Mercè Badia interrumpió su embarazo a las 14 semanas: “Despedirse fue devastador y un acto de amor inmenso”
Amor y pérdida
Mercè Badía y su pareja enfrentaron la decisión más difícil de sus vidas y pudieron despedirse de su hijo con amor e intimidad

Mercè Badía y su pareja, Julià, despidiendo a su hijo

Tener que decir adiós a un hijo en las primeras etapas de la vida deja un vacío que no se puede llenar. Es un dolor que se siente en el corazón y en cada gesto del día a día, aunque nadie más lo vea. Cada silencio pesa, cada recuerdo trae consigo la ausencia, y la tristeza se mezcla con el amor y la impotencia de quienes atraviesan esta pérdida.
Detrás de cada pérdida hay una historia que duele, que enseña y que merece ser escuchada. Mercè Badia, junto a su pareja Julià, decidió interrumpir su embarazo a las 14 semanas tras recibir un diagnóstico devastador. Aquel momento marcó el inicio de un proceso emocional profundo, atravesado por el duelo, la reflexión y la necesidad de reconstruirse poco a poco: “Fue despedirse antes de poder empezar y un acto de amor inmenso”, empieza diciendo en una conversación con Guyana Guardian.

El ambiente dejaba claro que algo no iba bien y nos comunicaron que había indicios claros de una alteración importante
Mercè logró quedarse embarazada en 2022. La pareja llevaba tiempo deseando tener un tercer hijo y convertirse en familia numerosa. Juntos, construyeron una importante comunidad de seguidores en su cuenta de Instagram: “Las primeras semanas fueron similares a mis otros dos embarazos. Tuve alguna pequeña pérdida de sangre que no parecía alarmante. En una de esas visitas de urgencia descubrieron que se trataba de gemelos. Uno de los embriones no había evolucionado, lo que los médicos identificaron como un gemelo evanescente, pero el otro seguía desarrollándose con normalidad”, explica. Durante los controles posteriores, todo parecía ir bien: los resultados entraban dentro de la normalidad y los padres pudieron escuchar con emoción su primer latido.
Un control clave en las primeras etapas
La ecografía de las 12 semanas es una revisión clave en el embarazo, que se realiza generalmente entre la semana 11 y la 14. Su objetivo principal es evaluar el desarrollo inicial del feto, comprobar que todo evoluciona correctamente y detectar posibles anomalías. En el momento de realizarla, Mercè confiesa que sintió una sensación difícil de explicar, con la certeza de que algo no marchaba bien: “Durante la ecografía notamos que la actitud de la ginecóloga era distinta. Paró la prueba y se fue a buscar a un compañero para seguir examinando los resultados en silencio. El ambiente dejaba claro que algo no iba bien y nos comunicaron que había indicios claros de una alteración importante”, explica. Los médicos derivaron a la pareja a un especialista en trisomías del Hospital Universitario Vall d'Hebrón.
Después de realizar todas las pruebas pertinentes, los expertos confirmaron que el feto presentaba una trisomía 13, conocida como síndrome de Patau. Se trara de una alteración genética grave que ocurre cuando hay una copia extra del cromosoma 13 en lugar de las dos habituales. Esta alteración afecta el desarrollo del bebé desde etapas muy tempranas del embarazo y provoca malformaciones severas en diferentes órganos y sistemas del cuerpo: “Además detectaron una malformación en la vejiga y una cardiopatía severa. Todo ello era incompatible con la vida”, explica.
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Tomar la decisión más difícil
Posteriormente los médicos realizaron una biopsia para extraer material genético y confirmar el diagnóstico. Acto seguido, aconsejaron a Mercè interrumpir el embarazo: “Nos citaron por la noche en el hospital. Me ingresaron en una sala y me recomendaron ponerme la epidural. El proceso fue similar a un parto, con inducción, dilatación y expulsión. Cuando llegó el momento, mi hijo nació. Me lo llevaron envuelto en una gasa y nos dejaron solos”, afirma emocionada.
Mercè cuenta que todo el proceso burocrático se volvió frío y puramente administrativo. Después de firmar las autorizaciones de autopsia y gestión documental, se coordinaron con los servicios funerarios de la Vall d'Hebron para poder enterrar a su hijo en una zona destinada a pérdidas gestacionales del Cementerio de Montjuïc.
Entre cielo y tierra en un homenaje familiar
Mercè y Julià tenían programada una sesión de fotos y decidieron convertirla en un homenaje familiar por la pérdida de su tercer hijo. Junto a sus hijas, soltaron cuatro globos al cielo, uno por cada miembro de la familia, transformando el gesto en un acto simbólico de recuerdo y amor. La imagen quedó inmortalizada, capturando la emoción, la unión y la memoria de un hijo que siempre formará parte de su historia.
La abogada tiene un mensaje dirigido a todas aquellas personas que han están viviendo una pérdida: “Hagas lo que hagas, estará bien. Habla si necesitas hacerlo. Es normal si lloras, y si no puedes hacerlo, también está bien. No existe una manera correcta de vivir el duelo; solo está la tuya. He vivido dos experiencias distintas. En una de ellas me quedé con el dolor dentro y no me ayudó. En esta decidí explicarlo, compartirlo y, para mí, fue sanador. Me hizo sentir acompañada y menos sola. Pero eso es lo que me sirvió a mí. Tú tienes derecho a vivirlo como lo necesites”, termina recomendando. Sus palabras recuerdan que el duelo no necesita instrucciones, solo respeto y tiempo.

Poco después, la pareja volvió a quedarse embarazada y, en octubre de 2023, nació Oleguer, un niño que encarna la fuerza, la resiliencia y el amor que une a toda su familia. Su historia es también la de muchas familias que aprenden a convivir con la pérdida mientras siguen abriendo espacio a la esperanza.

