El vino de la semana: De Alberto VORR
Beber
El que se anuncia como “un trozo de historia líquida que se pierde en el tiempo” es un dorado en rama del que poco se ha podido saber. Es un tesoro de Rueda rescatado del olvido que se muestra complejo, sápido y emocionante

De Alberto VORR es un tesoro líquido rescatado

Se desconoce su antigüedad y, prácticamente, se desconoce su elaboración. Es un tesoro de Rueda rescatado del pasado. Es arqueología vínica viva que no tiene igual. Desde Bodegas De Alberto, que lo ha custodiado, es definido como “memoria embotellada en el corazón de la DO Rueda”. Es un vino oxidativo único que se ha preservado intacto, sin intervención alguna, desde al menos el año 1999. Se ha querido preservar intacto su carácter y reforzar su condición de “vino excepcional”.
Es fruto de una única bota de la que han surgido, únicamente, 945 botellas numeradas a mano de medio litro sin filtrar de una solera sin refrescarse durante 23 años y sin saca. Lo han bautizado como De Alberto VORR (inaugurando la terminología Very Old Rare Rueda). Y ha sido amparado por la DO Rueda. Si fuera jerezano (catado a ciegas podría inducir al error) sería un oloroso, un vino donde se prescinde del velo de flor y se envejece en contacto directo con el oxígeno.

De la misma serie de la bota que se ha vaciado completamente para embotellar este tesoro queda en la bodega otra bota (había diez originariamente). Ahora les quedan 20 botas viejas más de 600 litros que no han decidido si acabarán embotellando. Tienen soleras con más de 80 años.
Carmen San Martín, la directora general y accionista de esta bodega familiar, asegura que no tiene a nadie a quien preguntar sobre el origen de esta solera y sus variedades de uva. Hace años que perdió a sus abuelos y su padre falleció en 2020. Sabe, eso sí, que la bota provenía de la familia de su madre, María del Carmen Gutiérrez.

Fue César Gutiérrez, primo de la madre de Carmen San Martín (Carmencita) y actualmente presidente de la compañía, quien dio la instrucción a la actual enóloga jefa la bodega, que entonces estaba en prácticas, Beatriz González, de no realizar más sacas de la bota que ahora se ha embotellado. Y así fue.
“Es un trozo de historia líquida que se pierde en el tiempo”

Carmen San Martín intuye que el vino base pasó por la playa de damajuanas de su bodega, a sol y serena, y que se fortificó, como es costumbre de su casa, pasando de los de 12,5º a los 17,5º de alcohol. Por evaporación y concentración ha acabado presentando 21,5º. El vino se ha calificado como verdejo, pero la directora general de la bodega no descarta que en sus orígenes el vino base se elaborara también con pequeñas cantidades de las variedades blancas palomino y viura, “como correspondía al viñedo tradicional de la zona”.

Lo consideran “un vino que no entiende de prisas ni de modas. Un testimonio vivo del pasado, custodiado con respeto y emoción, que invita a detenerse, a escuchar su historia y a saborear el tiempo”. Es un dorado en rama sin parangón que ha pasado por viejas damajuanas sopladas a pulmón y por una vieja bota de roble americano de 600 litros de capacidad. Se presenta en una singular botella de forma irregular que recuerda a una antigua damajuana soplada.
La elaboración de este De Alberto VORR responde a un ritual casi olvidado. Durante meses, el vino reposa en damajuanas, recipientes de vidrio expuestos a la luz del sol, “atravesando veranos y estaciones que dejan su huella”. Desde esta bodega vallisoletana (Serrada) afirman que se sigue un proceso lento, artesanal, en el que el vino se transforma poco a poco, ganando profundidad, complejidad y ese color dorado tan característico.

Tras este reposo al sol en su 'playa' de damajuanas, el vino continúa su viaje en barricas que nunca se vacían del todo. En ellas siempre permanece una parte del vino original, lo que permite que cada nueva etapa conserve la esencia de las anteriores.
Durante décadas, estas soleras se refrescaron con pequeñas extracciones anuales, respetando el equilibrio natural del vino. En el caso de De Alberto VORR se mantuvo sin extracción alguna, solo alterado por la evaporación (la parte de los ángeles) y por la concentración. Carmen San Martín asegura que “hemos querido ofrecer algo único y diferente, mostrar una joya para disfrutar”. Añade que “es un trozo de historia líquida que se pierde en el tiempo”.

De Alberto VORR es de bonito color ambarino. En fase olfativa despliega notas que recuerdan al caramelo de manzana de feria, a humedad de bodega antigua (la de su bodega subterránea) y a frutos secos (nueces y almendras). Destaca por su salinidad final. Es complejo, sápido y emocionante.
Carmen San Martín prefiere disfrutarlo sin comida. Eso sí, se decanta por hacerlo en buena compañía que sepa apreciar este vino. Si tuviera que armonizarlo se decantaría por un chocolate negro (con alto contenido de cacao), con un postre con algo con café o bien con escabeches. Por su parte, a la enóloga Beatriz González le encanta disfrutar de este dorado en rama en una larga sobremesa. Explica que “cualquier comida queda corta para disfrutar plenamente de este vino”. Ahora bien, si se tiene que quedar con un maridaje se decanta por unos huevos fritos con trufa o bien con una tosta de morcilla, piñones y manzana.
Con este De Alberto VORR, por primera vez, un vino de la Denominación de Origen Rueda ha obtenido 100 puntos en el ‘Tim Atkin Rueda Top100 2026 Report’ firmado por Beth Willard. Este vino que se presenta mañana en Madrid se ha convertido, además, en el mejor vino generoso del año y en el vino más puntuado de toda la DO Rueda. Desde la firma de Serrada se ha manifestado que “este reconocimiento también pone en valor el trabajo de toda la bodega, donde tradición, tiempo y excelencia siguen marcando nuestro camino”. Y se ha añadido que “más de 350 años después, seguimos creyendo que el vino no se hace deprisa. Se hace con memoria, con respeto… y con tiempo”.

Bodegas De Alberto se sitúa en una antigua casa de labranza fundada por la orden religiosa de los Dominicos en el siglo XVII, donde se mantiene desde hace más de 350 años el viejo arte de hacer vino, acumulando el saber hacer de varias generaciones e incorporando, con el tiempo, los más modernos sistemas de elaboración. Disponen de un club de vinos y están abiertos al enoturismo. Durante más de 80 años, Hijos de Alberto Gutiérrez (De Alberto), ha innovado en sus procesos de vendimia y elaboración del vino.
Desde la bodega aseguran que constituyen “uno de los ejemplos más llamativos de preservación del legado de la producción vitivinícola tradicional de Castilla y León”. La bodega no dispone de viñedos, pero sí sus accionistas. Durante la pasada vendimia cosecharon las uvas de 480 hectáreas, un 80% de las cuales son de la familia propietaria.
Elaboran en torno a 3,5 millones de botellas anuales. Exportan un 11% de su producción. Países Bajos, Alemania, Canadá, Reino Unido e Irlanda son sus principales mercados internacionales. Ya suman cinco generaciones. El pasado mes de octubre recogieron en Madrid el Premio Alimentos de España 2025 al Mejor Vino de Licor, otorgado a De Alberto Dorado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
De Alberto VORR, de Hijos de Alberto Gutiérrez (Bodegas De Alberto)
DO Rueda
Variedades de uva: Verdejo y posiblemente palomino fino y viura
Precio: 125 euros (50 cl.)
