El Orfeó Català surfea en la América de Gustavo Dudamel
Debut histórico
Entusiasmo en L.A. Con el coro catalán y el abrazo de paz de la ‘Missa Solemnis’ de Beethoven


Debutar en América con la Missa Solemnis de Beethoven es hoy en día una declaración política de intenciones. Los Estados Unidos de Trump no pueden sobrellevar con dignidad el mensaje de paz y unidad que desde el más allá lanza el genial compositor alemán, y que llega ahora a través de la batuta de Gustavo Dudamel. En esta última temporada suya al frente de la L.A. Phil y antes de ponerse al frente de la New York Philharmonic, el director más pop que ha conocido la escena de la clásica no se ha permitido esquivar este Everest musical hasta la vejez, como tantos otros maestros, sino que lo ha servido a sus 45, en el momento en que más lo necesita el mundo, desde el Walt Disney Hall de Los Ángeles y acompañado del Orfeó Català.
Sucedía este viernes, en uno de los días más fríos –con mínimas de 6 grados– que ha vivido en tiempo la ciudad de las estrellas de Hollywood. El Orfeó Català se había estado preparando a conciencia y con estrategia cartesiana desde el mes de septiembre para el reto. Su director titular, Xavier Puig, se sumaba a la lista de maestros catalanes que emprendían con entusiasmo y rauxa el esfuerzo sobrehumano que requiere para el coro esta fantasía de Beethoven. Una misa que no está pensada para la liturgia, sino que es una profunda reflexión espiritual sobre el sentido de la existencia humana. Su conclusión: la bondad es la forma más grande de belleza.
“Lo mejor es no hablar de política... –decía con sorna Dudamel a los 127 cantaires del Orfeó y el Cor de Cambra al acabar el estreno– pero Beethoven, esto es, la plegaria por la paz interna y la paz externa de su Missa Solemnis , no es simple. Nosotros tenemos un poder enorme con lo que hacemos, es un poder transformador. Y en un mundo tan dividido, el poder encontrarnos a través de lo sublime, de lo bello, de la más elevada expresión del ser humano que es la música, es un poder que lanza un mensaje: quizás las voces no sean las mismas, quizás tengamos técnicas distintas, quizás pensemos distinto; pero en el momento en que hacemos música, nos unimos. Qué hermoso que todo funcionara de esta manera. Pero no es una utopía, no lo es, porque sucede. Sería una utopía si no lo pudiésemos hacer. Es un encuentro a través de los sublime para lograr un abrazo de paz, de encuentro, de integración y de amor”.
El inspirado discurso del director venezolano lo seguían, entre otros, el cónsul general de España en Los Ángeles, Gerardo Fueyo, y la consellera de Cultura de la Generalitat, Sònia Hernández, que valoró el estreno como “una de las páginas más extraordinarias de la historia de la cultura catalana en el mundo; un antes y un después para el Orfeó y el Palau de la Música”.
Había sido una velada relamente Disney. Las 6.000 localidades de las tres funciones llevaban semanas sold out. Gustavo traía a un coro de Barcelona. Un señor en la platea, cuyo padre era inmigrante gallego, contaba a su vecina de asiento que este era un coro catalán, y que los catalanes son especialmente buenos en lo que se proponen. El público, entusiasmado, ovacionaba de pie a los artistas del coro, que habían sobresalido por encima de los solistas: el bajo Rod Gilfry (que sustituía a un fallido Nicholas Brownlee), el tenor SeokJong Baek, la mezzo Sarah Saturnino y una desafinada Pretty Yende que no estuvo a la altura del rol de soprano.
“Gracias Gustavo”, eran las palabras que salían de muchas bocas. Las mismas que se repiten en muchas banderolas de la Filarmónica de la ciudad que esta temporada despide al maestro (y sigue sin ser capaz de decidir quién le sustituye). Por si quedaban dudas, hace dos semanas, en este mismo auditorio Dudamel contaba con Cate Blanchett como narradora de la música incidental del Egmont , de Beethoven.
La noche es mágica en L.A.. El compositor Marc Timón, que lleva diez años viviendo en Los Ángeles, toma un vino en el Garden del hall, donde, asegura, se hace red con otros músicos de la ciudad. La luna está en fase creciente. Aunque afuera, subiendo a los autobuses, se ve alguna persona afectada silenciosamente por el fentanilo. Probablemente camino de Skid Row, el distrito que, a pocas manzanas de la Grand Avenue donde se encuentra el Walt Disney, se concentra el consumo de esta droga que se ha convertido en una plaga en Estados Unidos. No es raro que la mayor parte de público acceda al auditorio directamente desde el párking ni que los únicos restaurantes cercanos sean parte de la venue, como en el teatro de Ópera contiguo o el de los musicales de Broadway.
“Es mejor no hablar de política, pero cuando hacemos música nos unimos. No es una utopía, porque sucede”
El valor simbólico de este proyecto es aún mayor en una ciudad con un 40% de inmigrantes, en la América del trumpismo y las redadas de la policía aduanera campando armada.
“Leídos en este contexto, hay momentos muy emocionantes de la Missa Solemnis –apunta Joan Oller, director general del Palau de la Música–, como el Agnus Dei , el último movimiento, ‘Agnus Dei, qui tollis peccata mundi... Dona nobis pacem’. La paz exterior e interior, la ausencia de guerras y la paz de espíritu, dice Beethoven. Y aunque la partura apunta a un final tranquilo, él no resuelve, no garantiza que no vuelva la batalla. Su gran obra sobre la fe acaba en duda, aunque la respuesta la encontramos en la Novena Sinfonía, la que él mismo considera popular”.
Hace tres años que Oller le propuso a Dudamel que propiciara el debut del Orfeó en Los Ángeles. Y el maestro fue quien escogió la obra. Parecía realmente una proeza. Es la más difícil del repertorio sinfónico-coral (al menos hasta que llegó Moses und Aron de Schönberg) y sólo a golpe de rauxa la sacó adelante Lluís Millet en 1927, en el centenario de la muerte de Beethoven. Fueron tres o cuatro funciones, la última de las cuales se retransmitió por Ràdio Barcelona y quedó grabada en ocho discos de piedra. No hay constancia de que se hubiera grabado antes. Su hijo, Lluís Maria Millet, revalidó la gesta en 1962 con la Simfònica de Barcelona. Y ahora es Xavier Puig quien lo ha visto posible.
El director titular de los coros del Palau destaca que en el manuscrito de Beethoven hay una frase muy repetida: “Desde el corazón hasta el corazón”. “Esta es una gran misa católica que extrañamente no es un encargo de nadie. El pasa el resto de su vida buscando gente que le ayude y solo encuentra siete personas en Europa que se la compran. Gustavo busca un coro europeo con valores europeos de fraternidad, concordia, tolerancia, bondad. Beethoven dijo que la única superioridad humana que él reconocía era la bondad”.
Puig trabajó la vocalidad germánica del texto en latín, aunque finalmente los solistas prefirieron la italiana. “Pasar a la italiana es más fácil que al revés”. Para facilitar el camino a los cantaires, preparó un mapa salvavidas, con entrevistas a maestros que la han dirigido y grabaciones anteriores.
Los cantaires del Orfeó se han fotografiado la misma mañana del concierto ante la icónica fachada alada de acero que proyectó Frank Gehry. El arquitecto canadiense fue escogido para levantar la sede de la Filarmónica de la ciudad cuando la viuda de Walt Disney donó, en 1987, cincuenta millones de dólares a tal fin. El terremoto de 1997 demoró el proyecto y al final, la opción en piedra se vio superada por la más económica de acero, que Gehry ya había lucido con éxito en el Guggenheim de Bilbao. Su gancho es tal que ahora, dos décadas después de inaugurar el auditorio, ha levantado justo enfrente una torre residencial con 436 apartamentos de lujo apilados de forma escalonada...
Entre los cantaires, la joven contralto andorrana Gemma Planella cuenta que le fascina haber podido hacer la Missa Solemnis . “Se nota que aquí en Los Ángeles los coros son más serios, pues nosotros le transmitimos muchas emociones a la gente. Eso es un gran regalo”. A su lado, un médico acabado de jubilar reconoce que es un privilegiado por haber entrado a su edad a formar parte del Orfeó, como barítono. Fue saliendo de su primer concierto participativo del Réquiem de Mozart, en Terrassa, que Andreu Edo descubrió la clásica. Y está tan agradecido que si Dudamel pide tres misas de Beethoven en días consecutivos, no pondrá inconvenientes.
Dudamel anuncia más Missa Solemnis con el Orfeó en Europa, aunque será con otra formación, pues durante los próximos años será extraño dirigir L.A. Estando en Nueva York. Y también anuncia una Octava de Mahler. “Estamos trayendo una entidad hermosísima, una comunidad catalana que abraza y es generosa y llega hasta aquí a Los Ángeles. Me siento bendecido. Imagínense, tener a la Filarmónica de Los Ángeles y al Orfeó Català para hacer por primera vez esta obra es un súper lujo. Es como correr en la Fórmula 1 sin pasar por los cartings”, bromeaba Gustavo.
