
Seguimos hablando griego
Sí, no es ninguna tontería: seguimos hablando griego. El castellano y el catalán son lenguas neolatinas, como el occitano, el rumano o el galaicoportugués; por lo tanto, la mayoría del léxico lo han heredado del latín vulgar, una lengua evolucionada respecto del latín clásico. Pero el latín ya había tomado una buena cantidad de palabras del griego; por lo tanto, en nuestro latín evolucionado usamos muchos vocablos de la lengua de Safo de Lesbos. Son las palabras patrimoniales, es decir, las que han ido heredándose de generación en generación, sin interrupción.
Antes habíamos incorporado palabras que decían los habitantes de este rincón de mundo, como los íberos. Como pasa con la tierra de las plantas, este fenómeno se llama sustrato, y hace referencia a la lengua que era la propia de estas tierras y sobre la que creció la que implantaron los romanos con su expansión. Después entraron palabras germánicas y arábigas, que también hicimos nuestras y que hoy son tan propias como las que más, como guardián o azúcar.
Hoy, a pesar de la hiperpresencia del inglés, la lengua de Safo de Lesbos todavía interesa
En el caso del griego se ha producido otro fenómeno que aún ha alimentado de más palabras helénicas la lengua que hablamos cotidianamente, porque ahora creamos nuevas. Pero como las palabras no pueden brotar de la nada, si no es que se trata de onomatopeyas (la formación de palabras a partir de la imitación de sonidos naturales), lo que se hace en estos casos es echar mano de palabras existentes y componer o derivar, con resultados nuevos. Un ejemplo es criptoginia, de oculto y mujeres, que es la ocultación o menosprecio de la aportación de las mujeres en los distintos ámbitos culturales, sociales y científicos; o geopolítica, de Tierra y del gobierno de la cosa pública, relacionado con el punto de vista geográfico y político de una región.
Hoy, a pesar de la hiperpresencia del inglés, el griego sigue interesando, porque es preciso conocer la cuna de nuestra cultura. Por ello, en un momento en el que los diccionarios en papel prácticamente han desaparecido, dado que la actualización que permite la versión digital convierte los volúmenes en fotografías de un instante, es una buena y gran noticia que se publique la segunda edición revisada del Diccionari grec-català. D’Homer al segle II d.C.
Según fuentes de Enciclopèdia Catalana, la editorial que lo publica, “que un diccionario como este agote la primera edición, que estudiosos y universidades reclamen una segunda edición, y que esta se haga revisada y mejorada, es una gran noticia”. Después de un decenio de la primera edición, es, efectivamente, una noticia que honra la cultura catalana porque honra nuestros orígenes. Así pues, la enhorabuena a los autores Joan Alberich (director de la obra, con Francesc Cuartero), Jaume Almirall, Joan Andreu Martí, Josep Granados y Daniel Ramon.
