Las Claves
- Donald Trump evalúa ataques militares y acciones cibernéticas contra Irán mientras las protestas populares se intensifican en toda la nación.
- Las manifestaciones contra el régimen han
Estados Unidos ha incrementado sus advertencias hacia Irán durante la serie de manifestaciones contra el régimen que afectan a la nación desde el cierre de diciembre, al tiempo que Israel ha activado su vigilancia máxima ante la eventualidad de una operación armada de Estados Unidos para respaldar las movilizaciones populares.
Conforme a informantes de Estados Unidos mencionados por la prensa regional, el mandatario Donald Trump ha tenido conocimiento recientemente sobre diversas alternativas ante Teherán que abarcan ofensivas castrenses puntuales, acciones informáticas secretas, el reforzamiento de los castigos financieros y el respaldo técnico a disidentes internos. Según indica The Wall Street Journal , Trump tenía previsto obtener este martes un reporte minucioso acerca de dichas posibilidades.
A pesar de no haber llegado a una determinación concluyente, el mandatario ha vuelto a declarar de forma pública que Estados Unidos tomará medidas si el régimen iraní persiste en el uso de la fuerza para aplacar las movilizaciones. “Irán está mirando a la libertad, quizá como nunca antes. Estados Unidos está listo para ayudar”, publicó el sábado.
Según señala una organización no gubernamental, ya han fallecido 490 manifestantes y 48 integrantes de los cuerpos de seguridad.
Las manifestaciones se iniciaron el 28 de diciembre debido al grave declive financiero y al incremento en los precios de subsistencia, aunque pronto se transformaron en una confrontación frontal contra el régimen clerical establecido después de la revolución islámica de 1979.
De acuerdo con el grupo de derechos humanos Hrana, localizado en Estados Unidos, un mínimo de 490 participantes en las protestas y 48 integrantes de los cuerpos de seguridad han fallecido durante dos semanas de altercados, al tiempo que por encima de 10.600 individuos han resultado arrestados. Las autoridades iraníes no han difundido números oficiales, y Reuters no ha tenido la posibilidad de confirmar los reportes de manera autónoma.
Buscando frenar la inestabilidad, el mandatario de Irán, Masud Pezeshkian, declaró durante una charla con la cadena pública que su administración se encuentra “listo para escuchar a su pueblo” y prometió reestructurar un sistema financiero seriamente dañado. “La gente tiene preocupaciones. Debemos sentarnos con ella y, si es nuestro deber, resolverlas”, manifestó. Sin embargo, culpó a Estados Unidos e Israel de intentar “sembrar el caos y el desorden” mediante la manipulación de sectores de la protesta y avisó que “el deber superior” de la nación consiste en evitar que “un grupo de alborotadores destruya toda la sociedad”.
Las estructuras del sistema han vuelto más estricta la naturaleza de los datos dirigidos a la población.
La actitud moderada del mandatario choca con la retórica más severa de las fuerzas de seguridad. El departamento de inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) describió los incidentes violentos ocurridos en las manifestaciones como “terroristas” y alertó que su persistencia resulta “inaceptable”. Mediante una nota publicada por la agencia Student News Network, asociada al gobierno, la entidad sostuvo que “la sangre de las víctimas de los recientes incidentes terroristas recae sobre los planificadores” y recalcó que la protección de la sociedad representa una “línea roja” para la República Islámica.
Los funcionarios igualmente han reportado agresiones hacia instalaciones de carácter civil. El medio informativo Tasnim afirmó que, a lo largo de las revueltas, cerca de 150 ambulancias resultaron dañadas en diversas zonas de la nación. Al Yazira no ha logrado corroborar tales declaraciones.
El mandatario Pezeshkian, mediante una alocución moderada, se manifestó el domingo respecto a la actualización de la economía.
La circulación de noticias provenientes de Irán ha sufrido restricciones severas debido a una interrupción de internet prácticamente absoluta iniciada al concluir la semana anterior. No obstante, grabaciones validadas por Reuters exhiben multitudinarias reuniones nocturnas en Teherán, donde grupos de personas avanzan gritando lemas, además de choques violentos en localidades como Mashhad, que presentan fuegos, detonaciones y vías repletas de restos. El canal oficial del estado, en cambio, ha mostrado registros de numerosos sacos de cadáveres en el depósito de la capital, responsabilizando de estos fallecimientos a las maniobras de “terroristas armados”.
En Teherán, el titular del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, envió un aviso contundente a Washington: toda ofensiva contra Irán tornaría a Israel, al igual que a la totalidad de las bases y buques estadounidenses en la zona, en “objetivos legítimos”. “En caso de agresión, los territorios ocupados y las posiciones militares de EE.UU. Serán nuestro blanco”, declaró el exjefe de la Guardia Revolucionaria, advirtiendo frente a “cualquier error de cálculo”.
Bajo estas circunstancias, Israel ha incrementado su estado de vigilancia. Informantes de la seguridad de Israel ratificaron que la nación se alista para diversos escenarios frente a una eventual actuación de Estados Unidos. Si bien un oficial de alto rango destacó que las manifestaciones representan una cuestión doméstica, afirmó que las fuerzas armadas monitorean atentamente el desarrollo de los hechos y se encuentran listas para actuar “con contundencia, si es necesario”.
Este incremento ocurre durante una etapa de fragilidad en la zona para Irán, tras los reveses padecidos por socios como Hizbulah y las consecuencias del conflicto de 12 días mantenido con Israel el año anterior, donde Estados Unidos arremetió contra plantas atómicas iraníes y Teherán reaccionó lanzando proyectiles hacia Israel y una base de Estados Unidos en Qatar.
Fotografías confirmadas evidencian fuegos y protestas en la ciudad capital y en variadas zonas de la geografía nacional.
A pesar de la gran escala de las manifestaciones, diversos observadores cuestionan que la movilización consiga derribar al sistema. “Es más probable que el poder termine sofocando las protestas, pero salga del proceso considerablemente debilitado”, comentó a Reuters el exfuncionario diplomático estadounidense Alan Eyre, quien enfatizó que las cúpulas iraníes permanecen unidas y que carecen de una alternativa política coordinada para sacar partido del malestar social.
