Dinero

China protege la propiedad intelectual

Comercio, marcas y patentes

Ya no representa el centro de artículos pir

Un muñeco chino Labubu, un éxito internacional víctima de falsificaciones

Un muñeco chino Labubu, un éxito internacional víctima de falsificaciones

Clodagh Kilcoyne / Reuters

Los funcionarios chinos están en guerra con una pequeña y endiablada criatura de unos quince centímetros de altura que guarda un sorprendente parecido con un muñeco Labubu, el sensacional peluche creado por Pop Mart, una empresa china.

Fábricas de todo el país están produciendo imitaciones conocidas como Lafufus. La infestación ha desencadenado una campaña nacional de “caza de Lafufus”, mientras las autoridades realizan redadas y cierran tiendas en línea que los venden.

La policía de Shanghái dio un gran golpe en julio cuando descubrió que una empresa local acumulaba un alijo de juguetes falsos valorado en 12 millones de yuanes (1,7 millones de dólares).

China ha constituido históricamente un núcleo de piratería. Para los compradores resulta sencillo hallar desde aderezos comestibles fraudulentos de Nestlé hasta calzado deportivo Nike de imitación.

Y las marcas no son la única forma de propiedad intelectual (PI) que se piratea con facilidad. Las multinacionales extranjeras que se instalaron en el país en los años posteriores a la apertura de la economía china al mundo se quejaban a menudo de que les robaban sus secretos comerciales.

Así, General Motors, fabricante de automóviles estadounidense, descubrió en el 2003 que un socio chino lanzaba un modelo sorprendentemente similar a uno de los suyos. Kawasaki, conglomerado industrial japonés, y Siemens, el alemán, creen que se sustrajo su tecnología para ayudar a construir la extensa red de trenes de alta velocidad de China.

China registra una saturación judicial con más de 5

En los últimos años, sin embargo, la protección laxa de marcas y patentes se ha convertido en un problema creciente para las numerosas empresas chinas que han emergido como potencias de la PI por derecho propio.

Los Lafufus son solo un ejemplo. Fabricantes chinos de todo tipo de productos, desde teléfonos inteligentes y motocicletas hasta paneles solares y baterías, luchan por proteger su PI. Su batalla se está globalizando.

Los tribunales chinos se han visto inundados de casos de PI, que ya superan los 550.000 al año, lo que convierte al país en el más litigioso del mundo en este tipo de disputas.

A menudo los jueces tienen que llevar los casos a un ritmo vertiginoso, de uno al día. Shanghái suele ser el lugar preferido porque sus jueces dominan bien la legislación relacionada. Pero las empresas y los abogados consideran que el proceso en la ciudad es desesperadamente lento: pueden pasar tres meses solo para que un caso entre en la lista del tribunal.

El exceso de capacidad industrial de China ha alimentado el problema, ya que los propietarios de fábricas paradas buscan formas de darles uso. Li Hongjiang, del bufete Guantao, en Pekín, cuenta que ha estado representando a un fabricante de motocicletas de la ciudad sudoccidental de Chongqing en su lucha contra plantas chinas que copian sus motos. La ciudad es un polo de fabricación de vehículos, pero tiene muchas plantas cogiendo telarañas. En cuanto gana un caso contra una fábrica, otra empieza a producir falsificaciones, señala.

El alto coste de los expertos en propiedad

Los imitadores chinos no solo amenazan a sus compatriotas. El exceso de capacidad manufacturera también ha provocado una avalancha de productos de imitación en el extranjero, lo que ha generado más choques con empresas occidentales cuya PI ha sido expoliada.

En Estados Unidos, por ejemplo, los casos relacionados con patentes que implican a em­presas chinas aumentaron un 56% en el 2023, según datos reco­pilados por GEN, otro bufete chino. Muchos de estos casos se centraban en comerciantes que venden productos en Amazon, la plataforma estadounidense de comercio electrónico. Pero también fueron frecuentes los pleitos relacionados con equipos de comunicaciones y de electrónica.

Estos choques reflejan en parte la falta de experiencia china con sistemas de protección de la PI más estrictos en el extranjero. A menudo las empresas chinas entran en un país sin realizar análisis de “libertad de operación”, que son aquellas que evalúan si un producto infringirá patentes en un nuevo mercado, explica Xia Feng, de GEN.

Más recientemente, algunas han empezado a contratar altos responsables jurídicos internos con competencias sobre litigios internacionales de PI; “pagan muy bien estos puestos”, añade Xia.

Pero, rompiendo con el pasado, cada vez son más las empresas chinas las que acusan a competidores extranjeros de robarles ideas. Luckin, una cadena de cafeterías, demandó con éxito a una empresa en Tailandia que había abierto locales con el mismo nombre y un logotipo casi idéntico. Trina Solar, compañía china de energías renovables, ha demandado a Canadian Solar, rival con sede en Ontario que fabrica la mayoría de sus paneles solares en China, por infracciones de PI en Estados Unidos.

A medida que las empresas chinas se aventuren en el exterior, cabe esperar más batallas de este tipo.

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