Las voces que han transformado el cine español: así ha cambiado la industria en 25 años
Premios Goya 2026
Desde la última edición de los Goya en Barcelona en el año 2000, la producción audiovisual se ha disparado y diversificado gracias al impulso femenino y territorial

Fotografía de familia de los galardonados en la 39 edición de los Premios Goya de la Academia de Cine

Fue con Todo sobre mi madre (1999) cuando la lente de Pedro Almodóvar se alejó de Madrid y se posó por primera vez en Barcelona. Manuela, el personaje de Cecilia Roth, emprendía viaje a la capital catalana en busca del padre de su hijo recién fallecido. Un año después, ese gesto encontró su eco fuera de la pantalla: la Academia trasladó por primera vez los premios Goya a Barcelona y, como si la ciudad ya estuviera escrita en el destino de la película, Todo sobre mi madre fue la gran ganadora de la noche. Roth no pudo estar allí. “Ese año estaba rodando fuera de España y no tuve la posibilidad de ir”, recuerda la actriz en conversación con Guyana Guardian . “Lloré de emoción viendo a Marisa Paredes recibir mi premio a mejor actriz. Y tantos otros que recibió la película”. Veinticinco años después, la gala regresa a la ciudad en un contexto muy distinto: la producción ha crecido un 283%, la financiación se articula en un ecosistema donde conviven televisiones y plataformas, y el panorama cinematográfico es mucho más plural.

“Uno de los grandes cambios ha sido la irrupción con fuerza de las cinematografías gallega, vasca, catalana y andaluza, que están haciendo un cine muy especial y muy propio”, explica la crítica de cine Nuria Vidal. “La aparición de mujeres y de cineastas de estos territorios constituye una de las grandes transformaciones”. En la gala de Barcelona del 2000, Cuando vuelvas a mi lado , de Gracia Querejeta, pese a su nominación, no obtuvo premios. En esta edición, nombres como Carla Simón o Alauda Ruiz de Azúa lideran las propuestas más relevantes del año con Romería y Los domingos .
“Yo en el 2000 tenía siete años; no vengo de una familia de cineastas, así que no tengo recuerdo de la última Barcelona con los Goya”, explica Gemma Blasco. No fue hasta la adolescencia cuando la hoy nominada a mejor dirección novel por La furia , película que aborda la violencia sexual y sus consecuencias emocionales, empezó a interesarse por el cine. “Levantar este proyecto ha sido duro y, hasta el gran boom del #MeToo , había miedo a acercarse a temáticas como esta”. Comparte categoría con proyectos como Sorda de Eva Libertad, sobre una mujer con discapacidad auditiva que afronta la maternidad, y Estrany riu , donde Jaume Claret Muxart habla del despertar sexual de un adolescente. “Este año ya no hay solo diversidad de temáticas, sino también de miradas, de estilos y de géneros”, subraya Blasco.

La producción se ha disparado un 283% en un ecosistema dominado hoy por las plataformas
“Yo creo que el cine refleja el tiempo en que vivimos y lo que el público necesita ver hoy no es lo mismo que hace 25 años”, señala el productor Edmon Roch, ganador del Goya a mejor producción por El Niño en 2015. “La gran diferencia es el afianzamiento de la producción y el crecimiento industrial”, añade, apuntando a la irrupción de las plataformas y a la transformación de las ventanas de consumo como motores del cambio: “Hoy se produce y se ve más cine que nunca”. A ello suma la consolidación de las escuelas. “Cuando me fui a estudiar cine en el año 92 tuve que irme a Londres; ahora las nuevas generaciones tienen la misma o mejor formación aquí”. Cita casos como el del director de fotografía Edu Grau –responsable de la imagen de películas como Buried – y el sonidista Oriol Tarragó, ganador múltiple del Goya por trabajos como El orfanato , ambos formados en la Escac.
“En el 2000 había francotiradores como Almodóvar o Saura, casos muy aislados de gente hecha a sí misma y sin una industria sólida detrás; hoy existe un tejido organizado con nombres que hacen tanto cine comercial como de autor”, explica Sergi Casamitjana, director de la Escac. “El ecosistema actual es mucho más favorable: haces una película y se estrena en doscientos países. El cine español refleja hoy una diversidad y una calidad que no habíamos tenido nunca”.

La directora Belén Funes, graduada de la Escac, obtuvo en 2020 el Goya a mejor dirección novel por La hija de un ladrón , un drama sobre la lucha de una joven por construir una vida propia junto a su bebé y al margen de un padre ausente. “Yo creía que no iba a ganar porque competía con películas dirigidas por hombres que habían sido mucho más populares que la mía”, recuerda. “La aparición de las escuelas de cine tiene mucho que ver con la inclusión de las mujeres cineastas: son alumnas que han sido tratadas como iguales en el aula y eso hace posible que puedan verse a sí mismas haciendo cine”.
“Las cinematografías gallega, vasca, catalana y andaluza, están haciendo un cine muy especial”, dice la crítica Nuria Vidal

Este año, las cifras del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) se sitúan en torno a las trescientas obras, frente a las 98 registradas en 2000. Este crecimiento, sin embargo, pone a prueba la capacidad de conservación del sistema. “Si queremos un sistema audiovisual sostenible y con futuro, el incremento de las ayudas a la producción debe ir acompañado de un aumento de los recursos destinados a la preservación”, advierte Pablo La Parra, director de la Filmoteca de Catalunya. Desde 2021, la institución ha registrado un aumento cercano al 300% de nueva producción catalana en sus fondos, lo que exige más inversión y refuerzo de infraestructuras.
La próxima edición de los Goya se celebra este sábado en el Auditori Fòrum CCIB. “Han pasado 26 años y los Goya siguen tan vivos y presentes como siempre”, dice Cecilia Roth. “Su escenario ha sido testigo de discursos memorables. Este año, en el que hay tanto que decir sobre el mundo y sus catástrofes naturales, humanas y políticas, será de nuevo la voz del cine, una voz que no se calla”.