Televisión

Fernando Andina: “Subirse a una serie como 'Sueños de libertad' es un regalo, pero también una responsabilidad enorme”

Entrevista

El actor es uno de los fichajes de la serie diaria de Antena 3 que celebra su segundo aniversario como líder de audiencia de las sobremesas

Fernando Andina, durante la celebración del segundo aniversario de la ficción diaria 

Fernando Andina, durante la celebración del segundo aniversario de la ficción diaria 

ATRESMEDIA

Se dio a conocer a principios de los 2000 como uno de los rostros más populares de la mítica serie juvenil Al salir de clase, y desde entonces no ha dejado de encadenar proyectos en televisión, cine y teatro. Fernando Andina (Madrid, 1976) se ha incorporado hace poco a la serie diaria Sueños de libertad de Antena 3, la serie líder de las sobremesas, que ha celebrado esta semana su segundo aniversario en plena forma.

El actor, feliz de volver a trabajar con la productora Diagonal TV después de Amar es para siempre, da vida a Pablo Salazar, un empresario frío, práctico y con cabeza para los negocios que llega a la colonia tras adquirir unas acciones con la intención de seguir haciendo dinero y mantenerse al margen de las luchas de poder. Sin embargo, bajo esa aparente neutralidad se esconde un hombre marcado por una infidelidad que intenta dejar atrás y por una verdad dolorosa relacionada con la muerte de un amigo que removerá todos sus cimientos.

Se ha incorporados a un tren que ya está en plena marcha y además con gran éxito de audiencia. ¿Qué es lo mejor de sumarse a un proyecto de estas características?

Sobre todo tiene cosas buenas. Te sumas a un proyecto que ya cuenta con el beneplácito del público y con el apoyo de la audiencia. Es una serie que lleva dos años en emisión, más de 500 capítulos, y que no solo ha funcionado desde el principio, sino que además está creciendo en audiencia. Eso da mucha tranquilidad. Cuando firmas por un año, tiene que darse muy mal la cosa para que de repente todo se descarrile. Es un proyecto sólido, probado y respaldado. Eso, sinceramente, da paz.

¿Y lo peor?

Y lo “peor”, aunque tampoco lo llamaría peor, es la responsabilidad. Siempre es una responsabilidad entrar en cualquier proyecto, pero cuando además es uno que tiene tanto éxito y que funciona tan bien, inevitablemente piensas —aunque sea de forma inconsciente— que tienes que estar a la altura. El equipo se lo ha currado muchísimo y han triunfado como la Coca-Cola, pero tú llegas ahora. Entonces sientes esa presión de hacerlo bien, de no desentonar, de aportar. 

Fernando Andina, en una imagen de la serie
Fernando Andina, en una imagen de la serieATRESMEDIA

Hablemos de su personaje, Pablo Salazar. ¿Qué puede esperar el espectador de él?

Es un empresario, pero a diferencia de otros personajes que he interpretado a lo largo de mi carrera —hombres con dinero, con poder, con empresas, algo que por mi físico me han ofrecido bastante—, él es un hombre hecho a sí mismo. Era mozo de cuadras y allí conoció a la que hoy es su mujer. Ella pertenece a una familia de clase alta que no aprueba la relación. De hecho, ella se enfrenta a su familia y renuncia a ese entorno por estar con Pablo. No es tanto una cuestión de “buena familia”, porque todas lo son, sino de clase social. Él es un hombre brillante, muy inteligente, extraordinariamente bueno en su trabajo. Me gusta mucho interpretar a un hombre tan inteligente, desde luego mucho más que yo (risas). 

Es alguien con valores muy marcados: le gusta que las cosas estén bien hechas, cree en la palabra dada, en la lealtad. Pero, como me explicó Joan Noguera, el director y productor, la intención es mostrar a un hombre eminentemente bueno que se equivoca. Y ya se ha visto en emisión que se ha equivocado un par de veces. Eso me parece muy interesante, porque todos tenemos dobleces y matices, y Pablo también los tiene. No es perfecto. Y además sufre por no serlo. No es de los que dicen “bueno, me equivoqué y ya está”. A él le perturba no alcanzar ese ideal de perfección que se exige.

¿En qué se parece Fernando a Pablo y en qué sois radicalmente distintos?

Somos muy familiares los dos. Tanto yo como persona como Pablo como personaje tenemos muy claro que nuestra prioridad es la gente que queremos. Somos leales. Pablo no siempre es fiel, pero sí es leal. Y los dos somos bastante perfeccionistas. Nos gusta que las cosas estén bien hechas, especialmente en el trabajo. En lo que somos más antagónicos es, por ejemplo, en la religión. Pablo es muy religioso y muy pasional y yo no lo soy tanto. También en la forma de vestir somos bastante distintos. Ahí no nos parecemos nada (risas). Pero esas diferencias son interesantes, porque te obligan a salir de ti.

Usted tiene ya una larga trayectoria profesional. ¿Se siente más cómodo interpretando personajes con los que empatiza o aquellos que no tienen nada que ver con usted? 

Siempre es más fácil hacer algo que está más cerca de ti. Eso es indiscutible. Pero es mucho más retador hacer algo que te incomoda o que no tiene nada que ver contigo. Yo he interpretado, por ejemplo, a un maltratador, a un tipo que viola a su mujer. Eso es un reto enorme, porque tienes que asomarte a lo peor del ser humano. Tienes que buscar dentro de ti algo muy oscuro para poder defender esas atrocidades humanas desde la verdad del personaje. Es complicado y exigente. Como estamos en esta profesión para hacer personajes distintos y asumir retos, me inclino más por eso, por lo que me coloca en un lugar incómodo. 

Por ejemplo, ahora estoy haciendo una función de teatro que se llama Cádiz, que es una comedia disparatada. Yo no vivo en una comedia disparatada, no tiene nada que ver con mi vida ni con los personajes que suelo interpretar. Y aunque pueda parecer una cosa ligera, el proceso de ensayos fue realmente difícil precisamente por eso. Cuando finalmente ves que el resultado funciona, la satisfacción es muy grande.

Ha trabajado en cine, teatro y televisión. Se dio a conocer con Al salir de clase, estuvo en Amar es para siempre y ahora vuelve a una ficción diaria. Antes, éste género parecían el último escalón de la profesión ¿Ha cambiado esta percepción?

Sin duda. Y el mejor ejemplo lo tenemos en la propia Sueños de libertad. Cuando yo empecé a estudiar Arte Dramático, en el año 96, la gran estrella masculina del cine español era Nancho Novo. Era el referente, hacía las películas más potentes de aquel momento. Y ahora es protagonista en una serie diaria. También está Ana Fernández, que fue una actriz muy potente en su momento, con grandes trabajos en cine, y hoy es protagonista de Sueños de libertad. Eso ya dice mucho. 

Cuando yo empezaba, las series diarias se veían un poco como el hermano pequeño del cine o del prime time. Ahora coges un fotograma de una serie como Sueños de libertad y lo pones al lado de uno de una serie semanal de prime time, y por la luz, los decorados o el vestuario, no sabes cuál es cuál si no conoces la procedencia. Estamos hablando de 50 minutos diarios durante todo el año, con tres unidades grabando al mismo tiempo y cientos de profesionales trabajando. El nivel es altísimo en todos los departamentos: interpretación, dirección, arte, vestuario, fotografía… Es una barbaridad lo que se está haciendo en este país a nivel de ficción. Ya nadie mira a las series diarias como el hermano pequeño de nada.

Se graduó en Periodismo por la UAB. Trabaja como redactor en Guyana Guardian desde 1987. En el presente desarrolla su labor en los apartados de Series, Televisión y Gente.