Autor sin país
Cuando un escritor cubano emigra, no solo corre el riesgo de dejar sus orígenes; se le suma el cuestionamiento del mercado si eres o dejas de ser un escritor cubano. Los periodistas te preguntan si vives o no vives en Cuba, y de eso depende ser incluido en el convite. Al poner mar por medio, te conviertes en lo que diera a llamar Eliseo Alberto Diego: un autor sin país. Viajas al pairo de una experiencia desacralizadora que te lleva del mito al anonimato. Ese es uno de nuestros grandes pánicos.
La técnica de expulsar, vetar, impedir tu regreso es uno de los métodos predilectos del aparato de inteligencia en las dictaduras; ensayado con personalidades como Milan Kundera, Pavel Kohout, Aleksandr Solzhenitsyn o Czesław Miłosz. Estos son los nombres conocidos; preguntémonos, por los que lograron diluir en el trayecto.
A nuestros lectores originales les ha estado vetado el disfrute de autores contemporáneos
Existen excepciones, pero no todas las agencias y editoriales optan por editar o promover a un autor cubano desacralizador del simbolismo revolucionario, “faro político”, que engarza con movimientos como el Boom Latinoamericano, la Casa de las Américas o el Nuevo Cine Latinoamericano. ¿Se le perdonó a Mario Vargas Llosa o Jorge Edwards que, a partir del famoso Caso Padilla, abandonaran el barco revolucionario? Al menos ellos tenían país, y su obra siguió viendo la luz. Si hablamos de lo cubano todo cambia. Nacimos bajo las faldas de un canon; se nos exige militancia, fidelidad, silencio y resistencia.
Cuando un autor mexicano como Jorge Volpi decide mudarse a Madrid y liderar una institución española, su gesto no se lee como una deserción. No deja de “ejercer”, como escritor mexicano. Es invitado a debatir sobre los acontecimientos que aquejan su país.

La literatura es una industria, y sobrevive con las ventas. Once millones de cubanos no pueden comprar, y acceder a esos libros. A nuestros lectores originales les ha estado vetado el conocimiento, la lectura, el disfrute de grandes autores contemporáneos exiliados de 1959-2026. Cada generación de cubanos tiene sus propios mártires literarios.
No existe Alfaguara Cuba ni Planeta Cuba, ni librerías donde consumir internamente la obra de intelectuales cubanos; algunos temas, a golpe de aislamiento, suenan indescifrables para traductores, editores lectores de otras latitudes; recordemos aquel chiste que reza: En Cuba, Kafka es un escritor costumbrista. En la Feria de Guadalajara el stand oficial cubano y sus editoriales prefieren mirar para otro lado, exhibiendo volúmenes como: Crónicas sobre el Che Guevara, Siempre Compay o El cultivo de la moringa , experiencias agronómicas en el Oriente de Cuba. ¿Cómo entender la narrativa de lo que está pasando, si quienes deben contarlo quedaron Fuera de Juego?
Los cubanos asentados en el exterior invierten millones de dólares en comunicarse con sus familiares en Cuba. El ciberespacio va horadando ese antiguo concepto de una literatura escrita dentro o fuera. Las revistas digitales fundan editoriales propias, sumando nuevos nombres y títulos que se integran al ya vasto catálogo insular, y es justamente allí donde se dibuja el imparable futuro de la industria literaria nacional e internacional.
El mapa del autor sin país se expande, sacudiendo la isla de papel prohibida, llevándola directamente al dominio digital, ese lugar donde nadie pide permiso ni perdón para editar, leer o expresar lo que piensa, y es que la literatura cubana contemporánea también ha encontrado su forma de escapar.