Jesús Vázquez, presentador de televisión, 60 años: “He tenido mis etapas bastante locas, he sido muy travieso, pero estoy en otra pantalla”
Vips Séniors
Luego de pasar varios años en Mediaset, el célebre comunicador gallego admite que el comienzo de su ciclo presente en la cadena estatal, al frente del Benidorm Fest, le ha representado “un chute de energía”
No pretende otorgar “la matraca con la política”, aunque considera fundamental “poner el pie en pared”, ya que existe “personas que están intentando quitarnos los derechos conquistados”.

Jesús Vázquez lleva 36 años delante de las pantallas, 24 de ellos en Mediaset
Superó la crisis de los cuarenta, la de los cincuenta. Y ahora admite: “Los sesenta pesan”. No solo no lo esconde, sino que lo dice con total naturalidad, como siempre ha hecho... Y sigue haciendo, incluso cuando recuerda que creció “aterrorizado, escondido y con la autoestima por los suelos, pensando que era un depravado, un monstruo, un degenerado… como se asociaba en nuestra época a la homosexualidad”. O cuando afirma que “salí del armario casi sin querer”. O que tuvo que vivir “una posición contraria muy beligerante” el matrimonio igualitario (se casó el mismo año de su aprobación).
Asimismo cuando ha tomado partido en temas políticos y sociales. Sin reservas y “sin agitar la bandera”. Y es que, por encima de figurar habitualmente en los listados de los más atractivos del país, el triunfo de este conductor de televisión ha residido realmente en su naturalidad. Hasta el punto de que comenta con total libertad sus “lorzas” (que, por cierto, solo percibe él) como si no le causaran inquietud.
Tras 36 años frente a las pantallas (24 de ellos en Mediaset), Jesús Vázquez (Ferrol, 1965) vuelve a transformarse... Por enésima ocasión. Ahora, en la televisión pública, presenta nada menos que el Benidorm Fest, “un chute de energía que me ha devuelto un poco la vida”, asegura.
Javier Ambrosi mencionaba hace poco que usted es un referente gay. ¿Qué se le pasa por la mente al oír declaraciones de ese tipo?
Me invade una alegría inmensa. Al dar el paso de salir del armario en el año 2000, de forma casi accidental, los modelos públicos eran escasos, y me llegaron multitud de comunicaciones de individuos desconocidos mostrándose agradecidos puesto que les sirvió de impulso para confesarlo ante sus familias. Tal gesto me impactó profundamente y, aunque no pretenda liderar la causa de forma permanente, cada vez que me señalan como un modelo me invade un orgullo sincero por haber tomado aquella decisión.
Verse obligado a “vivir en los márgenes” y después “salir del armario”, ¿determina la manera de afrontar la realidad?
Salir del armario me dio una sensación de libertad, por eso animo a todos a hacerlo. Sé que no todos los contextos son tan abiertos, y la televisión es un espacio bastante aceptante con la homosexualidad. Aceptante es un término que no me convence, porque no quiero que me toleren, sino que se respeten plenamente nuestros derechos. Y si a algunos no les agrada, pues lo lamento. La visibilidad es el camino más efectivo hacia la normalización. Por desgracia, ahora vuelve a ser necesario reivindicarse… porque hay quienes intentan arrebatarnos los derechos logrados y se empeñan en que no seamos todos iguales. ¡Qué cansados!
Residíamos alegremente en una suerte de burbuja, rodeados de unicornios, bajo la idea de que todos éramos equivalentes, pero ahora aparecen individuos para señalarnos que nuestras prerrogativas no son iguales.
Además de hacerlo visible y salir del armario, ¿qué más podemos hacer como sociedad para recuperar la tolerancia que se va perdiendo?
No queda más remedio que plantarse con decisión y, si es preciso, salir a protestar, tal como ya hicimos algunos tiempo atrás. Es necesario blindar el ordenamiento jurídico y legal para impedir que los logros alcanzados se pierdan. Me preocupa que, para salvaguardar esas garantías, debamos salir de nuestro adormecimiento. Habitábamos con alegría una especie de fantasía, imaginando que la equidad era plena, y ahora aparecen individuos para recordarnos que nuestras libertades no son iguales. Esto me causa una gran aflicción y recelo. Quisiera que en el futuro alguien se presentara y me diera una justificación.
En cualquier caso, resulta indudable que la juventud actual experimenta su sexualidad de una manera bastante más libre.
Afortunadamente, sí. Vivimos un momento particularmente difícil, incluso dramático, que puede desviarse en una dirección o en otra. Pero es cierto que somos mejores de lo que algunos desearían: la sociedad es bastante tolerante y los jóvenes se desplazan por las grandes ciudades con más libertad de la que yo tuve jamás.
¿Y le hubiera gustado haber descubierto tu sexualidad ahora?
Habría preferido nacer algo más tarde para disfrutar de las libertades ya obtenidas. Es fundamental que la juventud no ignore que esto requirió una gran batalla. El poder usar maquillaje, calzar tacones o llevar bolso supuso un esfuerzo inmenso, pero no deben asumir que la labor terminó, pues se nota una regresión: crecen las amenazas, los agravios y, puntualmente, la violencia. Y no ocurre solo con chicos gays, sino también con jóvenes marroquíes, muchachos subsaharianos o mujeres que transitan solas. Por ello, mucha precaución.
¿Qué supone para su carrera presentar el Benidorm Fest?
Te explico mejor qué significa para mí incorporarme a Televisión Española. Llevo treinta y seis años en la profesión, he pasado por prácticamente todas las cadenas, pero me faltaba la televisión pública. Nadie nunca me había llamado de Televisión Española. Pero de pronto me encontré disponible, algo que anhelaba, y ya estoy en la televisión pública. Una entidad pública funciona de otro modo, y estoy percibiendo las diferencias. Y la verdad es que lo estoy disfrutando muchísimo. He aterrizado en el Benidorm Fest con una ilusión enorme, y ojalá sea solo el comienzo de una larga etapa de proyectos. Además, en este momento la tele pública rebosa ideas, y siento que he llegado justo en el momento oportuno.

Al observar el revuelo que experimentan diversos comunicadores por su desempeño en la televisión pública, ¿no le preocupa que esto le perjudique o acabe en su cancelación?
Nunca he escondido mis pensamientos y, en general, siempre he tenido buena relación con todos, y siento mucho afecto. Cada quien tiene libertad para pensar lo que le dé la gana, eso está claro, pero tampoco estoy metido de lleno en la política. Yo hago entretenimiento: busco que la gente se divierta, ría, se emocione. O bien presento concursos en los que me identifico con el público. Esa es la televisión que me gusta, que he hecho y que seguiré haciendo.
¿Por qué cree que cae tan bien?
Así es mi forma de ser. Puedo realizar entrevistas, pero procuro siempre empatizar con el otro, logrando que los invitados se sientan a gusto conmigo, ya que, de entrada, no soy periodista, por lo que no pretendo ser un comunicador astuto que busca hurgar en la herida. Para esa labor ya existen expertos magníficos que dirigen espacios de debate o de actualidad política. Mi trabajo pertenece a otro sector de la televisión. Y cuando me toca interrogar a las personas, siempre intento encontrar el enfoque más comprensivo, pues todos poseemos una parte positiva.
Tengo treinta y seis años de trayectoria, he pasado por casi todas las cadenas, pero la televisión pública me faltaba; lo estoy disfrutando muchísimo
Leí un titular de hace ya unos años que decía: “La enésima reinvención de Jesús Vázquez”. ¿Qué reinvención es esta, entonces?
Ya no llevo el registro. Recientemente atravesé un periodo de varios meses en el que sopesé la idea de retirarme para centrarme en vivir. Finalmente apareció la propuesta televisiva y comprendí que esa inquietud todavía estaba presente. He producido bastantes espacios musicales, sin embargo, un festival es algo aparte, cuenta con un carácter y una metodología de trabajo muy dispar a la de un certamen de talento como La Voz.
Jesús, sé que no va a hablar mal de tu salida de Mediaset, pero…
Cierto, me inclino por no hablar demasiado. Ya me he extendido bastante y… bueno, mejor concluye la consulta, que me acelero como una ametralladora.
Ciertos conductores, como David Cantero o Ribagorda, han tenido que despedirse de la televisión a causa de sus años. Por otro lado, Ramón García manifestaba su queja sobre cómo en Estados Unidos se rinde homenaje a los veteranos, a diferencia de lo que pasa en España. ¿Ha sentido usted este edadismo de algún modo?
No suelo expresarme mal de nadie, y me es complicado hacerlo sobre Mediaset, si bien nuestro cierre fue algo atropellado y no como me habría gustado tras tantos años. Se asemeja a un matrimonio: al llegar la ruptura, afloran cuestiones que uno preferiría evitar. Resulta innegable que gran parte de mi recorrido profesional transcurrió en Mediaset y que me otorgaron los mejores formatos que he conducido. Ojalá hubiéramos finalizado en mejores condiciones, pero no fue posible y ya está.
¿Pero has notado ese edadismo de alguna forma?
No, no he tenido ocasión de verlo. Sospecho que los años no tienen nada que ver. Desconozco las causas, ya que no gestiono el canal ni formo parte de su directiva o consejo. Al observar identidades como David Cantero, Javier Ruiz, Jesús Cintora, Marta Flich…. Existen diversos rostros de Mediaset que partieron sin ser veteranos. Sería necesario indagar en sus salidas, aunque lo ignoro y tampoco me interesa descubrirlo. Conozco mis propios motivos para marcharme, pero opto por reservarlos y mantener un afectuoso recuerdo de Mediaset, esperando que ese sentimiento sea recíproco.
Admitía en una charla que pasó por unos cuarenta muy duros y unos cincuenta complejos. ¿De qué forma encara ahora los 60?
Es necesario superar etapas críticas, y para mí la más compleja ha sido la de los sesenta. Al cumplir los cuarenta, reflexionaba: “Si estoy igual que a los treinta y nueve, no es para tanto”. A los cincuenta el cambio es evidente: se requiere más actividad física porque aparecen los michelines, el cansancio aumenta, surgen canas… y compras un producto capilar para suavizarlas. El bache de los sesenta es diferente. No me agrada emplear el término bajón, pero he notado una disminución de fuerzas, una pérdida de tono muscular, e incluso a veces de agilidad mental o memoria. Me encuentro bien, sigo con mi trabajo, pero los sesenta se notan. No obstante, la incorporación para el Benidorm Fest ha supuesto una inyección de energía que me ha devuelto las ganas. Aun así, es la primera ocasión en que no festejo mi cumpleaños... Porque no me apetecía.
La llegada a los sesenta se nota, representa la vez primera que omito el festejo de mi natalicio, dado que no me apetecía.
Le han consultado muchísimas veces cuál es su fórmula para mantenerse siempre en tan buen estado. ¿Y para seguir así hoy?
Se basa en unir el entrenamiento con la dieta, priorizando el bienestar personal cada jornada. Por mencionar un ejemplo, hace tiempo que abandoné el consumo de alcohol, y estimo que será para siempre. Desde ese instante percibo que bastantes personas cercanas toman la misma decisión. Dichas bebidas son muy perjudiciales, sobre todo al cumplir años: solo disponemos de un hígado y resulta esencial protegerlo. Mi deseo ahora es que goce de una etapa vital serena y equilibrada, dándole nutrientes adecuados para que no trabaje en exceso. Igualmente, potencio el cardio, pues me hace falta quemar más energía para que no se acumule grasa, y bajo la intensidad en fuerza, ya que no se pueden mover noventa kilos sin riesgo de padecer un daño severo.
¿Intentas mantener el ritmo de vida de antes?
No. Mis juergas nocturnas finalizaron hace mucho. Solía permanecer en locales de baile hasta las seis de la madrugada, mas ya no me atrae. No es que me haya convertido en un solitario, disfruté de una juventud y madurez muy agitadas. Fui muy inquieto cuando tocaba serlo. No obstante, ahora estoy en otro nivel: no tengo ganas de salir tanto ni de castigar mi organismo. Acepto cenar en casa de amistades o quedar para un café, pero lo de “vamos a una discoteca a las dos de la mañana” me hace exclamar: ¡Uf!

¿Y cómo enfoca ahora su rutina?
Un amigo afirma que hay dos clases de personas: si eres nocturno, eres búho, y si eres diurno, eres alondra. Durante muchos años fui búho, pero ahora disfruto mucho ser alondra. Me levanto entre las seis y las siete, tomo un café y lo primero que hago cada día es entrenar. Incluso los sábados o domingos. Levantarme temprano, cuando la ciudad aún está en silencio, y hacer cosas… es un verdadero placer.
¿Se permite algún capricho?
Hombre, sí, me permito muchos caprichos, sobre todo en la cocina. Todos los días comemos muy sano, pero los fines de semana me dejo llevar por lo que me da la gana. Roberto y yo los llamamos friting day, friting, de frito. Si me apetece, me como una tortilla de patata con buen pan, unas lentejas, un cocido… Y luego, la cocinera que tiene casa prepara ropa vieja con lo que sobra del cocido. Una locura calórica con chorizo, carne, verdura, garbanzos. Pero el gran capricho que tengo, más bien un hobby o una obsesión, es recorrer el mundo. También a los sesenta: dije, “Coño, no nos queda tanto tiempo”. En cuanto acabe el Benidorm Fest, nos vamos un mes de viaje. No tengo hijos ni ancianos a cargo, y quiero empezar a usar el dinero. El otro día decía un economista: si te mueres con mucho dinero, es que no has vivido bien tu vida.
Apenas finalice el Benidorm Fest, nos iremos de viaje durante un mes; no tengo descendencia ni adultos mayores bajo mi responsabilidad, y busco comenzar a desembolsar mi capital.
¿Es nostálgico?
No mucho, la verdad. A veces dices: “Ay, qué bien lo pasamos en aquella época”. Pero trato de centrarme más en el presente y en lo que viene, porque el pasado, por mucho que lo extrañemos, no regresará. Hay una canción hermosa de Chavela Vargas que dice: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Queremos volver a los lugares donde fuimos felices, pero al regresar te das cuenta de que ya no es igual. Por eso no me quedo atrapado en el pasado. Y tampoco me obsesiono con el futuro: soy un poco mindfulness y trato de vivir el aquí y ahora.
Pues justo iba a preguntar cómo se ve en el futuro.
No pienso mucho en el futuro, pero soñando un poco… me imagino viajando mucho, tal vez con más calma. Hace poco estuvimos en África, recorriendo el desierto de Namib en un helicóptero sin puertas. No sé cómo no nos matamos. Aún estamos en la etapa aventurera. Quizá dentro de veinte años viajaremos más relajados, en un crucero por el Nilo, observando las pirámides, sentados en un sillón.
¿Y cómo se ve en el futuro en pareja?
Explorar, descubrir, viajar… Y siempre con Roberto. Él lo significa todo para mí, y sospecho que, tras los veintiséis años que hemos compartido, no voy a transformarme ahora. Es mi hogar, mi raíz, y los dos unidos tenemos el globo entero por recorrer.
Jesús, ha sido un gusto. Te deseo los mayores éxitos en el Benidorm Fest y en cada uno de los futuros planes que emprendas.
No demasiados, no aspiro a ser un viejo en la televisión. Deseo ser un anciano desconocido, disfrutando de mi existencia… de paseo, en una travesía por el Nilo.





