La que lió Epstein con las princesas y otros escándalos reales
LA SEMANA ROSA
La crisis de la monarquía noruega por el juicio a Marius Borg y la relación de Mette-Marit con el pederasta frente al escándalo de Sarah Ferguson

Andrew Mountbatten-Windsor, Sarah Ferguson, Jeffrey Epstein; Mette-Marit y Marius Borg

En Noruega no ha habido ningún día de la semana que la temperatura haya alcanzado un grado positivo. Ni tan siquiera los 0º C. Pero a pesar del gélido frío, las cosas están que arden en el país nórdico. Especialmente, en el seno de la monarquía con una Mette-Marit que fue muy cuestionada cuando se casó con el príncipe heredero Haakon debido a su pasado turbio y turbulento y que no ha habido manera de clarificar ni de apaciguar con el paso del tiempo. 25 años después de anunciar su polémico compromiso y a las puertas de celebrar las bodas de plata el próximo verano, todo parece indicar que el cuento de hadas de la princesa salvaje, que aportó al matrimonio un niño de cuatro años de una relación anterior, está a punto de llegar a un punto de no retorno.

Y ese niño, Marius Borg, creció. La ranita del cuento lo tenía todo para convertirse en un apuesto príncipe, a pesar de que oficialmente no forma parte de la realeza noruega. Pero optó por querer demostrar quién era con mucha droga y mucho sexo. Si también había rock’n’roll es lo de menos. La cuestión es que el pequeño, que ahora tiene 29 años, se sienta desde este martes en el banquillo de los acusados por 38 cargos, entre ellos cuatro por violación, maltrato y tráfico de drogas. La broma, que es de todo menos una broma, le puede costar diez años de prisión e incluso16 años si es hallado culpable de los delitos más graves.
Para rizar más el rizo, unas cuantas horas antes del inicio del proceso contra él fue nuevamente detenido, y ya van cuatro las veces desde 2024, por supuestamente “agredir, amenazar con cuchillo y vulnerar la orden de alejamiento” de una de sus presuntas víctimas. Empezaba bien la cosa. En su declaración ante el juez, el hijastro del futuro rey noruego no pudo evitar las lágrimas. Reconoció haber llevado una vida de excesos, que atribuyó a una “necesidad extrema de afirmación”, ya que “se me conoce como al hijo de mamá, nada más”. Menudo trauma. Por eso, acabó llevando una vida con “mucho sexo, mucho alcohol” (…). Pocos pueden identificarse con la vida que he llevado”. En eso, tiene razón.

Pero si las cosas van mal, aún pueden ir peor. La tormenta perfecta se precipitó sobre Mette-Marit, y no era la borrasca Leonardo. En el mismo momento en que su primogénito afrontaba su juicio, otro caía sobre ella al revelarse su estrecha relación con Jeffrey Epstein. Los archivos desclasificados vinculados al pederasta dejaron al descubierto los numerosos correos electrónicos de carácter íntimo y tono seductor que ambos se intercambiaron entre el 2011 y el 2014, cuando Epstein ya había sido condenado por la justicia. La princesa heredera incluso se alojó en su casa de Palm Beach (Estados Unidos), una de las propiedades en las que se abusó de menores. “París es bueno para el adulterio”, le escribió ella. “¿Vendrás a verme pronto? Extraño a mi amiga loca”, afirmó él.
Tantas locuras han llevado a los noruegos a casi enloquecer con el culebrón que viene sirviendo la casa real, a pesar de la buena imagen que todavía mantienen los reyes Harald y Sonia y los primeros pasos dados por la prometedora heredera del heredero, la princesa Ingrid, a quien le están acelerando la agenda oficial para que gane protagonismo. En fin, que todos los esfuerzos se han ido al traste. Una encuesta publicada esta semana indica que el 70% de los noruegos considera que la monarquía se ha debilitado en el último año. Y, cómo ya predijo la difunta princesa Ragnhild, tía de Haakon y hermana del rey, cuando afirmó que esperaba morirse antes de que Mette-Marit se convirtiera en Reina, un 47% de los súbditos piensa como ella, es decir, desea que eso no ocurra jamás, mientras que el 30% defiende todavía su entronización. El debate está más que servido.

Un debate que en el Reino Unido ya está algo más resuelto, al menos en la propia casa de los Windsor. Evidentemente, los nuevos documentos desclasificados de Epstein vuelven a salpicar al hermano de Carlos III, Andrew Mountbatten-Windsor. En este caso, con más correos electrónicos cuando el magnate ya estaba condenado, una fotografía en la que se le ve de cuatro patas encima de una joven y una nueva investigación en marcha tras la denuncia de una mujer que habría sido enviada por Epstein al Reino Unido para mantener un encuentro sexual con el expríncipe en su polémica residencia de Royal Lodge, que, por cierto, ya ha abandonado esta misma semana. Casi nada, pero poco comparado con las revelaciones que apuntan a su ex, Sarah Ferguson.

La exduquesa de York también intercambió muchos mails con Epstein. Y su contenido ha resultado sorprendente, tanto que incluso se ha quedado sin su fundación benéfica. Según estos documentos, Ferguson incluso habría pedido al pedófilo que se casara con ella poco después de que saliera de la prisión. “Estoy a tu servicio. Cásate conmigo”, se lee en uno de los correos. Además, la excuñada de Carlos III compartió información privada y sexual de su hija pequeña con el magnate. “Estoy esperando a que Eugenia vuelva de un fin de semana de sexo”, escribió cuando la princesa cumplía los 20 años y fue a celebrarlo con quien ahora es su marido. Las hijas de los exduques de York están horrorizadas, según la prensa británica. Y no hay para menos.

Tanto escándalo real ha eclipsado el universo rosa de la semana. Que si Chris Noth ha vuelto a cargar contra Sarah Jessica Parker, poniendo otra vez en evidencia que el buen rollo que tenían en Sexo en Nueva York se esfumó cuando él fue acusado de agresión sexual y ella le giró la espalda. En fin… O los impactantes vestidos de Lady Gaga y Kesha al semidesnudo de Chappell Roan en los Grammy en los que triunfó Bad Bunny y los discursos contra el ICE. A pesar del disgusto de Trump, el puertorriqueño repetirá protagonismo el domingo en la final de la Super Bowl. El espectáculo está servido.