La figura y la obra de Artur Carbonell son poco conocidas fuera de su población. Lo afirma Txema Romero, director gerente de los Museus de Sitges, en el catálogo Artur Carbonell. Més enllà de la màscara, que da cuenta de la exposición del Palau Maricel de Sitges. Y este es precisamente el objetivo y el mérito de esta exposición: dar a conocer una selección amplia y representativa de un creador que por diversas circunstancias no ha tenido el reconocimiento que se merecía.
A Artur Carbonell (Sitges, 1906-1973) le ha sucedido lo mismo que a otros artistas catalanes que en los años 30 fueron vanguardistas en un país abocado a la modernidad y luego sufrieron las consecuencias de una guerra civil y una dictadura que les obligó a crear en silencio y casi a escondidas. Es una generación en la que podríamos incluir, entre otros, a Àngel Planells, Joan Sandalinas, Jaume Sans, Enric Cristòfol, Joan Massanet, i Ángeles Santos Torroella.
‘Dues figures’ (1931), procedente del Museo Reina Sofía de Madrid
La exposición, comisariada por Mariona Seguranyes e Ignasi Domènech, rescata a un artista que se inició en el mundo del teatro y la escenografía, para después saltar al ámbito pictórico y a la docencia en el Institut del Teatre. En su biografía se destaca que ya de niño, el día de Reyes, se asomaba al balcón para buscar la caja de pinturas y el teatrillo. A los diez años quedó impactado por una representación de los Ballets Rusos en Madrid. Y con tan solo 24 años estrenó la obra Orfeu, de Jean Cocteau, en el Teatro Casino Prado de Sitges, en lo que se considera la primera representación de teatro de vanguardia en España.
Artur Carbonell destacó por sus retratos de mujeres empoderadas, que conectan con el realismo mágico
En sus inicios pictóricos, Artur Carbonell se vio influido por la obra de Joaquim Sunyer y el noucentismo dominante en aquel momento. Pero bebió también del entorno de la revista L’Amic de les Arts, eso es de los Dalí, Cassanyes, Montanyà, Gasch, Foix..., lo que le llevó a un surrealismo del que son muy representativas obras como Nit de Nadal, Dues figures o Paisatge assassinat, estas dos últimas procedentes del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, que las tiene en depósito temporal. Dues figures, que refleja la influencia de la caligrafía mironiana, fue expuesta muy probablemente en la exposición que el grupo Adlan le dedicó en las galerías Syra de Barcelona y que duró tan solo un día, el 9 de marzo de 1933.
'Sant Sebastià' (1936), expuesto en el Palau Maricel
Pero sus obras más características son los retratos que lo acercan a un realismo mágico o, como también se señala en el catálogo, a una “figuración en clave novoobjetividad fría”. Los retratos hieráticos de Rosa Montanyà, hermana del crítico, Maria Dolores Bertran, Ana Maria Sala o Marta Olsina representan a mujeres empoderadas que en tiempos difíciles luchaban por emanciparse.
Otro óleo destacado es Sant Sebastià, que como el propio Carbonell explicó, “pinté durante los primeros días de la revolución marxista, cuando crujían y ardían todas las iglesias de Barcelona”. Carbonell era cristiano, pero también hay que tener en cuenta que las referencias eróticas que rodean esa representación pueden aludir a la propia sexualidad del autor. De ese periodo destacan también dos dibujos sobre el frente bélico.
En 1930 estrenó ‘Orfeu’ de Jean Cocteau y en 1947, ‘Rosita, la soltera’ de Federico García Lorca, ambas en Sitges
Complementan la exposición obras de los artistas de su entorno como Pere Jou, Alfred Sisquella, Joaquim Sunyer, Joan Miró o Federico García Lorca. Artur Carbonell estrenó Doña Rosita, la soltera, de García Lorca, en Sitges nada menos que en 1947. Esta faceta de autor teatral se explica principalmente en una sala del Cau Ferrat, mientras que su dimensión pictórica se concentra en el Palau Maricel.
