Adela Muñoz Páez, catedrática de Química: “Con una dieta variada, en la menopausia no hace falta tomar suplementos nutricionales”
Longevity
Muñoz Páez publica ‘Posmenopausia’, un libro escrito a partir de testimonios reales de mujeres que han dejado atrás la menstruación y se enfrentan a un cambio integral en el organismo que afecta a los valores bioquímicos, la mente, los huesos y la sexualidad

Adela Muñoz Páez es catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla.

Mil millones de mujeres en el mundo —y 10 millones en España— han pasado la frontera de la menopausia. Muchas ocupan puestos de responsabilidad en grandes compañías, otras son reconocidas profesionales y la mayoría son mujeres anónimas que han entrado en esta nueva etapa de su vida con más o menos buen pie.
Adela Muñoz (Jaén, 1958) es catedrática de Química de la Universidad de Sevilla, ha participado en experimentos internacionales e investigado en diferentes países. Aun así, algunas cosas que le sucedieron después de la menopausia la cogieron por sorpresa. “El aumento de la tensión arterial y del colesterol, o la atrofia vaginal, eran síntomas que me desconcertaban, pero pensaba que eran cosas mías”, admite.
Buscando respuestas para los síntomas que experimentaba, lo que encontró fue, precisamente, “falta de información y, al tiempo, una sobreinformación acerca de remedios milagrosos con intereses económicos detrás”. Decidió recopilar y compartir su experiencia y la de otras amigas y compañeras en un libro, Postmenopausia (Destino), dirigido a las mujeres que aún no han entrado en la menopausia, “para que se vayan preparando”, pero también para las que ya han superado esa etapa.
Ahora se declara una “menopáusica feliz” y ha hecho del ejercicio físico su mejor escudo protector frente a los efectos indeseados de la postmenopausia. Su consejo es: “Muévete, come con la cabeza y si tienes problemas, consulta con un profesional sanitario y no con una web”
Después de escribir sobre química en diferentes formatos y con distintos enfoques, se anima a hacerlo sobre posmenopausia. ¿Qué le impulsó a abordar este tema?
Por lo que yo estaba viviendo, me planteaba muchas cuestiones relacionadas con la menopausia, y comencé a buscar información. Lo que encontré fue, precisamente, la falta de información y, al tiempo, una sobreinformación acerca de remedios milagrosos con intereses económicos detrás. Empecé a documentarme y comentarlo con amigas y vi que lo que yo estaba encontrando podría ser útil para otras compañeras de mi edad o mayores, pero también a mujeres de las edades de mis hijos para ayudarles a prepararse para la transición menopáusica. Se lo planteé a mi editorial y aceptó la propuesta. He visto que hay mucho interés por el tema, porque hay muchísimas mujeres con mucha visibilidad que o están en la transición menopáusica o ya la han pasado. Es un asunto que está sobre la mesa. Creo que ya se ha superado la época de los chistes fáciles sobre los sofocos y la vergüenza que tiene quien lo sufre, pero aún quedan otros aspectos de los que hay que hablar.
¿Cómo cuáles?
Hay muchos otros síntomas de los que no se ha hablado tanto y que pueden llegar a ser preocupantes, como la niebla mental. Cuando hablo sobre esto con mis amigas, algunas confiesan que estaban angustiadas pensando que sus síntomas eran los prolegómenos de un alzhéimer, particularmente en el caso de que tengan familiares cercanos afectados por esta enfermedad. La niebla mental es algo real, y no la sufren todas las mujeres, pero quien la experimenta se angustia mucho. No es algo preocupante porque es pasajero. Yo, personalmente, no la he tenido, pero según he leído, es más la gravedad con la que se percibe que la que tiene realmente.
La niebla mental [en la menopausia] es algo real, y no la sufren todas las mujeres, pero quien la experimenta se angustia mucho
Su libro aborda y resuelve muchas de las cuestiones que pueden surgir durante y después de la menopausia, una etapa de la que hasta hace relativamente pocos años se hablaba muy poco. Ahora la cosa es muy diferente. Ha habido un cambio brutal.
Las mujeres de la generación boomer empezamos a hablar de esto, pero creo que las que están ahora en el tránsito menopáusico, que rondan los 50 años, son las que le están poniendo cara. En un reportaje potentísimo en el diario El País, Mamen Mendizábal, Aitana Sánchez Gijón, Silvia Abril y Elena Anaya, entre otras, ponían cara a mujeres que en la cincuentena están llenas de poder, de atractivo; que se encuentran en su mejor época mental, profesional y física.
Y esto también es un reclamo para intereses, claro.
Hay muchísimos intereses comerciales. Se habla de que hay problemas asociados, de las alteraciones hormonales y de que existe algo que te venden y que muchísimas veces funciona (incluido el placebo), porque muchos de los síntomas no son graves. Uno de los primeros libros que yo leí sobre menopausia fue el de la actriz Naomi Watts, que está magníficamente escrito y muy bien documentado, y en el que mezcla sus vivencias personales con asesoramiento médico y profesional. Pero el libro va asociado a una web que se llama Scribd y en la que se venden todas las cosas que pueden necesitar las mujeres menopáusicas. Y hay muchas más webs similares. Es decir, los intereses comerciales están ahí.
Y luego está la otra cara de la moneda, la que usted recomienda y que es un remedio barato: hacer ejercicio.
Sí; supervisado si es muy intenso, pero también andar. Hay muchas formas de hacer ejercicio. También es importante controlar lo que comes, y con una alimentación variada no hace falta tomar suplementos nutricionales, porque parece que si no tomamos estos suplementos nos está faltando algo. Y cuando se tome alguno, ha de ser bajo supervisión médica, porque puede haber interacciones con otros medicamentos, incluso con los suplementos naturales. El mensaje es: muévete, come con la cabeza y, si tienes problemas, consulta con un profesional sanitario y no con una web.
Si antes era difícil resistirse a consultar con el doctor Google, ahora es casi imposible no recurrir a la doctora IA.
Totalmente de acuerdo. Pero hay que tener presente que esto tiene bastante peligro. Por una parte, porque a partir de una cierta edad puedes tener alteraciones en el colesterol o en la tensión —que son otras consecuencias que a mí nadie me contó—, y necesitan ser detectadas y tratadas por un médico. De esto se habla muy poco y, sin embargo, hay mucha presión para tomar suplementos alimenticios y para automedicarse; de hecho, en Estados Unidos, donde la atención médica es carísima, algunas webs venden kits de autodiagnóstico de calcio, hierro o distintas hormonas, y en función del resultado se indica qué hay que tomar. ¡Una locura!

Cada capítulo de su libro aborda alguno de los síntomas de la posmenopausia a partir de testimonios de otras mujeres de su entorno. ¿Hay mucha diferencia en como hablan de esto las mujeres de 50 años y las de 70? ¿Se habla más con las amigas que con las hermanas?
Yo tengo una hermana mayor, con la que no he hablado mucho sobre esto; mi madre me contó que cuando tuvo síntomas consultó con el médico porque pensaba que podía tener alguna enfermedad y sencillamente le dijo que era menopausia. Esto era algo muy íntimo. De todas formas, tengo amigas que sienten mucho pudor al hablar de síntomas como la atrofia vaginal, un asunto que, relativamente, aún sigue siendo tabú y sobre el que hace falta hablar, porque es muy general.
Y acarrea problemas para las relaciones sexuales, en un momento en que también hay presión por mantener la actividad sexual, incluso a edades avanzadas. ¿Esta actitud no es también una forma de presionar a la mujer?
Sí, por supuesto. Algunas amigas dicen que duermen en habitaciones separadas de sus parejas porque así los dos duermen mejor, y lo ven como algo natural. Sin embargo, leyendo artículos, he encontrado testimonios de mujeres que les piden a sus terapeutas un certificado para presentárselo a sus parejas y demostrar que tienen atrofia vaginal y que las relaciones sexuales con penetración les resultan dolorosas. ¡Qué horrible! ¿No es suficiente con que digas ‘no quiero porque me duele’ o ‘no, porque no quiero’? Esto es algo muy serio. Y sí, hay una presión muy grande hacia las relaciones sexuales y, aunque muchas mujeres son completamente felices sin relaciones, parece que si tienes una pareja y te llevas bien, hay obligación de mantener sexo.
He encontrado testimonios de mujeres que les piden a sus terapeutas un certificado para presentárselo a sus parejas y demostrar que tienen atrofia vaginal, ¡qué horrible!
Nuevamente aparece ese perfil de mujeres que piensa que entre sus papeles está el de complacer al marido.
Esto da para un libro entero. Lo que yo explico es que hay factores físicos que dificultan las relaciones, que hay soluciones, y no para satisfacer a nadie, sino porque el sexo tiene muchos efectos positivos y tú lo quieres. Y si no lo quieres, no importa.
Este no es un tema que en el pasado se haya hablado mucho entre madres e hijas. ¿Usted lo habla con su hija?
Mi hija vive fuera, pero ella sabe que he escrito este libro y todos los temas de los que hablo en el libro. Ella, por supuesto, está al día de todo lo que yo hago. Pero más que con mi hija, con quien hablo es con mi nuera, que se acerca a la perimenopausia. Yo empecé a tener hemorragias abundantes a los 44 o 45 años, por eso le insisto en que empiece a hacer ejercicio ya como prioridad máxima y comience con el ejercicio desde ya, porque en los años previos a la menopausia es cuando hay un bajonazo del 6% de los niveles de calcio.
Las mujeres hablamos de postmenopausia y cómo nos afecta con las amigas; sin embargo, los hombres no suelen exponer a sus amigos ciertos aspectos relacionados con el envejecimiento. ¿Somos más abiertas a afrontar los cambios y buscar ayuda?
Creo que sí. Para un hombre es un tema delicado hablar de su virilidad; las mujeres exponemos nuestros cambios y vemos que no somos las únicas. Nosotras hablamos más abiertamente del estado de nuestra vagina que los hombres de su disfunción sexual. En cualquier caso, cada persona lo vive de una forma, y no hay que olvidar que el principal órgano sexual es el cerebro, y también favorece tener un estímulo (como curiosidad, atracción física o mental). El problema de la menopausia no es tanto que disminuya el diámetro y la longitud de la vagina, sino que se pierde mucha elasticidad. Pero eso también es algo recuperable y puede ser reversible con un estímulo mental.
¿Es ese el mensaje que quiere dar?
El mensaje que quiero dar es que nuestro organismo, a pesar del desequilibrio que experimenta cuando caen los estrógenos, tiene una capacidad de adaptación y de respuesta si lo cuidamos. Pero claro, se requiere constancia y disciplina. Disciplina para hacer ejercicio, disciplina para, por supuesto, no fumar, disciplina para beber lo menos posible o disciplina para no abusar del azúcar.
Mi hijo es médico y me cuenta que, de los 6 años de carrera, solo unas pocas horas fueron para explicar la menopausia
¿Hacen falta más especialistas en menopausia y postmenopausia en la sanidad pública?
Sí, sin duda. Tengo un hijo de 40 años que es médico y me cuenta que, de los 6 años de carrera, solo unas pocas horas fueron para explicar la menopausia. Incluso se le dedica poco tiempo durante la especialidad de ginecología. Se centran en la edad fértil y en otras patologías, pero no en la menopausia, que es una etapa de transición natural en la que hay una serie de desarreglos.
¿Cómo fue su experiencia con la menopausia?
Quedarme sin regla fue una liberación enorme, porque la perimenopausia fue terrible. Tuve unas hemorragias feroces durante casi 10 años, coincidiendo con un periodo muy activo profesionalmente; hacía muchos viajes a congresos, a sincrotrones, y me andaba desangrando con unas anemias terribles. Recuerdo un episodio muy llamativo, que ocurrió cuando estaba trabajando en Grenoble, en el sincrotrón europeo (ESFR). Me desperté con la cama completamente empapada de sangre y la doctora del servicio médico me dijo que estaba todo normal, y que en España mi ginecólogo me pondría algún tratamiento para la hemorragia. Para mí fue algo traumático.

¿Cómo lo gestionó?
El médico me prescribía fármacos hemostáticos que me afectaban a la circulación, y hierro que me hacía daño al estómago. Sin embargo, la administración de dosis pequeñas de progesterona me habría paliado muchísimo esas hemorragias. Aquello fue muy traumático y, por eso, la menopausia supuso una liberación. Después vino el problema de la tensión, del colesterol (que tengo en el límite) o la atrofia vulvovaginal, y yo pensaba que eran imaginaciones mías. Pero no lo son; es algo real y habitual, como la falta de deseo sexual. Yo hablo de esto en el libro para poner sobre la mesa esta realidad y que no haya mujeres que lo oculten, que lo disimulen y que su vida sexual sea desagradable. Por el contrario, no he tenido niebla mental, ni sofocos, pero duermo poco, aunque es algo que no me angustia. Aprovecho el insomnio para leer y trabajar.
Deduzco que se considera una menopáusica feliz y que no añora la regla.
Completamente feliz. Sería tonto añorar algo que no puedes tener, pero, en general, yo siempre pienso que la mejor etapa de la vida es en la que tú estás, porque es tu presente. Después de esos 10 años tan cruentos y de tantos problemas médicos, del sangrado constante, la menopausia para mí fue una gran liberación. Otras compañeras aseguran que la menopausia es su mejor etapa porque se han visto libres de las jaquecas incapacitantes relacionadas con el periodo.
¿Cuál es el principal mensaje que da a las mujeres de edad media?
El principal mensaje que doy a las mujeres menopáusicas o posmenopáusicas es que hace falta moverse, que los sofocos pueden ser muy molestos, pero lo auténticamente serio es el deterioro del sistema cardiovascular y del sistema musculoesquelético, que no se ve y, sin embargo, puede condicionar mucho nuestra salud. Y, sobre todo, nuestra calidad de vida. Yo estoy haciendo ejercicio más intenso desde hace relativamente poco; aunque siempre he ido mucho en bicicleta, he caminado y nadado, ahora ya no es una cosa que hago en el tiempo libre para relajarme, sino que es una de mis prioridades diarias.






