Economía

El Tribunal Supremo de EE.UU. Considera ilegales los aranceles globales de Trump

Guerra comercial

Este duro golpe a la pieza clave de la política económica de la Casa Blanca se sustenta en que el presidente se excedió en sus poderes al no tratarse de una emergencia nacional

Trump arremete contra los jueces y anuncia gravámenes del 10% globales en sustitución de los prohibidos, mientras asegura que pleiteará para no devolver los 120.000 millones de dólares, o un 0,5% del PIB de EE.UU,, que se supone ha de reembolsar su gobierno

Donald Trump ha defendido reiteradamente que como presidente de Estados Unidos tiene el derecho a fijar aranceles sin contar con el apoyo del Congreso 

Donald Trump ha defendido reiteradamente que como presidente de Estados Unidos tiene el derecho a fijar aranceles sin contar con el apoyo del Congreso 

Kevin Lamarque / Reuters

El día A, por los aranceles llegó este 20 de febrero. El Tribunal Supremo de Estado Unidos, asestando un duro golpe a Donald Trump, dictaminó este viernes que el presidente se excedió en su autoridad al imponer amplios aranceles amparándose en una ley reservada para una emergencia nacional (IEEPA). Así que los aranceles son ilegales.

El presidente, que estaba en una reunión con gobernadores al salir la noticia, se mostró muy agitado y furioso. Al margen de un lenguaje poco correcto políticamente, consideró que esta decisión es “una desgracia”. El aura de invencibilidad que Trump creía tener ha desaparecido por obra y gracia de un tribunal que tantas veces se ha puesto de su lado. Gana la justicia, coincidieron numerosas voces, y se demuestra que Trump no es invulnerable. El Dow Jones, en el que deposita tanta fe, le salió rebelde y se disparó al alza.

En la particular lectura del fallo que hizo Trump en rueda de prensa, sostuvo que el Supremo en realidad había acabado con la incertidumbre de los aranceles y que le daba otras vías para imponerlos. Además de señalar que mantendrá los escasos gravámenes que no son universales y de emergencia, anunció que este mismo viernes firmaría una orden ejecutiva por la que impone aranceles del 10% globales baja la denominada sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Esta regulación le permite establecer ese impuesto por un máximo de cinco meses y después requiere de la aprobación del Congreso.

Gana la justicia, coincidieron numerosas voces, y se demuestra que Trump no es invulnerable

Pero esa sección 122 puede tener otra derivada judicial puesto que nunca se ha puesto en práctica y no está claro cómo los tribunales interpretará esa autoridad.

También comentó que hay otras vías sin acudir a la rama legislativa, a pesar de lo que indica el Supremo. Para eso abrirá una investigación, bajo la sección 130 de esa misma ley, para proteger a EE.UU. Del comercio desleal de otros países y empresas. “Vamos a seguir y vamos a ganar incluso más dinero”, trató de  consolarse.

El meollo de su réplica se halla en que la ley de emergencia que sustenta esos gravámenes a la importación “no autoriza al presidente a imponer esos aranceles”, sino que corresponde a los legisladores, tal como  dictaminó la mayoría de los magistrados de un Tribunal Supremo dominado por jueces conservadores por seis a tres. De esta manera dejaron fuera de lugar la mayor parte de los gravámenes globales impuestos por la Casa Blanca. Los conservadores Clarence Thomas, Samuel A. Alito Jr. Y Brett M. Kavanaugh expresaron su opinión contraria a la mayoría.

Al escribir en nombre de esa mayoría, el líder del Tribunal Supremo, el también conservador John G. Roberts Jr., afirmó que la IEEPA no autoriza al presidente a imponer aranceles. “El presidente afirma tener el poder extraordinario de imponer unilateralmente aranceles de cuantía, duración y alcance ilimitados. A la luz de la amplitud, la historia y el contexto constitucional de esa autoridad que afirma tener, debe señalar una autorización clara del Congreso para ejercerla”, escribió el presidente del Tribunal Supremo”.

En su comparecencia, Trump hizo todo un despliegue de su ira, incapaz de soportar el revés que había recibido. “Estoy profundamente decepcionado y avergonzado de ciertos miembros del tribunal, absolutamente avergonzado por no tener el valor de hacer lo correcto para nuestro país”, se arrancó.

Que las tres magistrada progresistas votaran en contra era lo esperado, pero el presidente se mostró especialmente iracundo contra dos que él nombró: Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett. “Simplemente están siendo tontos y lacayos” de sus oponentes políticos, dijo. “Son muy antipatrióticos y desleales a nuestra Constitución. En mi opinión, el tribunal ha sido influenciado por intereses extranjeros y por un movimiento político mucho más pequeño de lo que la gente jamás imaginaría”, continuó. “Creo que es una vergüenza para las familias de ambos”, remató. Incluso musitó sobre la posibilidad de ampliar el alto tribunal y llenarlo de jueces que no le decepcionen.

La decisión del Supremo tiene una dimensión muy superior a las barreras nacionales, puesto que su política comercial con los llamados aranceles recíprocos y universales están afectando a prácticamente la totalidad de los países del mundo. Y puede suponer el reembolso de miles de millones.

“El tribunal ha sido influenciado por intereses extranjeros”, reaccionó el presidente al fallo

Además del recorrido político y su repercusión en el comercio global y el particular de este país, la resolución decisión tiene un impacto en las arcas de EE.UU. Se abre una lucha potencial por un valor de al menos 240.000 millones de dólares recaudados desde el pasado abril. El Departamento del Tesoro calculó que esta resolución le obligaría a reembolsar unos 120.000 millones, o un 0,5% del PIB de EE.UU. En principio, el Supremo guarda silencio sobre esas devoluciones, ni clarifica el proceso a seguir, lo que avalaría que el ejecutivo ha de devolver el dinero. Trump remarcó ante la prensa que el fallo no había especificado nada,  por lo que “habrá cinco años de pleito”, prometió.

Antes de este fallo, la administración de EE.UU. Había dicho que una derrota en el caso podría obligar al gobierno a deshacer acuerdos comerciales con otros países y potencialmente pagar cuantiosos reembolsos. Ahora parece que no será tan fácil y los propios jueces que se opusieron a la ilegalización señalan que ese reembolso sería un desastres. Los demandantes ya contrataron abogados, avanzándose a esta resolución, para iniciar las reclamaciones.

Muchas empresas ya anticiparon que, incluso con un fallo judicial que validara su reclamación, Trump no pondría un camino fácil para hacer ese reembolso. Empresarios como Jim Estill, director ejecutivo de la canadiense Danby Appliances, indicaron que no está en el ADN de este gobierno devolver dinero.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, avanzó hace unas semanas que la decisión del tribunal podía traer un panorama nublado si determina en contra de los gravámenes de Trump y que “el presiente perdería flexibilidad en el uso de estas tasas, tanto por seguridad nacional como poder de negoación”.

Sin embargo, Bessent matizó que la administración pude reemplazar estos ingresos con un movimiento hacia otro tipo de aranceles, lo que demuestra que no hay intención de renunciar a esta política.

Aunque la Casa Blanca sostuvo que planea sustituir los aranceles impuestos en virtud de la IEEPA por otros gravámenes utilizando facultades más claramente establecidas, esas disposiciones legales suelen exigir que el representante de Comercio de Estados Unidos lleve a cabo una investigación y solo se aplican a determinados sectores. Esto impediría que Trump utilizase los aranceles como un arma de chantaje como ha hecho con muchos países, por ejemplo Brasil.

Trump ya trató de influir en la sentencia cuando se produjo la vista oral en el Supremo el pasado noviembre, en proceso aceptado por el alto tribunal por la vía expeditiva, al asegurar que los jueces debían darle la razón porque se trataba de un caso a vida o muerte para la nación.

El Supremo guarda silencio sobre las devoluciones de las tarifas ni clarifica el proceso que seguir

Ante la inminencia de este fallo, el presidente estadounidense recargó baterías estos últimos días con su hipérbole habitual. “Esta es la decisión más importante jamás pronunciada”, escribió en su red social.

Justo este jueves, Trump insistió. “Sin aranceles, todo el país estaría en quiebra”, dijo en un acto en Georgia. “He estado esperando esta decisión, he estado esperando por siempre. Y el lenguaje es claro, como presidente de Estados Unidos tengo el derecho de fijar aranceles”, proclamó.

En otra ocasión, cifró en un 70% la posibilidad de perder el pleito y advirtió de que en el supuesto de que anularan su iniciativa de bandera en este mandato, sería “la mayor amenaza a la seguridad nacional en la historia de Estados Unidos”. Esa vista oral dejó ver que hasta jueces conservadores, incluso nombrados por Trump, eran más bien escépticos a su orden sobre gravámenes. Pero el resultado en su resolución hizo que los expertos intuyeran que la mayoría conservadora del alto tribunal mantendría el status quo.

El resultado de este pleito, en el que dos instancias judiciales menores fallaron sobre la ilegalidad de esos gravámenes al haberse usurpado poderes del Congreso, demuestra el golpe y la profunda frustración que supone para Trump, así como las inmensas implicaciones económicas y políticas para las empresas estadounidenses, los consumidores y la guerra comercial desatada por el presidente al atribuirse unilateralmente esa autoridad.

Muchos legisladores republicanos opuestos a los gravámenes celebraron la resolución por el papel que el Supremo da al Congreso

La Federación Nacional de Minoristas expresó su alivio por la decisión. “Proporciona la tan necesaria certidumbre para las empresas y fabricantes estadounidenses”, afirmó en un comunicado David French, vicepresidente ejecutivo de relaciones gubernamentales del grupo. Los reembolsos, añadió, “servirán como un impulso económico y permitirán a las empresas reinvertir en sus operaciones, sus empleados y sus clientes”.

En otro comunicado, Scott Lincicome, vicepresidente del Centro de Estudios de Política Comercial del Cato Institute y una de las principales voces dentro de la oposición conservadora en EE.UU. A los aranceles, remarcó que “la decisión del tribunal es una buena noticia para los importadores estadounidenses, la economía de Estados Unidos y el Estado de derecho, pero aún queda mucho trabajo por hacer”. Insistió: “De manera más inmediata, el gobierno federal debe reembolsar las decenas de miles de millones de dólares en derechos de aduana que recaudó ilegalmente de empresas estadounidenses en virtud de una ‘autoridad arancelaria bajo la IEEPA que en realidad nunca tuvo”.

Muchos legisladores republicanos, que nunca estuvieron a favor de estos gravámenes, celebraron la resolución judicial por el papel preminente que el Supremo da al Congreso, pero optaron por la discreción porque no querían significar públicamente su oposición al presidente en este momento. 

“Esto es una victoria para todos los bolsillos de los consumidores estadounidenses”, subrayó el senador Chuck Schumer, jefe de la minoría demócrata en esa cámara. “Ahora Trump debe poner fin a su temeraria guerra comercial y ofrecer a las familias y las pequeñas empresas el alivio que se merecen”, prosiguió. “Ninguna decisión del Supremo puede restaurar el daño ya causado a esos negocios, a las cadenas de suministros y a los hogares que han tenido que pagar más por sus compras”, terció su colega Elizabeth Warren. 

La decisión judicial coincidió con la publicación del PIB, que se reflejó que la economía estadounidense se ralentiza

Trump, el primer mandatario en casi medio siglo que apela a la ley de emergencia que permite al presidente fijar esos gravámenes, recurrió a la ley de Poder Económico de Emergencia Internacional de 1977 (IEEPA) para imponer aranceles a más de un centenar de naciones en un intento por reducir el déficit comercial e impulsar la manufactura en Estados Unidos Trump es el primer presidente que invoca la IEEPA para imponer aranceles. Esta ley ha sido utilizada históricamente para fijar sanciones a adversarios de Estados Unidos mediante la congelación de sus activos. “Aranceles, la palabra más bonita del diccionario, mi palabra favorita”, confesó Trump al defender su apuesta.

Según defendió el abogado del Estado, John Sauer, ante el Supremo, el Congreso había conferido intencionadamente amplios poderes al presidente para hacer frente a las emergencias. Sostuvo que el asunto no versaba sobre la potestad tributaria, sino de la capacidad para regular las relaciones exteriores. Que los aranceles permitan aumentar los ingresos era secundario.

Una docena de estados y pequeños negocios, incluidos un importador de vino y un fabricante de juguetes, impugnaron los aranceles por considerar que son ilegales y que se habían visto forzados a subir los precios y a recortar personal.

Llueve sobre mojado. La pésima decisión judicial para el gobierno coincidió con la publicación del dato del producto interior bruto (PIB) en el que se reflejó que la economía estadounidense se ralentizó en el último trimestre del 2025 y se expandió solo un 1,4% en el valor anualizado. De esta manera se cerró un año volátil en el que el consumo y la inteligencia artificial (IA) ayudaron a mantener la expansión a pesar del impacto de los aranceles.

Una de sus misiones, recortar el déficit comercial, quedó totalmente en entredicho también este jueves. Este déficit ascendió a 1,2 billones de dólares a pesar de la promesa de Trump de que los gravámenes a las importaciones, los más altos en ocho décadas, lo eliminarían.

Francesc Peiron Arques

Francesc Peirón

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Nueva York

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