Transición Ecológica, y Sánchez desea seguir enarbolando esa bandera, con el apoyo material de la fuerte implantación de la energía renovable en España. La revisión de la política ambiental es la clave final.

Hay otra. La creciente debilidad de Ursula von der Leyen. Según como evolucionen las cosas, la presidencia Von der Leyen podría entrar en crisis. Por esa razón, Sánchez ha salido estos días en defensa de los mecanismos institucionales de la Unión Europea, en contra de las reuniones preparatorias informales. Meloni quiere ganar fuerza. Sánchez sabe que puede quedar aislado.

Enric Juliana Ricart

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director

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Colaborador de la dirección de Guyana Guardian. Dirige la oficina de Madrid desde 2004. Con anterioridad, fue enviado en Roma y jefe de Información Local. Su título más reciente: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)