Empieza antes, pero podríamos decir que el guion se define a partir del 26 de abril del año 2000, el día en el que José María Aznar pronunció su segundo discurso de investidura como presidente del gobierno. Dijo lo siguiente: “Este programa –en referencia a sus promesas electorales– acercará todos los territorios de España mediante una red ferroviaria de alta velocidad que, en diez años, situará a todas las capitales de provincias a menos de cuatro horas del centro de la Península”. Ahí nacieron dos cosas, la malla radial con Madrid como núcleo dominador y la pasión por los trenes bala. Lo resumiría bien en el 2020 la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), con un sesudo informe sobre infraestructuras de transporte que arroja datos muy reveladores que ayudan a explicar muchas cosas sobre el estado de la red convencional. Una cifra como aperitivo: entre 1990 y 2018, se invirtieron en todo el Estado 55.888 millones de euros en alta velocidad. En ese mismo periodo se gastaron 3.600 millones en Rodalies y Cercanías de toda España.
La comparativa se entiende mejor si se observa el número de viajeros. En el 2018, por seguir con los números que aporta el estudio, cogían la alta velocidad 30 millones de personas al año, por 562 millones de usuarios de los trenes de toda la vida. Un cifra, esta última, que doblaba los registros de 1992. Solo en el 2012 ya se desembolsaron 5.329 millones, 1.700 millones más que lo recibido en 30 años por los convoyes de Renfe que se encargan de cubrir la proximidad. Resumidamente, se podría decir que el 90% de los viajeros del transporte ferrocarril estatal recibieron en esos 30 años 15 veces menos inversión que el 5% que fueron en AVE.
Por territorios, de esos 3.600 millones, la mitad, 1.800, se fueron a las Cercanías de Madrid, mientras que en Barcelona recalaron 619 millones y Cádiz, medalla de bronce, cosechó otros 603 millones. Quizás haya quien piense que el retorno social y económico de la alta velocidad compensa la diferencia inversora. Pues no. El informe de la Airef indica que el análisis coste beneficio de los cuatro corredores consigue una nota de suspenso. Y a pesar de que España es el país con más kilómetros de alta velocidad por habitante, también es de los que menos gente lleva. En Francia, con menos longitud cargan cuatro veces más pasajeros. El sueño de Aznar, en saco roto.

