El apego inseguro se puede superar siempre

Claves del día

Alberto Aymar, psicólogo, describe los estilos de apego y proporciona herramientas para cambiar patrones emocionales adquiridos en la infancia y construir relaciones adultas saludables

“El apego inseguro no es una condena de por vida”
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Alberto Aymar, psicólogo, describe los estilos de apego y proporciona herramientas para cambiar patrones emocionales adquiridos en la infancia y construir relaciones adultas saludables

La teoría del apego, creada por el psicoanalista John Bowlby y desarrollada por la psicóloga Mary Ainsworth, describe cómo adquirimos patrones emocionales de relación desde la infancia, según señala el psicólogo Alberto Aymar en Claves del día. “Hablamos de patrones relativamente estables que usamos para amar, confiar y buscar seguridad en la cercanía emocional”, afirma, enfatizando que surgen de dos preguntas fundamentales: “¿Soy digno de ser querido?” Y “¿Puedo confiar en los demás?”. Estos estilos no son etiquetas fijas ni clasificaciones definitivas, sino expectativas generales que influyen en nuestros vínculos con las personas más significativas de nuestra vida.

Aymar define el apego seguro como el más común y saludable, característico de quienes se sienten a gusto con la cercanía emocional. “Pueden confiar, expresar necesidades y resolver conflictos sin que la relación peligrue”, explica, gracias a una base interna de estabilidad que responde con un claro “sí” a ambas preguntas fundamentales. Estas personas manejan la incomodidad sin exageraciones, aunque no están libres de inseguridades esporádicas, lo que les permite sostener vínculos equilibrados y resistentes frente a las fluctuaciones diarias.

Estilos de apego

La ansiedad suele surgir de cuidados inconsistentes en la infancia, cuando los padres a veces atendían y otras veces no lo hacían

En contraste, el apego ansioso suele nacer de cuidados erráticos en la infancia, donde los padres respondían de forma intermitente y a veces omitían su apoyo. Esto provoca una gran sensibilidad al rechazo y un miedo intenso al abandono, según explica el especialista. “Quiero confiar, pero me da miedo que me abandonen; dudo de mi valor y siento que debo ganarme el amor”, resume Aymar, señalando que estas personas intensifican sus emociones para buscar atención y seguridad, interpretando cualquier distancia como una amenaza existencial al vínculo.

El apego evitativo se manifiesta como su contraparte, valorando la autonomía frente a cuidados poco cálidos o emocionalmente distantes durante la infancia. “Sí, soy digno de ser querido, pero será mejor no necesitar a nadie”, explica el psicólogo, señalando que estas personas sí experimentan necesidades emocionales, aunque las reducen para evitar el sufrimiento de ser ignoradas o menospreciadas. Se sienten incómodas ante la proximidad excesiva, viéndola como una amenaza a su independencia, lo que frecuentemente las conduce a vínculos más alejados o superficiales.

Tipos de apego

El evitativo se posiciona en el extremo contrario, valorando la autonomía frente a cuidados helados o distantes durante la infancia

En cuanto al apego desorganizado, el más complejo y doloroso, vinculado a entornos caóticos o traumas tempranos, conviven una intensa necesidad de cercanía y un miedo paralizante hacia el vínculo, generando contradicciones constantes. “Quiero confiar, pero los demás me dan miedo y siento que algo está mal en mí”, explica, observando que estas personas alternan entre estrategias ansiosas y evitativas sin alcanzar coherencia, lo que produce relaciones inestables y emocionalmente agotadoras.

El psicólogo subraya que estos patrones no son inmutables ni definitivos, sino fluidos y susceptibles de transformación a lo largo de la vida. Reconocerlos facilita desafiar reacciones automáticas arraigadas en experiencias de la infancia, abriendo la vía a un cambio intencional a través del autoconocimiento y la práctica relacional.

Aymar envía un mensaje optimista sobre las relaciones con apego inseguro: “No están condenadas al fracaso; son dinámicas y modificables”. Las parejas estables con disponibilidad emocional, complementadas con terapia, facilitan la curación de heridas del pasado y el aprendizaje de nuevas maneras de autorregularse. “Acumulando experiencias seguras y trabajo personal, esa seguridad se consolida también como adulto”, afirma, alentando a la constancia para construir vínculos más sanos y auténticos.

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