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Tu Van Gogh probablemente es chino.

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Dafen, cerca de Hong Kong, busca un

Las copias de Van Gogh siguen siendo las más demandadas. Puesto callejero en Darfen 

Las copias de Van Gogh siguen siendo las más demandadas. Puesto callejero en Darfen 

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Un brazo que sostiene un pincel de dimensiones colosales señala el acceso a Dafen, la localidad de los artistas situada cerca de Shenzhen y a apenas una hora de trayecto ferroviario desde Hong Kong. Desde este sitio, en sus años de apogeo, se distribuía casi el 70 por ciento de las réplicas al óleo de todo el planeta: en efecto, la representación de cacería sobre el mueble de la estancia, el entorno natural que decora la alcoba del hotel o la obra de Van Gogh en la antesala del dentista, es sumamente probable que todos hayan sido enviados desde la China continental hasta sus muros.

Dafen se convirtió a finales de los ochenta del siglo pasado en el proveedor mundial de copias al óleo de las pinturas de los grandes artistas europeos y americanos; ahora el Dafen Oil Painting Village ha devenido también un ejemplo de cómo China busca reinventarse: el negocio está girando hacia los artistas emergentes, que crean obras originales y buscan llamar la atención de galerías y coleccionistas de todo el mundo.

Las pinturas se pueden entregar con sus marcos, también imitaciones de época 
Las pinturas se pueden entregar con sus marcos, también imitaciones de época Max de Bruyn

Un paseo, que debe ser bien largo ante la desmesura de su producción, ilustra esta doble realidad. El pueblo, aunque en realidad se trata de un barrio más de esa también desmesura que son las megápolis chinas de bastantes millones de habitantes, alterna los callejones estrechos, donde se sitúan las tiendas-talleres de los artistas, a veces minúsculas, los puestos callejeros y los vendedores de a pie que ofrecen Van Goghs al visitante, con nuevos espacios ultramodernos, al estilo de los museos de arte contemporáneo que han abierto por todo el país.

Huang Jiang, creador de Darfen,

Pero si muchos de esos centros tienen dificultades para llenarlos, no hay bastantes exposiciones para tanto edificio de autor, aquí no sufren ese problema, además de los jóvenes que empiezan y se trasladan a Dafen, sabedores de que el Village está en el punto de mira de los ojeadores, los artistas que empezaron copiando a Monet o Degas están cambiando.

“¡Bienvenidos al sitio web de Dafen Oil Painting Village! Aquí, la tradición se fusiona con la modernidad, y la réplica convive con la originalidad. Nuestros jóvenes artistas, con su colorido y creatividad, pintan el lienzo de la individualidad y los sueños”. La web oficial de Dafen proporciona los datos esenciales, pero una docena larga de sitios en la red, que aumenta continuamente, ofrecen información sobre artistas y galerías y ponen en contacto a los pintores con los posibles clientes. 

Se pueden comprar retratos de Mao Zedong o incluso Elon Musk, o encargar uno personal con solo una fotografía
Se pueden comprar retratos de Mao Zedong o incluso Elon Musk, o encargar uno personal con solo una fotografíaAFP

Páginas como dafennet.com funcionan como catálogos en los que se pueden encontrar un Autorretrato de Rembrandt por 300 dólares, la Mona Lisa de Da Vinci por 180 dólares, La joven de la perla de Vermeer por 180 dólares o Los girasoles de Van Gogh por cien, realizadas por el centenar de artistas/copistas que patrocinan.

Todas las obras son personalizables en sus medidas; también todas las escuelas, estilos y movimientos están disponibles para el comprador, en el paseo por el Village el visitante encuentra estudios dedicados al barroco neerlandés, el hiperrealismo norteamericano o las vanguardias rusas, y si no tienen lo que busca, lo puede encargar: una fotografía del cuadro elegido es suficiente. Hay pintores especializados en Modigliani, Roy Lichtenstein, Renoir, Andy Warhol o, más inesperado, Caspar David Friedrich. 

Para cumplir los plazos de entrega, se trabajaba en cadena: unos pintaban los cielos, otros las figuras, otros daban los últimos acabados

También se pueden elegir los marcos, lo que ha dado lugar a otro boyante negocio en la región. Las pinturas se envían a todo el mundo, también los retratos, y de nuevo basta con una fotografía compartida por WeChat, que estos pintores artesanos reproducirán con una en general más que aceptable calidad.

Todo empezó en 1989, con un comerciante de Hong Kong bastante avispado, Huang Jiang; hijo de una profesora de arte, había empezado pintando réplicas para clientes europeos, al principio a precios ridículos, hasta ir haciéndose un nombre y ampliar el negocio. Fue entonces cuando decidió instalarse con un grupo de pintores en la que era una aldea hakka de pescadores de apenas 300 habitantes para dar salida a los numerosos encargos que recibía.

El Sunrise Art Center es uno de los nuevos centros de arte contemporáneo 
El Sunrise Art Center es uno de los nuevos centros de arte contemporáneo Getty

Para satisfacer una demanda que aumentó de manera exponencial, con encargos de 360.000 pinturas a entregar en cuatro meses, llegaron más artistas, unos procedentes de las escuelas de Bellas Artes y otros autodidactas, y se formó a campesinos y pescadores, la mayoría de los cuales se convirtieron, mediante la repetición continua y rápida, en especialistas hábiles; además, se instaló una línea de producción: unos se encargaban de los fondos, otros de las figuras, otros de los acabados, en cadena.

La prosperidad hizo llegar a más pintores o aspirantes a serlo, en algunos momentos fueron más de diez mil. Las obras de Van Gogh estaban entre las más solicitadas, y por ello entre las más reproducidas; se pueden encontrar todavía en Dafen establecimientos como el Van Gogh & Monet Art Homestay, un moderno centro de varios pisos especializado en ambos creadores. Ante las quejas internacionales por los derechos de autor, se ha prohibido la copia de obras de artistas vivos o de los que no hayan transcurrido más de 50 años de su muerte.

La euforia llegó a su fin con la crisis del 2008, después el cierre mundial por la Covid redujo aún más las cifras, pero los clientes internacionales fueron sustituidos por los nacionales, el rápido crecimiento de la clase media se tradujo en millones de hogares que esperaban ser decorados, y ahora los artistas chinos se alternan con los europeos como fuente de inspiración. Fue el primer reajuste. Los datos oficiales hablan en la actualidad de más de 2000 artistas que producen anualmente un millón de pinturas al óleo en sus alrededor de doscientas galerías, pero hay más.

El objetivo ahora es ser un centro de creación y aprovechar la cercanía de Hong Kong, con su feria y sus compradores

Con su superficie cercada de apenas un par de kilómetros, Dafen Oil Painting Village se ha convertido en un destino turístico que cada año visitan cientos de miles de personas, procedentes de China, pero cada vez más viajeros internacionales a medida que el pueblo entra en las guías. Una de sus atracciones son los talleres, contemplar en vivo el trabajo de los pintores, y comprar a buen precio. En el documental Los Van Gogh de China, Zhao Xiaoyong explicaba que sus reproducciones se vendían en Ámsterdam diez veces más caras de lo que le pagaba su cliente.

El Huangjiang Oil Painting Plaza funciona a la manera de un coworking, en el que varias decenas de tiendas comparten espacio; el visitante deambula entre Obamas o Maos, pinturas tradicionales de pájaros o flores, bodegones del siglo XVII o, por supuesto, Van Goghs. También, con ayuda de un traductor, puede hablar con los propietarios de los estudios y con los artistas, quienes explican historias muy similares, como la que nos cuenta Liu Yaoliang, quien lleva más de veinte años reproduciendo a Picasso o Kandinski, y que llegó a Dafen en el 2000 con un amigo que le había hablado de los talleres de pintura, en los que podía ganar más que en la cadena de la fábrica.

Liu Yaoliang ha empezado a producir sus propias obras, como Chen Yuansheng, formado en Bellas Artes y copista de Jackson Pollock, quien desarrolla actualmente una línea original de pintura basada en los paisajes exuberantes de la isla de Hainan.

Darfen se ha ido adaptando a la llegada de turistas, con terrazas, cafés y heladerías modernas
Darfen se ha ido adaptando a la llegada de turistas, con terrazas, cafés y heladerías modernasGetty

Las autoridades chinas se han implicado a fondo en esta conversión, de epicentro de la copia a un distrito de cultura y producción originales, con la creación de centros como el Museo de Art e de Dafen, que programa exposiciones de nivel, como la de Giorgio Morandi hace un par de años, la primera en el sur de China. 

El Sunrise Art Center, con más de 3.000 metros cuadrados de exposición, funciona como un centro de intercambio de titularidad privada entre artistas de Shenzhen, Hong Kong y Macao; el edificio que lo alberga, una vivienda hakka dañada por un tifón, se ha reconstruido integrando un diseño moderno y muebles y materiales que provienen de reliquias de toda China. Y el espacio TNT, una antigua fábrica de marcos también de titularidad privada, ha establecido acuerdos con un centenar de artistas de todo el mundo e iniciado una colección de arte. 

Todo ello, sumado a las galerías modernas, festivales y residencias, con el objetivo declarado de atraer a los participantes y visitantes de la millonaria e influyente feria Art Basel Hong Kong, aprovechando su proximidad geográfica. Y su todavía encanto de algo paradójicamente auténtico.

CUANDO ZHAO ENCONTRÓ AL “LOCO DEL PELO ROJO” Y HONRÓ SU TUMBA

Zhao Xiaoyong viajó en el 2014 a Europa y su vida dio un vuelco. Desde hacía veinte años, su trabajo, el de su esposa, su hermano y su cuñado había sido copiar pinturas de Van Gogh, día y noche. El minúsculo apartamento en el que vivían los Zhao y sus dos hijos, de dos piezas, servía de hogar y estudio, allí comían, dormían, pintaban y formaban a los recién llegados. Nada fuera de lo normal en Dafen.

Pero Zhao era diferente a la mayoría de los miles de pintores que entonces trabajaban en la ciudad: amaba a Van Gogh, le interesaba realmente su pintura, investigaba en libros y fotografías, vio la película El loco del pelo rojo... Pero le faltaba algo. Quería conocerlo, de verdad.

Zhao Xiaoyong con sus interpretaciones personales sobre Van Gogh 
Zhao Xiaoyong con sus interpretaciones personales sobre Van Gogh Darfen Village

Antes de llegar a Darfen, Zhao Xiaoyong nunca había oído hablar del artista neerlandés. Tampoco había visto nunca una pintura al óleo. Pronto demostró maneras, para captar las estructuras, para entender el color, también los pinceles, para dirigir y perfeccionar a los otros copistas, pero esa facilidad, y esa dedicación, ¿lo convertían en artista, o seguía siendo un mero reproductor?

La pregunta que perseguía a Zhao aún se hizo más intensa cuando pudo viajar a Ámsterdam y Arlés para rodar el documental Los Van Gogh de China. La cámara sigue su rostro un tanto decepcionado cuando descubre que su cliente neerlandés, el que le había hecho miles de pedidos durante años, no tenía una galería de arte, sino un quiosco de souvenirs. Allí se vendían sus pinturas.

En el museo Van Gogh su trabajo despertó mucho interés, pero tuvo una revelación: cuando le preguntaron por sus obras de creación propia, se dio cuenta de que, después de veinte años, no había producido ninguna. De vuelta a Dafen, esa idea le perseguía como antes lo había hecho la figura de Van Gogh.

Actualmente, Zhao Xiaoyong combina las copias con sus propias obras, poseedor de un estilo personal, y está en paz. Tal vez a ello contribuyó la ofrenda, tres manzanas y tres cigarrillos traídos desde China, que dejó respetuosamente en la tumba de Vincent.

Isabel Gómez Melenchón

Isabel Gómez Melenchón

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