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LATIDOS
Vigencia de un jesuita del

Retrato de Baltasar Gracián por Vicente Carderera

“Nunca competir. Toda pretensión con oposición daña el crédito”. “Nunca hablar de sí. O se ha de alabar, que es desvanecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad”. “Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos”. “No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir”. “Saberse atemperar. No se ha de mostrar igualmente entendido con todos, ni se han de emplear más fuerzas de las que son menester”...
En 1992 se produjo en EE.UU. Un fenómeno editorial curioso: cierto antiguo texto del jesuita aragonés del siglo XVII Baltasar Gracián se convertía en superventas, transformado en manual de acción para ejecutivos. La editorial Doubleday había publicado The art of wordly wisdom, traducción a cargo de Cristopher Maurer de Oráculo manual o El arte de la prudencia, pero en vez de presentarlo como un clásico lo dirigieron al gran público. Es una colección de 300 aforismos sobre la prudencia y el éxito, “consejos atemporales para la navegación social y la vida política”, como los que abren este artículo.
Poco antes, la editorial Guanda había dado a conocer su versión en italiano como “300 máximas de un jesuita del XVII para el manager de hoy”.
⁄ De acuerdo con Fumaroli, el jesuita, de vigencia constante, instruye en preservar la rectitud y desmantelar la envidia.

Dadas estas circunstancias, la casa editora madrileña Temas de Hoy optó igualmente por rescatar El arte de la prudencia ajustado al español contemporáneo, al cual han sucedido múltiples versiones en diversas firmas. Hoy en día resulta sencillo localizar aquella cuidadosamente elaborada por Emilio Blanco para Ariel, entre distintas opciones.
¿Por qué este mantenido interés por el trabajo de Gracián, y sobre todo por esos aforismos, estratégicos, morales y a veces rozando el cinismo?
Nacido en 1601, fallecido en 1658, este autor estudió en Calatayud, Zaragoza y Tarragona, enseñó en distintos colegios de la compañía de Jesús, ejerció de confesor y predicador y fue capellán castrense. Autor de una amplia bibliografía, destaca la novela filosófica El Criticón, considerada su obra magna, aparecida en tres partes en 1651, 1653 y 1657.
Pese a que la entrega inicial se publicó bajo un nombre falso, le provocó reproches y avisos por parte de sus jerarcas, lo que finalmente derivó en su exilio hacia Graus. Representa una alegoría sobre las etapas de la vida humana mediante las vivencias de dos figuras, Andrenio y Cirilo.
La lingüista e integrante de la RAE Aurora Egido, notable experta en su legado, quien recientemente ha editado un conciso y provechoso Baltasar Gracián o la libertad de ingenio ( Institución Fernando el Católico), estima El Criticón como “la culminación de la cultura humanística”, “síntesis de las disciplinas y de los géneros literarios más diversos, una obra universal que más allá de su tiempo”.


No fue sin embargo este volumen extenso y difícil el que le daría ya en su época prestigio internacional, sino el citado y mucho más breve Arte de la prudencia, pronto traducido a los principales idiomas.
Otro gran especialista en el humanismo moderno, el francés Marc Fumaroli, dedicó un ensayo a La extraordinaria difusión del Arte de la prudencia en Europa (Acantilado), donde relaciona las consideraciones de Gracián con el maquiavelismo, el tacitismo -Tácito habría sido el Maquiavelo de la antigüedad clásica- y el galicanismo político -que buscaba la subordinación de la Iglesia al estado-.
Para Fumaroli, L´homme de cour -que así se tradujo- es también un clásico intemporal en lengua francesa. Aunque por el título parece “más un manual de arribismo cortesano que otra cosa”, el autor enseña “el arte de guardar intactas en nuestro interior la propia singularidad y virtud”, con el suficiente ingenio “para desbaratar a tiempo los torcidos manejos de la envidia, la ambición y la hipocresía de los hombres del rebaño”.
“ No despreciar el mal por poco, que nunca viene uno solo”, “ir siempre prevenido” y “ vivir a la ocasión ”, recomendaba el jesuita. ¿Seguimos necesitando sus lecciones en nuestros días?
