¿Qué impacto tiene consumir frutas azucaradas, como el plátano, en la glucemia y el desempeño energético de la mañana?
Consultorio de nutrición
El experto en nutrición Aitor Sánchez aclara las inquietudes de nuestra audiencia.
¿Es mejor desayunar dulce o salado?

El plátano no tiene mucha mayor cantidad de azúcar que otras frutas
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¿Cómo repercute ingerir frutas con azúcar, como el plátano, en la glucosa y el rendimiento energético matutino? (Lucas Gold, lector)
Hola Lucas,
En primer lugar, quisiera precisarte que la gran mayoría de las frutas poseen un sabor dulce, clasificándose así bajo la definición y el vocablo “fruta”. Existen raras excepciones como el aguacate, el coco o las aceitunas, que son frutos donde, en vez de estar integrados principalmente por agua y azúcar, hallamos ácidos grasos en su constitución. Por dicha causa, solemos elaborar aceite con ellos, aunque esto no constituye la regla general.
Dicho esto, el plátano no posee una proporción de azúcar mucho más alta que otras frutas, pues ha obtenido esa fama de una manera algo inmerecida.
En cuanto al aporte de glucosa por parte de las frutas, estas representan una opción sana para integrar dicho componente en nuestra dieta. Asimismo, durante las primeras horas del día, el organismo presenta una mayor receptividad ante la insulina y la glucosa, siendo así una ocasión ideal para consumir este tipo de carbohidratos.
En caso de que tu inquietud y duda surjan a raíz de las publicaciones recientes en plataformas digitales que estigmatizan la ingesta de fruta de forma aislada, quisiera darte calma y asegurarte que carecen de importancia. Incluir fruta en la dieta no se vincula con indicadores perjudiciales para el bienestar, sino más bien lo opuesto: hoy en día, incentivar su ingesta continúa siendo una base fundamental de la sanidad colectiva y el alarmismo desmedido sobre su impacto en los niveles de azúcar en sangre carece totalmente de perspectiva.
Los niveles de azúcar en sangre de manera aislada no representan un factor de peligro sanitario, y desde luego, no es posible extrapolar la inquietud ni las consecuencias de otros suministros de carbohidratos bastante más nocivos, como las bebidas gaseosas o las golosinas, para igualarlos a los efectos de la fruta o los granos integrales.

¿Cuánta carne roja se recomienda comer por semana? (Pedro Bustillo, lector)
Hola Pedro,
La carne roja ha experimentado una renovación sustancial recientemente en las sugerencias de los manuales de nutrición.
Previamente se aconsejaba su ingesta asidua dado que la visión sobre la captación del hierro planteaba que la carne roja era esencial para satisfacer los niveles requeridos de este mineral. En los últimos quince años se ha constatado que esto no era cierto, hallando que hay suministros de hierro animal mucho más sanos (huevo, bivalvos, pescado...) Y que, asimismo, los de procedencia vegetal, aunque posean una asimilación menos eficaz, operan de una forma más protegida y consciente para nuestro sistema. Simultáneamente se ha recopilado abundante respaldo científico que relaciona el consumo de carnes roja y de carnes roja procesada con el riesgo de cáncer colorrectal y de diabetes tipo 2, por lo que su relevancia en las pautas institucionales ha disminuido notablemente.
Sumado a su habitual valor como recurso de hierro, su otro componente esencial para la nutrición residía en el suministro proteico. En este sentido, aumenta la convicción de que resulta más sensato alternar y pluralizar las procedencias de la proteína, evitando priorizar excesivamente las de tipo animal en la comida. Esta razón fundamenta el incremento en los consejos para consumir legumbres, sobre todo en reemplazo de los productos cárnicos.
Las recomendaciones sanitarias vigentes restringen la ingesta de carne roja a un máximo de dos porciones semanales, mientras que respecto a los productos cárnicos procesados se debe señalar que lo ideal es reducir su presencia al mínimo posible.
Desde luego, resulta factible elaborar una alimentación equilibrada que incorpore este tipo de productos, aunque su relevancia es bastante más reducida de lo que se estimaba hace un par de décadas.

