* *Draft 2:* Para
Vips Séniors
Es reconocida como la escritora española de ficción romántica con el éxito comercial más elevado, sus títulos han cautivado a más de 10 millones de seguidores en todo el planeta y se han vertido a una gran diversidad de lenguas.
Su reciente publicación, ‘Viajando con Megan Maxwell’, actúa a modo de manual de viajes para sus lectoras, explorando las localizaciones de sus relatos, abarcando desde Santorini hasta Nueva York.

Maxwell es una de las autoras más exitosas de su género.

Lograr posicionarse como una de las autoras españolas con mayor éxito no fue sencillo para Megan Maxwell. “Me rechazaban novelas una y otra vez”, rememora. María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro (Nuremberg, 1965), su identidad real, redactaba para su progenitora, sus amistades… Al recibir ánimos, continuó guardando textos inéditos en sus cajones por un periodo de quince años.
“Cada negativa de las editoriales despertaba a la fiera que hay en mí”, comenta. Su debut triunfal, Pídeme lo que quieras, salió a la luz a sus 45 años. Se había desempeñado como cajera, empleada de reposición, en la limpieza de viviendas y despachos, al cuidado de infantes, en una consultoría legal… “Cuando empecé a tener éxito, mi madre me dijo ‘que no se te olvide de dónde vienes y quién eres, porque como eso pase, te voy a pegar un guantazo’. Y fue lo mejor que me pudo decir”, sostiene.
Haber crecido con una madre soltera en tiempos complicados forjó su temperamento. “Me hizo fuerte y resolutiva”, rememora. Con 60 años cumplidos, experimenta una fase de gran satisfacción personal, siendo la novelista romántica española con más lectores. Su nueva publicación, Viajando con Megan Maxwell, transita como un manual de viajero por los parajes de sus tramas, desde Santorini hasta Nueva York, o aquellos que recorre junto a sus amigas. “Normalmente, vamos a Escocia, aunque el año pasado le fuimos infiel y nos fuimos a Fuerteventura. ¡Qué isla tan bonita!”, relata. Con una sinceridad impactante, admite que de la popularidad le molesta “no poder hacer toples o bailar a lo loco en una boda”. Y sostiene que “me encantaría vivir una historia de amor como las de mis libros”.
¿Cómo recuerda su infancia?
Dichosa, linda, en el entorno de Aluche [Madrid], que en esos días funcionaba como una aldea reducida. Los menores de mi época pasábamos las horas en la vía pública, recurríamos a los residentes próximos, y la cotidianidad se desarrollaba en el vecindario. Me rememoro como una pequeña muy analítica, plenamente consciente de cada detalle que acontecía.
¿Qué soñaba con ser ‘de mayor’?
Danzarina o integrante de la realeza. Disfrutaba mucho las historias de La bella durmiente, anhelando que un caballero ideal me despertara con un beso. El sueño de la danza se concretó; mi progenitora me inscribió en lecciones de ballet a los ocho años y permanecí allí por largo tiempo. Incluso alcancé a participar en agrupaciones de danza folclórica y zarzuela.
¿Por qué no siguió?
Debido a que se alcanza una etapa en la cual se requiere mucha perseverancia y emplear bastantes horas. Teniendo 16 o 17 años, lo que uno busca es pasear con las amistades. Comencé a expresar que no deseaba asistir y mi madre no intentó forzarme, pues siempre buscó que yo gozara con mis actividades.
¿Se ha arrepentido alguna vez?
Innumerables. Todo lo relacionado con la danza me deja fascinada. Habría podido ser docente de ballet, pero me siento satisfecha porque realizo una labor que me apasiona tanto como bailar.
Mi papá pertenecía al ejército de Estados Unidos y lo trasladaron a Vietnam; no tengo noticias sobre su paradero, si perdió la vida o si eligió emprender un nuevo rumbo por su cuenta.
Debutó como escritora con más de cuarenta años. ¿Cómo era su vida antes?
Mis calificaciones no eran buenas, supongo que me afectó nacer de una madre soltera cuando aquello todavía se criticaba. Me mantenía siempre alerta para cuidar que mi madre estuviera bien y que nada la hiriera. Por otro lado, el silencio sobre la figura de mi padre me causaba mucha frustración. De haber ocurrido hoy, me habrían enviado a terapia. Sin embargo, entonces las cosas simplemente se ignoraban. Rebasar aquello me otorgó fortaleza y capacidad de resolución.
¿Nunca recuperó la relación con su padre?
Jamás logré recobrarla puesto que nunca fue mía. Se desempeñaba como soldado estadounidense y lo enviaron a Vietnam. Desconozco su paradero actual, si falleció o si optó por continuar su camino en otra parte. Durante mi infancia imaginaba lo que se sentiría poseer un progenitor que te brindara afecto y abrazos, observando con interés a los padres de mis compañeras. Al pasar los años me volví indiferente y actualmente es un tema cerrado para mí. No tengo interés en localizarlo, elijo no hurgar en asuntos que causarían dolor y permitir que mi madre mantenga la creencia de que su ausencia se debió a algún percance.

¿Cuándo empezó a escribir?
Representaba a la clásica joven de diario, plasmando aquello que callaba. Debido a que no tenía hermanos, solía estar bastante tiempo en soledad. Posteriormente comencé a redactar relatos para mis amistades. Me comentaban, ‘ay, me atrae ese muchacho, ¿podrías crearme un cuento?’ Y les redactaba un par de carillas. Mi madre, quien consume habitualmente narrativa rosa, tuvo un gran impacto en mí. En mi hogar nunca faltaban obras de esa temática. En cierta ocasión me propuse el desafío de redactar un libro extenso, similar a los que ella disfrutaba. De ese modo surgió mi obra inicial.
¿Se imaginaba de escritora?
En absoluto. Una costumbre que mantenía, y que todavía mantengo, es que al sujetar un ejemplar, lo volteo para consultar la trayectoria de quien lo escribe. Y lógicamente, encontraba grados en ciencias políticas, derecho, periodismo y otras áreas. Así que meditaba que mi formación era la de la vida, pues a los 17 años empecé a trabajar por la falta de recursos en mi familia. Al no poseer un título académico, me preguntaba quién querría lanzarme una publicación.
Revisaba las semblanzas de los escritores y encontraba a abogados, reporteros... Yo a mis 17 años me vi forzado a laborar, ¿quién iba a mostrar interés en editar mi obra?
¿Fue difícil abrirse paso?
En gran medida. Por catorce años redacté únicamente para mis parientes. Al remitir mi obra inicial a una casa editora contaba con doce adicionales guardadas. No obstante, mi progenitora y mis allegados me daban ánimos y, con el fin de que cesaran, preparé un ejemplar, pues en aquel tiempo era el procedimiento, y lo despaché. Posteriormente remitía dos o tres cada mes, obteniendo constantemente rechazos.
¿Le daban razones?
En ocasiones mencionaban “me gusta la historia, pero las mujeres que creas tienen demasiado carácter”. Aquello me sacaba de quicio. En mi familia somos mujeres de gran temple porque nos ha tocado buscarnos la vida… En lugar de desmoronarme, eso despertaba a la fiera que llevo dentro. Le dije a mi madre: ‘voy a continuar, mamá. Y el día que me publiquen y posea dinero, te compraré una vivienda con elevador’.
¿Cómo llegó la primera publicación?
Durante un taller de narrativa romántica por internet, el docente revisó mi obra, quedó fascinado y, gracias a su labor editorial, decidió lanzarla. Resultó una experiencia asombrosa, especialmente para mi progenitora, aunque las ventas fueron escasas. Posteriormente trabajé con otras firmas, hasta que alcancé un acuerdo con Planeta. Lanzaron Olvidé olvidarte en formato electrónico a mis 45 años y, tras escasas jornadas, se convirtió en el título líder del sello. Careció de publicidad o eventos, funcionando únicamente mediante recomendaciones personales. Mi página web saltó de 32.000 entradas a superar las 300.000 en apenas veinticuatro horas. Llegué a contactar con el técnico de sistemas al pensar que se trataba de un fallo. No existía tal equivocación [risas]. Actualmente continúa siendo el volumen con mayor éxito comercial de mi carrera.
Usted triunfó a los 45 años…
Efectivamente, ya era una persona formada. Además, cuando el triunfo llegó a mi vida, mi madre me advirtió que no ignorara mis raíces ni mi identidad, ya que si eso sucedía, me daría un bofetón. Y fue lo más acertado que pudo decirme. Poseer un buen anclaje a la realidad es algo primordial. Mi madre, mis tíos, mi hija, mi hijo, ellos representan mi hogar.
Lanzaron ‘Olvidé olvidarte’ en formato digital a mis 45 años y, en cuestión de días, se convirtió en el mayor éxito de ventas de la banda; mi sitio web pasó de registrar 32.000 visitas a superar las 300.000 en una sola jornada.
No se la ve una persona muy cohibida…
[Risas] Hace poco me hallaba con mi hija y una compañera en Decathlon, ya que buscábamos comprar unos sostenes deportivos. Las cabinas de prueba estaban repletas y le comenté a mi amiga: ‘¿nos los probamos justo aquí?’. Nos encontrábamos en eso cuando mi hija me advirtió: ‘Mamá, ten cuidado, que podrían tomarte una foto y difundirla’. Es complicado de expresar… Hace tiempo estuve de veraneo en Menorca y jamás comparto nada en plataformas digitales por seguridad. No obstante, de repente me contactó un desconocido que decía: vas a diario a esa cala con tu pequeña en tal horario, has terminado tal libro, posees X bikinis… Y lógicamente, sientes un escalofrío.
¿Le ha cambiado la vida ser escritora?
Te transforma, aunque no de la forma en que se cree. Tras mi divorcio, comprendí la importancia de la cautela. El sacrificio más difícil ha sido la falta de intimidad. Al ser alguien tan abierta, a veces digo cosas innecesarias. Eso te obliga a actuar con mayor prudencia…
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, ya no bailo en las bodas sin preocupaciones, de esa forma divertida que me caracteriza. O no poder hacer toples en la playa, algo que me fascinaba. Actualmente, medito mucho sobre todas esas cosas. Lo cierto es que no lo hago y me irrita. Al ser una figura pública, hay que tener cautela con lo que se dice y guardarse muchas vivencias para uno mismo, guste o no. No hay alternativa.
¿Qué le ha dado la escritura a nivel emocional?
Una confianza inmensa. Comprobar que realizas una labor correcta y que beneficia a otras personas. Me llegan textos de individuos que han superado un estado depresivo por medio de mis obras. Aquello resulta invaluable.
A menudo se le compara con Corín Tellado…
Siento un gran orgullo, aunque me produce timidez, ella fue una figura inmensa que no siempre obtuvo el aprecio que le correspondía. Existían, y todavía perduran, bastantes estigmas hacia la narrativa romántica. Me topo con autores que se sienten superiores y te tratan con condescendencia. Al comienzo, no es que me irritara, pero sí que me incomodaba. Hoy en día me resulta indiferente. Que comenten lo que les plazca, estoy segura de que, en esencia, a muchos lo que les molesta es el éxito de ventas de mis obras.

¿Cree que se escribe mejor con los años?
Ciertamente, pues comprendes la existencia de una forma superior. Las vivencias y las marcas te permiten observar las cosas desde diversas perspectivas.
¿Cómo lleva haber cumplido 60 años?
Me frustra que mi mentalidad se perciba juvenil, aunque el físico no siempre reacciona igual que a los 40. En ocasiones deseo emprender algo, pero mi organismo me advierte: amiga, que ya tienes 60.
¿Qué hábitos la ayudan a cuidarse?
Acudir al centro deportivo. Siento una desgana absoluta, pero mi hija me fuerza ya que vamos en compañía. Asimismo, caminar con mis perros. En el aspecto mental, observar mi entorno en vez de centrarme solo en mí. No es por indiscreción, me resulta útil ver vivencias que preferiría evitar. Además de ver bastantes películas de humor y amor, leer libros románticos y tratar de gozar. Todo aquello me mantiene tal como me percibes en este instante, alegre y satisfecha.
Existían, y todavía perduran, bastantes estigmas hacia la novela romántica; suelo toparme con autores que se sienten superiores y te observan con desprecio.
¿Ha tenido algún momento de bajón importante?
Atravesar una separación matrimonial es duro, ya que supone alterar tu rutina habitual. No obstante, cuentas con dos alternativas: permanecer atrapada en lo vivido o continuar progresando. Yo soy de las que piensa que la existencia está para disfrutarla y mirar siempre al frente. De las equivocaciones se extraen lecciones para evitar reincidir en ellas. ¿Que existen personas que vuelven a fallar en lo mismo? Es cierto. Pero ese no es mi camino.
¿Tiene algún truco de belleza o cuidados?
No acostumbro a observarme demasiado frente al cristal. De entrada, desempeño mi labor profesional desde el hogar. En este instante converso contigo [la entrevista es telefónica], vistiendo ropa de dormir. Al salir a la calle, una prefiere lucir bien y procura acicalarse ligeramente. No obstante, mi principal secreto estético consiste en contemplar mi reflejo y asegurarme que luzco fenomenal. Yo misma me dedico todos los cumplidos [risas].
¿La transformó la maternidad?
Bastante. Noté que comenzaba a amar a otros pequeños seres por encima de mi propia persona y que se trataba de un afecto que no había experimentado, sin condiciones. Mi hija y mi hijo siempre podrán contar conmigo.
¿Qué lecciones de vida destacaría?
Mi meta primordial radica en esforzarme por ser buena hija y buena madre. Del mismo modo, deseo ser una buena escritora. La existencia me ha mostrado que las personas logran ser muy afectuosas, aunque también sumamente severas. Nadie te instruye sobre cómo manejar, ni se está habituado, a recibir ataques públicos meramente porque no agrada tu forma de redactar, o debido a que les has resultado una estúpida…
Mi secreto principal de estética consiste en observarme frente al cristal y repetirme que luzco fenomenal, yo misma me encargo de decírmelo todo.
¿Duele?
Por supuesto que lastima. Las personas disfrutan juzgar, especialmente en plataformas digitales, ocultándose en perfiles desconocidos. Sea como sea, prefiero centrarme en quienes me dedican palabras amables.
¿Cambia la forma de amar según se cumplen años?
Ciertamente, el camino vital te instruye en el amor propio y en notar que, al apreciarte, los demás te brindarán un cariño más sano y pleno. No me encuentro en una relación, pero me agrada soñar despierta con el afecto y siempre lidero mis propias narraciones. Me fascinaría tener una vivencia parecida a las que describen mis obras literarias.
Quizá por eso sus novelas son tan reales…
No estoy seguro, intento idear personajes que aporten. Entre los hombres de generaciones previas hay variedad, pero bastantes se han quedado algo anticuados. Les resulta más difícil. Como señala mi hija, tendrían que desaprender para aprender otra vez. Cada cual debe decidir por su cuenta, pero quien transforma lo que no le sirve es quien alcanza un final dichoso.
¿Ha cambiado el amor?
La manera en que lo gestionamos es lo que se ha transformado. Actualmente, la idea de la perpetuidad resulta más compleja. Es factible enamorarse en cualquier momento vital porque la edad no es más que una cifra, siempre que se mantenga la apertura emocional. En estos instantes redacto un relato sobre una mujer que se enamora de un varón de menos años. Me molesta que, históricamente, se considere natural en hombres maduros, pero que a nosotras a los 50 o 60 años se nos limite. Pretendo terminar con ese sentimiento de culpa. Te aseguro que en mi libro el amor saldrá victorioso.
¿Qué es lo más importante para usted ahora?
Mantener mi propia esencia. Crear relatos que despierten emociones, ilusiones y alegrías. Ese ha sido mi anhelo de toda la vida.








