Las Claves
- Trump capturó a Maduro ilegalmente para controlar el petróleo de Venezuela mediante empresas estadounidenses sin instaurar un mando democrático favorable.
- El mandatario ignora a Edmundo
Trump declara que administrará Venezuela hasta que logre instaurar un mando que le sea favorable, permitiendo así que las empresas de crudo estadounidenses aprovechen los yacimientos más extensos de la Tierra. No obstante, da la impresión de que no cuenta con nadie para llevarlo a cabo.
Da la impresión de que no considera a Edmundo González, triunfador de los comicios presidenciales del año previo, ni a la premio Nobel María Corina Machado, pues los dos faltaron ayer en Mar-a-Lago y en toda alusión al destino de Venezuela.
Trump ha secuestrado a Maduro en una acción militar ilegal lo cual representa un anuncio de hostilidades y que, asimismo, no ha logrado terminar con el régimen dictatorial.
La sustitución parcial de regímenes constituye una equivocación crítica que EE.UU. Ejecutó en Afganistán, Irak y Libia, naciones en las cuales la incursión armada resultó en un desastre de tal magnitud que sus secuelas, tras varios decenios, todavía no se han logrado solventar.
Celebraciones en las calles de Quito tras conocerse la noticia del arresto del presidente Maduro acompañado de su esposa en Caracas.
Maduro fue un mandatario despótico. La Corte Penal Internacional efectúa pesquisas contra él por transgresiones de lesa humanidad que la ONU ha verificado. Su gobierno es cruel, delictivo y negligente, imposibilitado para producir bienestar económico pese a sus recursos petroleros. El 80% de los ciudadanos venezolanos padece pobreza. La cotidianidad es tan dura que ocho millones de individuos han emigrado, mientras los grupos de poder civiles y militares han prosperado económicamente. Diversos jefes han participado en el comercio de estupefacientes y EE.UU. Imputa a Maduro, puntualmente, por encabezar un narcoestado .
No obstante, pese a lo anterior, resulta ilícito agredir a una nación con el fin de apresar a su dirigente e imputarle cualquier cargo criminal. Contraviene lo estipulado en la Constitución de EE.UU., la cual requiere el consentimiento del Senado para tales maniobras.
Aun si el propósito de Trump fuera “restablecer la democracia”, la detención forzosa de Maduro resultaría igualmente ilícita ya que supone un ejercicio de la violencia que la Carta de las Naciones Unidas proscribe tajantemente. Un estado solo está facultado para emplear la fuerza al rechazar una invasión, tal como ha hecho Ucrania, en lugar de arremeter contra otra nación, como ha sucedido con Rusia y Estados Unidos.
Trump, actuando al margen de la legalidad y careciendo de un relevo para Maduro, no logra poner fin al régimen autoritario.
Interceptar buques cisterna en zonas marítimas internacionales constituye una ilegalidad y acabar con la vida de numerosos individuos en presuntas narcolanchas supone realizar asesinatos fuera de la ley. Debido a esto, Trump no guarda grandes diferencias actualmente con Putin. Los dos confían en un orden global fundamentado en el poderío físico más que en la normativa jurídica. Por lo tanto, Maduro carece de la posibilidad de recibir un proceso legal imparcial en EE.UU.
Trump confía en que los hermanos Rodríguez, la vicepresidenta Delcy y Jorge, el presidente de la Asamblea Nacional, acepten la tutela de Estados Unidos. Anhela que los generales igualmente lo aprueben y desea que de forma conjunta combatan a las distintas organizaciones delictivas presentes en Venezuela, tales como el Tren de Aragua y el Ejército de Liberación Nacional, agrupación insurgente de Colombia que ha evolucionado de la ideología marxista hacia el narcoterrorismo.
Trump tiene la seguridad de que la cúpula venezolana abandonará la revolución bolivariana para proteger sus beneficios. Bajo su visión no existen los principios, únicamente las conveniencias.
¿Realmente busca Trump una sustitución de gobierno en Venezuela? Me parece que no es así. Su auténtico interés radica en establecer una zona de protección alrededor de los yacimientos petrolíferos, las plantas de refinado y los muelles de embarque. Confía en que las fuerzas armadas, los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, el ministro del Interior y Justicia y antiguo referente del chavismo inicial, le garanticen dicha estabilidad.
¿Cuál será el resultado si no actúan? Que Venezuela se sumergirá en un desorden todavía más aterrador. La agresividad se propagará sobre la precariedad. No existirá manera de frenarla, tal como sucedió en Irak, Libia y Afganistán. Estas tres naciones brindan una enseñanza esencial que EE.UU. Suele ignorar: no resulta factible transformar un gobierno desde el extranjero. Los procesos revolucionarios solo tienen éxito si brotan de la estructura social, como ocurrió con la bolivariana en su tiempo. Cuando la revolución consume a sus propios integrantes, como ha pasado en Venezuela, la única alternativa es que estos miembros consigan derribar a los déspotas que los subyugan.
Cuba tiene la posibilidad de atravesar un porvenir similar al de Venezuela, mientras que México ya ha sido advertido.
Trump percibe las cosas de otra manera. Posee una confianza absoluta en el poder militar y financiero y, debido a esa obsesión, se alista para repetir en Cuba las acciones realizadas en Venezuela. Desea fervientemente que su Delta Force intervenga en La Habana. El mandatario Miguel Díaz-Canel corre el riesgo de ser capturado y el círculo que lo acompaña podría ser tentado para integrarse a la vasta empresa de la Corporación Trump.
La mandataria de México, Claudia Sheinbaum, se encuentra igualmente bajo aviso, de la misma forma que la jefa de gobierno danesa, Mette Frederiksen, en relación con Groenlandia.
Es posible que China haya extraviado a un gran proveedor de crudo en Venezuela, aunque ha obtenido a Taiwán. Xi comprende a partir de ahora que Trump permitirá su toma de la isla, del mismo modo que Putin percibe que Ucrania le pertenece un tanto más actualmente. Sus territorios, de cualquier forma, resultarán inviables si carecen de la legislación que nos equipara. El poderío jamás ha logrado someter a nadie de manera permanente.


