Laura y Xema gastaron sus ahorros en abrir una pastelería en Valencia y renunciaron a comprar una casa: “Dicen que cuando emprendes te sientes solo, pero nos apoyó mucha gente”
Emprendedores
La pareja dejó su empleo en un hotel para dedicarse al mundo de la pastelería. Ambos chefs dirigen Xema Sánchez Pastelería, en Valencia

Retrato de Laura y Xema, dueños de la pastelería

La pasión por la cocina fue lo que unió a Xema Sánchez y Laura Ramírez. Tras compartir tiempo y experiencias en su anterior trabajo, su amor floreció, abriéndoles la puerta para apostar por un sueño común: abrir Xema Sánchez Pastelería. A pesar de los desafíos que implica emprender y del riesgo que supuso dejar su anterior empleo en un hotel, hoy se encuentran en un momento vital en el que su prioridad no es solo disfrutar del camino juntos a través de la cocina, sino también sacar adelante este proyecto que nació del amor y de sus sueños compartidos.
Desde su pastelería en Valencia, quieren consolidarse como un espacio innovador que gira en torno a la “pastelería emocional”. “Personalizamos todas las tartas y todos los postres sobre la base de lo que el cliente espera. Por ejemplo, el sabor de un recuerdo de su infancia”, explica Xema. En esta entrevista para Guyana Guardian, la pareja desvela cómo han vivido los primeros dos meses desde la apertura, los desafíos económicos, cómo gestionan el día a día y cuáles son sus expectativas con el negocio.
¿Cómo surgió el proyecto?
X: Los dos somos cocineros. Nos conocimos trabajando en un hotel en nuestro antiguo empleo. Siempre he tenido el sueño de tener mi propia pastelería y de poder mostrarle al mundo el proyecto que tenía en mente, que luego se ha ido modificando y evolucionando un poco a medida que conocíamos más la obra. Así que nos pusimos manos a la obra. En el trabajo, la verdad, ya no nos veíamos como antes… Estábamos cómodos, demasiado, así que decidimos que era el momento. Incluso utilicé un dinero que tenía ahorrado personalmente y dije: “vamos a apostar todo por esto”. Así empezó la historia.

¿Cuál es el concepto que han querido transmitir?
X: Está basado en un concepto algo innovador, que no se ha visto mucho, se trata de la pastelería emocional. Partimos de la idea de que cada persona tiene un recuerdo asociado a un plato o un sabor de su infancia. Por ejemplo, en la película Ratatouille hay una escena en la que un plato le evoca al personaje su niñez; nosotros buscamos un efecto parecido con nuestra pastelería. Personalizamos todas las tartas y postres según lo que el cliente desea o espera recordar de su infancia. Por ejemplo, si de pequeño disfrutaba de un vaso de leche con su abuela, intentamos reproducir esos sabores en una tarta para que le evoque esa misma sensación o sentimiento positivo de aquellos momentos.
L: Nosotros nos centramos en tartas personalizadas, pero también queremos darle un punto de venta. Contamos con un escaparate bastante grande y, aunque no estamos en una zona de mucho tránsito, queremos ofrecer algunos productos individuales, ya sean tartas por raciones u otros postres. Así, la gente puede probar un trozo antes de decidirse a comprar una tarta entera, lo cual es un gran atractivo, porque a veces no quieres gastar 60 euros en una tarta sin haberla probado antes.
Una tarta estándar, dependiendo del relleno y demás, suele llevar más o menos 2 o 3 días
¿Qué peso tendrá el consumo en el local frente al servicio para llevar?
L: Nosotros tenemos un punto de takeaway. Aquí pueden sentarse cuatro personas, cinco como mucho. Es el típico sitio al que vienes, coges tu pedido y te lo llevas, o si en ese momento no hay nadie, puedes quedarte a probarlo allí. Estamos comprando sillas para que la gente se siente, pero no es una cafetería como tal.

Cuando decidieron emprender, ¿cómo lo gestionaron económicamente?
X: Estabamos entre dos opciones, comprar una casa o el negocio. Y la verdad es que apostamos por esto, porque en ese momento sentiamos que era lo que nos tocaba.
L: Pusimos, como dicen, todos los ahorros que teníamos y ahora estamos pagando un alquiler mes a mes. Ha sido un gran desembolso económico ya que tuvimos que invertir todos los ahorros y luego esperar temas de capitalización del paro y demás. Cuando decides invertir todo tu capital, cada pago cuenta.
¿Cómo es el día a día en la pastelería?
X: Me encargo de toda la planificación de los pedidos, de las cartas que me piden a domicilio, sobre todo las personalizadas. Trabajo en todo lo que puedo. Aunque la apertura oficial es de 12 a 4, en los inicios del emprendimiento yo llegaba a trabajar de 9 a 9. Me imagino que, al principio, esto es algo que pasa con todos los que arrancamos un proyecto así.
¿Cuánto tiempo lleva hacer una tarta?
Una tarta estándar, dependiendo del relleno y demás, suele llevar más o menos 2 o 3 días. Primero necesito pensar la idea y hacer un boceto; a mí me gusta planteármelo así, dejar las bases bien establecidas antes de empezar a producirla. Después viene el proceso creativo, y ya empiezo con la producción, con los bizcochos, los rellenos… Me gusta dejar casi todo un día en la nevera, los bizcochos ya mezclados, para poder decorarlos al día siguiente. Dependiendo de la imaginación de quien ha hecho el pedido, el tiempo de terminarla puede ser mayor o menor, pero en líneas generales, son 2 o 3 días.

¿Qué precio tienen las tartas?
X: Pues depende… desde una tarta de queso, que varía según las raciones. Tenemos tartas individuales, luego de 10‑12 raciones y las más grandes. Por ejemplo, las tartas de queso suelen estar sobre los 30 euros. Las tartas personalizadas dependen mucho de la cantidad y del diseño. Una de unas 10 raciones puede salir entre 40 y 50 euros. La semana pasada hice una tarta de dos pisos, con flores naturales y mariposas de papel, que costó 120 euros. Estas requieren un proceso mucho más largo: compras materiales, preparas detalles, y todo eso influye en el precio. Así que, básicamente, el rango va desde unos 30 euros hasta bastante más, según la complejidad.
¿Cómo ha sido la acogida por parte de los vecinos del barrio?
L: Muy bien, la verdad. Había escuchado que cuando emprendías te sentías muy solo, pero nos ha apoyado muchísima gente: compañeros de nuestro antiguo trabajo, amigos, los vecinos… Cada dos por tres hay alguien que pasa, se para, saluda, entra a preguntar qué estamos haciendo, qué vamos a ofrecer… La verdad es que me siento muy arropada por la gente que tenemos alrededor. Además, está en mi barrio, donde he vivido toda la vida, así que mucha gente nos conoce. Las redes sociales también han funcionado bastante bien y ahora incluso hay personas que vienen de más lejos a comprar nuestras tartas. Eso sí, como trabajamos solos, es complicado llegar a todo, porque no queremos descuidar nada. Por eso las redes sociales son importantes, pero hay momentos en los que necesitaría ayuda y simplemente no me da tiempo.
X: Estamos adaptándonos poco a poco. Yo personalmente me estoy acostumbrando a este nuevo estilo de vida, que no es un proceso de un día para otro. Pero sí, a largo plazo, cuando esto crezca, que crecerá, necesitaremos más gente y más espacios donde poder ampliar la pastelería y darnos a conocer aún más.



