Lucía, estudiante, sobre lo que cuesta vivir en Madrid: “Es imposible encontrar una buena vivienda de alquiler”
Alquilares imposibles
La chica manifiesta el inmenso desafío que representa en la actualidad arrendar en la capital.
Javier Gil, experto en economía política del CSIC, respecto a la juventud y el mercado del alquiler: “Tienen que dedicar el 92% de su sueldo”

El alquilar en Madrid está imposible
Lucía cuenta con 21 años de edad, cursa sus estudios en la Universidad Carlos III y, al igual que gran parte de la juventud, optó por mudarse a Madrid partiendo de Toledo, su lugar de origen. Aquello que se presentaba como una alternativa razonable para ahorrarse los trayectos de cada día, ha terminado siendo una vivencia desalentadora. “Es imposible encontrar una buena vivienda de alquiler”, asegura con desánimo dentro de un relato publicado por el sitio de inmuebles Yaencontre.com.
Un mensaje que se reitera entre la juventud
En su situación particular, empezó conviviendo en una vivienda en Getafe, pero acabó trasladándose al área de Delicias buscando una ubicación más conveniente. A pesar de ello, confiesa que el precio de la renta sigue siendo alto “para lo que es”. Ante la interrogante de si lograría costearse un hogar para ella sola, replica de forma rotunda: “No, imposible. Tendría que compartir casa, con alguien, con pareja o compañeros”. El caso de Lucía no es un suceso único. Los obstáculos para localizar un inmueble en Madrid impactan a miles de individuos, principalmente a alumnos y profesionales jóvenes, que cada ejercicio encaran un entorno de costes en ascenso y limitadas posibilidades verdaderas.
Conforme a los reportes de Proinca, una firma dedicada al arrendamiento de apartamentos y estudios en la urbe, el nivel de solicitantes excede con creces las existencias: “En cuanto publicamos un piso, las solicitudes llegan por cientos en cuestión de horas”. Dicho colapso del mercado entorpece cualquier intento de localización. Ni los registros de aguante ni los sistemas digitales logran reducir el descontento de quienes desean arrendar.
Los portavoces de la compañía afirman que intentan guiar a los potenciales arrendatarios con claridad, aunque admiten que la raíz del conflicto es más profunda. Existe una descompensación de base: bastantes dueños evitan reformar sus inmuebles, pero mantienen pretensiones económicas elevadas, provocando un sector desigual, de prestaciones inciertas y tarifas complicadas de costear. Entretanto, personas jóvenes como Lucía calculan sus gastos: “En base a mi piso, entre los tres, tuvimos que poner casi 5.000 euros de entrada”. Garantías, depósitos, la mensualidad inicial, honorarios de gestión… El pago de entrada representa, para gran parte de la población, una barrera insuperable.
La situación actual no resulta favorable. Si bien distritos como Tetuán o Usera solían ser históricamente más económicos, la evolución de la ciudad ha provocado que los costes aumenten drásticamente en esos puntos. De acuerdo con Proinca, áreas como Azca o Chamberí conservan un interés permanente por parte de trabajadores jóvenes, al tiempo que Moncloa, debido a su proximidad con los centros universitarios, sigue siendo el lugar predilecto para el alumnado.
El panorama empeora en determinados momentos del calendario. Septiembre y octubre, al compás del arranque escolar, o enero, debido a las rotaciones de empleo tras la Navidad, resultan periodos muy complicados. Las citas se acumulan, las contestaciones se demoran y frecuentemente, al concluir, las viviendas ya se han alquilado incluso antes de lograr visitarlas. De hecho, por encima de las dinámicas comerciales, el sentimiento colectivo es de frustración. “Algo se podrá hacer, no sé a quién hay que avisárselo ni a quién hay que llamar, pero que se haga algo ya porque esto es inviable”, exige Lucía actuando como portavoz de su grupo de edad.

