Anne Sebba,historiadora, periodista y escritora:

“Puedes ser muy culto y una bestia al mismo tiempo”

Tengo 74 años. Soy londinense. Soy periodista desde los 20 años. Fui corresponsal para la agencia Reuters. He escrito 11 libros. Colaboro con ‘The Guardian’, ‘The Times’... Soy viuda, así que vivo sola. Tengo tres hijos y seis nietos. En política reina la intolerancia. Nací judía y orgullosa de serlo, pero no soy religiosa. (Foto: Serena Boltón)

¿Cómo nace una orquesta de mujeres en Auschwitz?

Los nazis querían que Auschwitz pareciera un campo militar en lugar de un campo de exterminio.

¿Y la orquesta tocaba marchas militares?

Sí, necesitaban contar cuerpos y la música marcaba el paso y facilitaba el recuento. No era música hermosa, era tortura.

¿Qué privilegios tenía la orquesta?

Eran unas 45 mujeres, algunas profesionales y muchas adolescentes que sabían tocar algún instrumento. Todas sobrevivieron a las cámaras de gas, tenían acceso al baño cuando lo necesitaban y camas con literas; ese era el privilegio. Aunque en Auschwitz la palabra privilegio resulta obscena.

La orquesta la organizó Alma Rosé. ¿Quién era esta mujer?

La sobrina de Gustav Mahler, hija del concertino de la Filarmónica de Viena. Realeza musical. No se veía a sí misma como judía, pero las leyes raciales nazis sí.

¿A qué edad llegó a Auschwitz?

A los 36 años. Fue llevada al bloque pseudocientífico para experimentos de fertilidad. Sabía que probablemente moriría en la mesa de operaciones sin anestesia. Como petición antes de morir pidió un violín.

¿Se lo concedieron?

Sí, y tocó con todo su corazón. Tenía un talento extraordinario. La guardiana Maria Mandl le dijo: “Te convertiré en capo si puedes crear una orquesta en condiciones. Y salvarás tu vida”.

¿Mandl quería cultura en el infierno?

Quería prestigio. Y quizá impresionar a un amante nazi más educado que ella. La orquesta era su proyecto personal. La única puramente femenina de todos los campos.

¿Las guardianas eran peores que ellos?

Muchas supervivientes lo dijeron. Las mujeres ejercían el control cotidiano. Si un mechón asomaba del gorro, sacaban el látigo. Eran el rostro diario del castigo.

Las músicas judías tenían prohibido tocar Beethoven o cualquier música alemana.

Sí, pero una tarde en el barracón lo hicieron, se arriesgaron, porque allí también había antisemitismo. Una polaca fue advertida: si tocaba con judías perdería el apoyo de su grupo católico. La supervivencia era una negociación constante.

Los nazis consideraban inferiores a los judíos… pero disfrutaban de su talento.

Esa es la contradicción. Anita Lasker-Wallfisch contó que Josef Mengele, agotado tras una jornada de asesinatos, pidió que le tocaran Schumann para calmarse. Puedes ser muy culto y una bestia al mismo tiempo. Ambas cosas pueden existir a la vez.

También obligaban a acudir a conciertos.

Durante horas, sentadas sobre cenizas humanas todavía calientes. No es una paliza, pero es tortura psicológica.

¿Las prisioneras odiaban la orquesta?

Sí. Volvían exhaustas del trabajo, a veces cargando a una compañera muerta, mientras la banda tocaba y ellas debían marchar al ritmo, y si no lo hacían las apaleaban. También las envidiaban porque creían que tenían privilegios, no veían sus humillaciones.

Algunas obligadas a cantar desnudas.

A Claire Moniz le hicieron cantar desnuda ante oficiales. Fue profundamente humillante. Y tocaban en las fiestas de los SS.

¿Cómo eran esas fiestas?

Desmadradas. Les cubrían la cabeza rapada y las vestían para que estuvieran presentables. Las trataban como animales. Les lanzaban restos de comida al suelo.

Dicen que Alma era agresiva.

Si alguien tocaba desafinado, la castigaba limpiando el suelo. Esperaba excelencia absoluta porque sabía que si no eran suficientemente buenas no sobrevivirían. Vivía bajo una presión enorme.

Murió en el campo en 1944.

Sí. Es la gran ironía. Salvó a otras, pero no pudo salvarse. Murió de envenenamiento por botulismo. No sabemos si fue accidente o deliberado; tenía muchos enemigos.

¿Quién la sustituyó?

Sonia Vinogradova la sustituyó, pero ya no fue lo mismo. La orquesta se tambaleó. En 1944 separaron a judías y cristianas. Unas fueron enviadas a Belsen; otras marcharon hacia Ravensbrück.

¿Qué es lo que más le impactó?

La resiliencia. Incluso tras vivir y ver lo peor, sigues queriendo vivir. Gilda, en Belsen, repartía la sopa en raciones iguales. Cuando le preguntaron por qué se comportaba bien tras tanto horror, respondió: “Si no nos comportamos lo mejor que podemos, ¿qué sentido tiene sobrevivir?”.

¿Qué lección deja esta historia?

La necesidad de tolerancia hacia las minorías, de plantar cara, de expresar nuestra opinión antes de que sea demasiado tarde. Hay cosas espantosas y terribles que están sucediendo en el mundo. No tiene sentido quejarnos en privado, debemos alzar la voz cuando vemos inhumanidad.

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