Mendonça Filho: “El problema con la extrema derecha es que cada día se levantan y luchan contra la realidad”
Director de 'El agente secreto'
El realizador brasileño estrena un potente thriller político ambientado en 1977, en plena dictadura militar en su país, que aspira a cuatro premios Oscar

Kleber Mendonça Filho en el pasado festival de Cannes

Después de que el año pasado el brasileño Walter Salles se llevara el Oscar a la mejor película internacional por Aún estoy aquí, su compatriota Kleber Mendonça Filho podría repetir la gesta -con permiso de Sirât- con otro brillante ejercicio de memoria histórica. Y es que en El agente secreto, el director de Bacurau construye un potente thriller político ambientado en 1977, en plena dictadura militar en Brasil, que fue premiado en Cannes, ha sido reconocido con los Globos de Oro a mejor película de habla no inglesa y mejor actor de drama para Walter Moura, y aspira a cuatro Oscars: película internacional, dirección de casting, película y actor para Moura, que ha hecho historia al convertirse en el primer intérprete brasileño nominado a la estatuilla dorada. En El agente secreto encarna a Armando, un profesor universitario que huye de un pasado turbulento y regresa a la ciudad de Recife, refugiado en una residencia que acoge a varias personas en su misma situación y a la espera de poder abandonar el país con su hijo pequeño, Fernando. Sin embargo, no tarda en recibir amenazas de las fuerzas gubernamentales. Guyana Guardian pudo hablar con Mendonça Filho en su visita al festival de San Sebastián, donde el filme optó al premio del Público.
¿Qué le llevó a querer hacer esta película sobre la dictadura militar de Brasil?
Básicamente, lo que me empujó a hacer El agente secreto es una serie de ideas complejas que mi país ha ido atravesando en los últimos diez años con el auge de la extrema derecha. Ha sido casi como una fiesta de Halloween donde regresaron disfraces antiguos y palabras que prácticamente se habían retirado después de la dictadura. La gente parecía idolatrar lo que sucedió en Brasil hace 50 años. Era extraño. Aún hay quien piensa que la dictadura no estuvo tan mal y que teníamos que haber matado a más gente. Creo que de alguna manera eso es lo que me llevó a involucrarme en este proyecto, pero también he de decir que para mi trabajo anterior, el documental Retratos fantasma, estuve investigando siete años viendo fotos, vídeos, periódicos y me dio un gran archivo emocional para desarrollar esta película. No solo aprendí muchas cosas nuevas de los archivos sino que confirmé cosas que recordaba de niño. La película surgió de una combinación de coincidencias y también de tratar material del pasado, que me mostraba cómo era la vida anteriormente. Recuerdo que me venían imágenes a la memoria y pensé que podía hacer una película que tuviese lugar en 1977, cuando yo tenía nueve años.
¿Hasta qué punto era consciente con nueve años de que estaba viviendo en una dictadura?
Una de las cosas que recuerdo muy bien es que iba a un colegio que no era militar pero los viernes nos hacían desfilar como soldados, algo ridículo, y recuerdo a mi madre leyendo la historia de la pierna peluda del periódico y era rarísimo. Recuerdo muchas cosas. También eran tiempos difíciles para mi familia porque mi madre enfermó y mi tío nos llevó a mi y a mi hermano al cine constantemente para sacarnos de aquel ambiente de tristeza. Tengo muy presente cómo olía el cine, las calles, los posters, las películas que vi y las que no vi.

¿Lo de la pierna peluda que andaba sola era una leyenda urbana, no? ¿Por qué quiso incluirla en el filme?
Es algo que recuerdo de la infancia, sí. Era una leyenda urbana desarrollada por dos periodistas que siempre estaban lidiando con la censura, así que se les ocurrió este código. En realidad se refería a la policía golpeando a la gente en el parque, especialmente a la comunidad gay que se besaba y tenía sexo. Eso se convirtió en un fenómeno. Salió en todos los periódicos, caricaturas y programas de radio. Cuando estaba investigando para Retratos fantasma, encontré los artículos reales que salieron en ese momento sobre la pierna peluda en el periódico local.
La película juega con los saltos temporales entre la década de los setenta y la actual, con las dos chicas que realizan las escuchas de las cintas con los testimonios grabados por la red de protección. ¿Cómo fue trabajar estos dos ambientes?
Fue sumamente importante. Una cosa es situar la historia en el pasado y otra sirve para entender cómo se ve el pasado desde el momento presente o desde el futuro. Una de las cosas que aprendí de Retratos fantasma es que mucha gente decía que estaba hecha a partir de información de archivo pero el documental se convirtió en un archivo en sí mismo, no solo del pasado, y creo que El agente secreto tiene su propia conexión con el pasado a partir de estas dos estudiantes jóvenes. Una de ellas es la que averigua lo que le sucede a Armando.

Al igual que ocurría con Retratos fantasma, en la película también hay un homenaje al cine. Y uno muy destacado a Tiburón, de Spielberg. ¿Por qué?
Tiburón se estrenó en Brasil en la Navidad de 1975. Para entonces, yo ya era un cinéfilo muy joven, y mi madre apoyó mi temprana cinefilia. Íbamos al cine muy a menudo pero los cines del centro no eran solo cines, sino casi como exposiciones al aire libre de carteles. Las películas que se proyectaban en los escaparates también influyeron mucho en mi deseo de ver más cine. Y una de ellas fue Tiburón porque, aunque no tenía la edad suficiente para verla, era una película muy popular. Volvía a los cines en reposiciones especiales, y yo estaba obsesionado con el cartel que todo el mundo conoce, el símbolo fálico del monstruo que viene de abajo para atrapar a la mujer que nada arriba. Sí, mi obsesión por Tiburón no tenía límites.
¿Es pura coincidencia que surjan de Brasil en tan poco tiempo dos películas como Aún estoy aquí y El agente secreto, que tocan la dictadura militar o es una respuesta a una vuelta de la derecha?
Empiezo a pensar que hay algo que se palpa en el ambiente. Es maravilloso que existan estas dos películas y realmente creo que son reacciones naturales a lo que está sucediendo en el mundo. Los años de Bolsonaro no fueron fáciles, fueron dramáticos e hicieron que mucha gente enfermara con depresiones. Hubo un tema de falta de respeto y el problema con la extrema derecha es que cada día se levantan y luchan contra la realidad. Cuando hay una pandemia y el presidente dice que no es nada, que podría esperar a comprar las vacunas es muy traumático. Entonces es algo que no había pensado antes de empezar a mostrar la película. Pero creo que es el fruto de una reacción que hayan aparecido estas dos películas en estos años. Pero que Bolsonaro esté en la cárcel es bueno.
¿Siempre quiso contar con Wagner Moura para este proyecto?
Sí, siempre. Ha sido increíble trabajar con él. Nunca hubo un plan B por si él rechazaba la propuesta. Era la única opción porque escribí el guion para él. Le conocía personalmente y por supuesto, como actor, y nos llevamos muy bien porque recibimos muchos ataques de votantes de la extrema derecha en los últimos años y fue algo que nos ha unido más. Si quieres trabajar de verdad con un actor tienes que sentarte y escribir, esa es la mejor manera, porque escribes sobre cómo va a trabajar esa persona. Wagner es una persona muy carismática y un gran actor. También quería que fuera como un actor clásico de Hollywood, él no iba a llevar una pistola y era una forma más distante de interpretar a un héroe americano.

¿Cuál fue su intención a la hora de crear al personaje de Fernando, que se muestra distante con su pasado?
Hay algo muy brasileño que empeora con la ley de amnistía del 79 donde los militares propusieron que todo el mundo se olvidase de todo lo que había sucedido durante el régimen militar y eso fue una idea horrible para la sociedad de mi país (11m). Creo que Fernando no está preparado para hablar de lo que le pasó a su padre. Un hombre que fue eliminado de una forma violenta de la sociedad, no solo de la vida. Y eso le pasó a mucha gente. En Brasil a medida que vas bajando por la escala social las cosas cada vez son más perturbadoras. Hay muchos negros y niños asesinados diariamente por parte de la policía y es un tema muy duro que se trata con cierta normalidad.
¿Cómo ve la situación actual en Brasil?
Hemos vuelto a la democracia. Yo creo que el presidente Lula da Silva está haciendo un buen trabajo para volver a unir al país porque la extrema derecha hace mucho ruido y siguen luchando contra la realidad. Lo que ha sucedido en los últimos meses con Estados Unidos tratando de proteger a Bolsonaro ha hecho a Lula más fuerte y que los brasileños estén más unidos. La democracia es muy frágil. Cuando piensas que todo va bien siempre hay alguien que trata de cargársela y eso da miedo, pero ahora Brasil está en el buen camino, incluso a nivel económico.
La democracia es muy frágil, siempre hay alguien que trata de cargársela y eso da miedo”
Ha mencionado Zodiac, de David Fincher, como un referente para su película. ¿Cuál fue el mayor reto al que se enfrentó al preparar una historia tan ambiciosa como El agente secreto?
Para la reconstrucción del pasado yo creo que la película de Fincher era un referente porque él fue muy específico sobre San Francisco, la ciudad en la que creció. El problema de hacer películas de época es que al final puede parecer un museo, un anticuario, y yo quería que fuera algo vivo, orgánico, que todo pareciese natural. He estado fotografiando mi ciudad, Recife, desde que soy adolescente y la conozco muy bien. El gran reto siempre es dónde colocar la cámara. En eso consiste el cine.
¿Qué tiene ahora en mente?
Mi próxima película la ambientaré a finales de los años treinta en Recife. Así que tendrá una conexión temporal distinta porque ninguno de nosotros existía por aquel entonces.
