'The Beauty', una serie donde la belleza es una enfermedad de transmisión sexual
Crítica
Se trata de la última serie de Ryan Murphy, el hombre que más produce en Hollywood

Bella Hadid, actriz invitada para representar la belleza.

El señor Ryan Murphy está que no para. Si alguien no lo conoce por su nombre, lo conocerá por su obra. Ha creado, escrito, dirigido y/o producido series como Nip/Tuck, Glee, American Horror Story (y su spin-off), American Crime Story, Feud, Dahmer, 9-1-1 (y sus spin-offs), Vigilante, Grotesquerie o Pose, entre muchas otras.
En cinco meses, de hecho, ha estrenado literalmente cuatro series nuevas: La historia de Ed Gein, 9-1-1: Nashville, la comentadísima Todas las de la ley con Kim Kardashian y, ahora, una especie de versión televisiva de La sustancia que lleva por título The Beauty. Los resultados de sus obras suelen ser dispares, como si la calidad dependiera del capricho de los Dioses del Olimpo, pero nunca se les puede negar que no sean llamativas. Esta última, que acaba de llegar a Disney+, lo es.

En la primera escena, la modelo Bella Hadid desfila en una pasarela de París pero está sudando, inquieta y pronto se olvida de su trabajo para robar botellas de agua a los asistentes. Está sedienta y, en su búsqueda de hidratación, agrede a cualquiera que se le ponga por delante, rompiéndole el cuello si hace falta. Entre agresiones y homicidios, pronto empieza una persecución por las calles de la ciudad. La modelo tiene una fuerza sobrehumana y, cuando llega el enfrentamiento final con la policía, el guion se reserva una sorpresa para el público.
Los agentes Cooper Madsen (Evan Peters) y Jordan Bennett (Rebecca Hall), que trabajan en el FBI, se encuentran volando a Europa para investigar este crimen y descubren que hay una serie de casualidades que no pueden pasar por alto: muertes relacionadas con modelos y personas extremadamente guapas que, hasta hace dos años, no eran nadie. El espectador, sin embargo, no tarda en entender qué sucede: un millonario (Ashton Kutcher) desarrolló una droga para ser guapo y hay una red de buenorros y buenorras que transmiten la belleza como si fuera una enfermedad sexual… con sus efectos secundarios.

The Beauty, que Ryan Murphy creó con un colaborador suyo como Matthew Hodgson, se hubiera beneficiado de estrenarse antes de La sustancia de Coralie Fargeat. Sí, se basa en un cómic preexistente de Jeremy Haun y Jason A. Hurley pero tiene demasiadas similitudes en los primeros episodios, tanto por la lectura que se hace sobre la belleza como por las escenas que se enmarcan en el body-horror, entre las que se incluyen los procesos de transformación. Quien viera la película por la que a Demi Moore se le escapó el Oscar, quizá siente a ratos “yo esto ya lo he visto”, sobre todo por su cercanía temporal.
Este thriller, que conste, tiene su mayor virtud en las pretensiones ajustadas de Ryan Murphy, que enfoca la historia como una obra de entretenimiento con cada elemento en su justa medida: cameos como el de Bella Hadid son un éxito (que alguien le dé un papel con más sustancia, la próxima vez, teniendo en cuenta su solvencia), las localizaciones permiten evadirse (quién no quiere ver una escena de acción en Venecia) y, si bien los personajes se mueven por un terreno instrumental, la trama y las situaciones tienen ritmo.

De hecho, tiene suficiente ritmo como para no tomarse (y no tener que tomársela) demasiado en serio y, para colmo, cuenta con Isabella Rossellini en un rol secundario, quien ya fue sinónimo de belleza femenina en el audiovisual con Terciopelo azul o su salida de piscina en La muerte os sienta tan bien. Y, en el centro, metáforas y diálogos sobre la belleza, la presión social y cómo la belleza es una herramienta para escalar en lo social, con ejercicios atrevidos cómo centrarse en la transformación de una persona trans.
Tiene cierta hipocresía oír este discurso de la belleza de la boca de Ryan Murphy, que en septiembre convirtió al psicópata Ed Gein en un sex-symbol y en otoño casi aplaudía con las orejas la presión estética de las mujeres en Todas las de la ley (a partir de los pinchazos de Kim Kardashian). Pero esta también es una de las características del audiovisual de Ryan Murphy: las dificultades que tienen sus obras para ser coherentes con las tesis que manejan.
Pero, en esta nueva era del streaming en la que los guionistas buscan ser solventes y entretenidos en vez de aspirar a cierta contundencia artística, The Beauty mantiene el interés del espectador, consciente que debe ofrecer estímulos: aquí una escena de acción, aquí una de sexo, ahora una crisálida humana, aquí un sardónico chiste de incels, aquí un diálogo obvio sobre la belleza, aquí un vestido bonito y aquí un cadáver descuartizado como una obra de arte. Que los episodios nunca sean demasiado largos, con uno de solo 24 minutos, también ayuda.
Se puede ver aunque, repito, palidece en el plano estético, cárnico, autoral, interpretativo y humorístico en comparación con la tan reciente La sustancia.
