
De 'Verano azul' a 'El 47': L'Auditori rescata bandas sonoras como preámbulo a la gala de los Goya
El mirador
Caderas y panderos del público se inquietan en las butacas de L’Auditori removidos por los recuerdos. La Banda Municipal de Barcelona interpreta la sintonía que Carmelo Bernaola compuso para Verano azul (1981). Ya había provocado una reacción parecida un poco antes, cuando la orquesta entonó el pasodoble que Miguel Asins Arbó escribió para La vaquilla (1985), de Luis G. Berlanga. El espectador se anima porque el pasodoble, por sí solo, ya es animado. Pero quizá también porque a la memoria acude la escena en la que los soldados republicanos infiltrados en el bando nacional intentan secuestrar el animal en medio de la fiesta y de la corrida de toros de la localidad de Sos del Rey Católico.
El concierto ofrecido por la Banda Municipal de Barcelona ayer en L’Auditori, sin embargo, más que una fiesta, se planteó como un preámbulo de la gala de los Goya, que se celebra en el Centre de Convencions Internacionals de Barcelona ( CCIB) el próximo sábado. La fiesta será entonces. Hacía 26 años que los premios no se entregaban en la ciudad, así que con la actriz Victoria Luengo como maestra de ceremonias y bajo la batuta de José R. Pascual-Vilaplana se presentaba la ocasión ideal para repasar algunas de músicas creadas para el cine.
No era el momento de recrearse en la nostalgia desatada, sino de recordar que el cine también se construye con música que empuja las bicis de 'Verano azul' y el bus de 'El 47'
De diferentes épocas. Porque en la sala Pau Casals de L’Auditori sonaron piezas de compositores que han amenizado clásicos de la pequeña y de la gran pantalla, pero también programas y filmes más recientes. Es el caso de los cerca de seis minutos que la orquesta dedicó a la música que compuso Zeltia Montes para detallar los pocos escrúpulos de Javier Bardem en El buen patrón (2021). Con esa rítmica repetitiva de cuando el protagonista pasea por su fábrica. También cuando intenta manipular a alguien. Válida también cuando la presión de la comisión de excelencia va en aumento. Es un suspense queridamente cómico, pero no contradictorio, como el de la sintonía de Bernaola para el programa de debate La clave de TVE, tan inquietante que inducía mucho más a asesinar que a contrastar opiniones. La melodía también formó parte del repertorio.
Junto a estas piezas, el público también pudo disfrutar de las composiciones de Paula Olaz para Nora (2020) o de Arnau Bataller para El 47 (2024) –los dos, presentes en la sala–. Quizá menos conocidas que los clásicos que la orquesta hizo sonar al principio del concierto, pero igualmente eficaces para evidenciar la vitalidad actual de la música cinematográfica.

La fanfarria –conjunto de piezas breves y enérgicas para ceremonias– que Antón García Abril ideó para la gala de los Goya abrió la velada. No es un nombre cualquiera. Es autor de bandas sonoras para cine y televisión que han marcado una generación, como Sor Citroën o Curro Jiménez. También de la sintonía de El hombre y la Tierra. Si algún músico se hubiera salido del guion para entonar aquel bambam baram bambambam de la cabecera de la serie documental de Félix Rodríguez de la Fuente, panderos y caderas se habrían removido mucho antes. Seguro.
No sucedió. No hubo ningún Manuel Vital en la orquesta. No era el momento de recrearse en la nostalgia desatada, sino de recordar que el cine también se construye con música que empuja las bicis de Verano azul y el bus de El 47. Quizá mejor así, porque había que mantener la compostura para llegar fresco –y caliente al mismo tiempo– al repiqueteo de la percusión que Roque Baños imaginó para Alatriste (2006), y culminar así este concierto que funcionó como un preludio de las alfombras rojas y los focos que se encenderán el próximo sábado.
