GGV, el vino que una pareja de bodegueros hizo para su boda y que fue un éxito de ventas
Un proyecto familiar embotellado
“Este vino es un sentimiento”: la idea más personal de Goyo García Viadero y Diana
Semova Georgieva
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Goyo García Viadero y Diana Semova Georgieva, de la bodega García Semova
El vino es capaz de expresar mucho más que pura organoléptica: puede reflejar las ideas y el carácter de quiénes lo hacen. Lo saben bien Goyo García Viadero y Diana Semova Georgieva, de la bodega García Semova. “Hacía tiempo que queríamos casarnos y sobre el año 2010 empezamos a planear la boda por lo que más cercano nos es: el vino. Pensamos en hacer un vino que fuera muy personal y que recogiera nuestros gustos particulares, que bebiera de las 3 mejores fincas que tenemos en Ribera del Duero, El Peruco, Valdeolmos y Viñas de Arcilla, todas de uva tempranillo y albillo real”. Se llamaría GGV, por las siglas del fundador de la bodega.
Concibieron ese vino para disfrute propio, para que fuera el vino del día de su boda, para compartirlo con amigos y familiares. Por todo ello dicen que este es su vino más personal y, también, porque toda la familia se involucró en su elaboración. “La idea fue elegir las mejores dos barricas de las tres fincas, para lo que tendríamos que catarlas todas a ciegas. Nuestras hijas, Jimena, Rebeca y María Antonia, que actualmente nos ayuda en labores comerciales (Carolina, que aún no había nacido en esa primera edición, se incorporaría más tarde) nos ayudaron: lo servían y con una tiza rosa iban marcando las barricas. Fue un juego para ellas, que se sintieron como presentadoras de un concurso, y una fiesta para toda la familia”, cuenta Semova Georgieva.

El carácter familiar de la bodega se traslada también a los propios vinos. “Los sentimos como nuestros hijos, cada uno con su carácter. Valdeolmos es elegante y presumido, El Peruco es un poco travieso y Viñas de Arcilla es el hermano mayor, el más serio. Y todos son fruto de la Ribera del Duero. Sin duda, teníamos que hacer el cupaje a ciegas porque, si no, hubiera sido muy difícil acertar”. Así, ese primer año del GGV, se compone de El Peruco y Valdeolmos, y no vería la luz hasta 2017, tras 5 años en barrica y uno en botella. “No teníamos previsto cuánto tiempo debía pasar en barrica. Lo fuimos viendo sobre la marcha, siempre poniéndole mucho mimo, sabiendo que este era un proyecto a largo plazo y que el vino necesita mucha paciencia”, dice García Viadero. “Cada vez que probábamos el vino le decía que nos teníamos que casar ya porque el vino estaba muy bueno”, dice Semova Georgieva.
La combinatoria ha ido variando según la añada: en 2011, fueron Viñas de Arcilla y Valdeolmos, en 2012, Viñas de Arcilla y el Peruco; en 2014, Valdeolmos y El Peruco; en 2016, Valdeolmos y Viñas de arcilla, en 2017 (la añada en curso, a un precio de unos 98€ en tienda, distribuido por Clos Terroir en Cataluña, Terras en el resto de España con la excepción de Madrid, donde lo vende Cuvée 3000). “Cada añada va reflejando lo que fue el año. Que el vino tenga el sentimiento de la tierra en cada momento es fundamental para nosotros, así como nuestro sentir del vino con el paso del tiempo. Es por eso que decimos GGV es un sentimiento y no solamente un vino, un recuerdo muy bonito de una fiesta familiar. Han pasado los años y sigue siendo nuestro vino más personal”.

En los años consecutivos, salvo en 2013, 2022 y 2023 por malas cosechas y en 2015 por una partida de corcho defectuoso, los bodegueros tuvieron la visión de continuar con su proyecto, que ya era día señalado en el calendario familiar. ¿Y la boda? “Cuando en 2017 estaba listo el primer vino, todavía no nos casamos. Pero entonces llegó Lluís Pablo”. El fundador de la distribuidora Clos Terroir, fallecido en 2019, visitaba un par de veces al año la bodega García Semova cuando probó GGV 2017. “Oye, Goyo, esto no se puede quedar solamente para vuestro uso personal: la gente lo tiene que conocer”, recuerdan que les dijo el distribuidor. “Nuestro grandísimo amigo, que cuando algo se le metía en la cabeza era imposible detenerlo, compró todo el GGV. Y lo vendió. Al año siguiente, también fue un exitazo. Estuvimos tan agradecidos que en la cosecha de 2011 embotellamos magnums en honor al nacimiento de nuestra hija Carolina y también de la suya, para cuando tuviéramos que celebrar algo conjuntamente. Todavía no hemos tocado esas botellas”.
Finalmente, la pareja subió al altar en 2018 pero no fue GGV lo que se bebió en su boda. “Estaba un poco verde para que la gente disfrutara, y el del año anterior se había vendido prácticamente todo, de modo que servimos nuestros otros vinos: El Peruco para el entrante, Valdeolmos para el pescado y Viñas de Arcilla para la carrillera, que se guisó con nuestro vino Joven de Viñas viejas”, este último recomendado por el crítico de vinos de The New York Times, Eric Asimov, como uno de los vinos a probar en este 2026.

