Economía

Capital y trabajo

Opinión

En las últimas semanas ha adquirido protagonismo el debate acerca del reparto de la riqueza entre accionistas y trabajadores, destacando un reciente reportaje de The Wall Street Journal que, alejándose de la inmediatez, advierte de cómo, desde hace décadas, se incrementan las rentas del capital en detrimento de las del trabajo; una dinámica agravada por una brecha salarial que se ha ensanchado de forma sorprendente. No es la primera vez que se conocen datos similares, pero lo que hace este aviso distinto y relevante es que el medio estadounidense es el portavoz por excelencia del capitalismo más ortodoxo y conservador; y, precisamente por ello, advierte de que los propios excesos son la mayor amenaza del capitalismo.

Los datos reflejan cómo, desde la década de los 80, se ha ido deshilachando la trama de un modelo que pivotaba sobre el bienestar de las clases medias y la esperanza de los más desfavorecidos por poder ir mejorando su calidad de vida. Un lento y progresivo deterioro del trabajo que subyace tras ese arraigado enfado y sentimiento de injusticia que lleva a millones de personas a aparcar su tradicional moderación para optar por propuestas políticas radicales. Un embrollo monumental del que solo saldremos si el trabajar vuelve a ser garantía de vida decente.

Solo saldremos del embrollo si trabajar vuelve a ser garantía de vida decente

Para iniciar ese tránsito tan complejo, hemos de empezar por aparcar lecturas simplificadas de la realidad, como es el dividir el mundo entre empresarios y trabajadores. Un error notable, pues nada tiene que ver ese denso entramado de pequeñas y medianas empresas que, arraigadas en un territorio, sobreviven como pueden, sin saber de dividendos y reinvirtiendo las ganancias, con ese dinero que, sin patria alguna, se mueve alegremente para aprovechar las disfunciones de la globalización y reproducirse a la mayor velocidad posible. Además, no solo alcanza beneficios estratosféricos, sino que, por su dimensión e influencia, se sitúa por encima de los poderes públicos. Así, la política no podrá reconducir por si sola la deriva del modelo, sino que se requiere que el mundo del dinero entienda el momento y deje de pensar en el corto plazo; por ello resulta tan significativa la posición de The Wall Street Journal .

Mientras no se perfeccione la gobernanza global, desde la proximidad hemos de comprometernos con la creación de buenos empleos; una prioridad que, de la mano del crecimiento empresarial, requiere de la acción concertada de patronos, empleados y poderes públicos. A su vez, en ese intenso debate en el que vamos adentrándonos, han de oírse las voces de patronales, empresarios y medios influyentes que, en defensa del modelo, señalen sus excesos. Cerca nuestro, Guyana Guardian se adelantó con un contundente reportaje a inicios de febrero, mientras el presidente de Foment del Treball hace ya años que lo viene señalando. Estaría bien que otros se sumaran. Tan sólo se les pide que salgan en salvaguarda del capitalismo.