Barcelona inicia un año político de consolidación de líderes y acoso y derribo a Collboni
Política municipal
El alcalde encara el ocaso del mandato con un objetivo claro: no cometer errores de bulto y conseguir que el relato sobre la crisis del acceso a la vivienda no se gire en su contra

Jaume Collboni, durante el pleno del ayuntamiento del pasado 19 de diciembre

Es probable que no se cumpla ninguna de las predicciones que se apuntan en estas líneas. Es lo bonito de la política municipal, que puede dar un vuelco de la noche a la mañana. El fiasco del Fòrum de les Cultures del 2004, el socavón del Carmel del 2005, la consulta de la Diagonal del 2010, el desalojo de Can Vies del 2014; o fenómenos de más larga cocción, como el incivismo, el turismo masivo, la inseguridad o el boom de la ultraderecha. Barcelona es una ciudad a la que le encanta quejarse, rasgo que, lejos de ser cosa mala, dice mucho de hasta qué punto sus moradores la adoran. En este contexto, el momento político atraviesa un largo río tranquilo que en el 2026 empezará a agitarse. Jaume Collboni cerrará cuatro años de gobierno en solitario y sin un solo presupuesto aprobado por la vía ordinaria, pero con un liderazgo en el partido que nadie discute. La oposición ungirá a sus candidatos de cara al 2027, cosa que recrudecerá el acoso y derribo al alcalde, sobre todo en materia de vivienda, pues por primera vez en la historia moderna, residir en Barcelona es más un lujo que un derecho.
El líder del PSC ya sabe que terminará el mandato sin socios de gobierno. Lo intentó con Junts, BComú y ERC; sin suerte. Con 10 concejales, Collboni vive a merced de la buena voluntad del resto de grupos, que en el tramo final irá a menos. Los socialistas, de hecho, tras plantear una cuestión de confianza en noviembre, empezarán el año con el presupuesto aprobado; el más expansivo de la historia. Por primera vez se superarán los 4.000 millones de euros, con la mirada puesta, no paran de repetir los representantes del gobierno, en la seguridad, la vivienda y las personas.

La crisis habitacional seguirá siendo el tema que marcará la actualidad. Pero teniendo en cuenta que es un problema de muy largo plazo, se tratará básicamente de ver quién capitaliza el relato y en qué sentido. Collboni seguirá blandiendo vivienda pública (mucha de ella, heredada de la era Colau), o sacando pecho por las leyes que limitan el alquiler. Seguirá repitiendo que en el 2028 eliminará los 10.000 pisos turísticos y reproducirá una y otra vez uno de sus leit motiv preferidos: la defensa del derecho de los barceloneses a quedarse a vivir en la ciudad.
Junts es de los partidos con tareas pendientes. El grupo municipal ha pasado demasiado tiempo relamiéndose las heridas por el adiós de Xavier Trias, al que rescataron para tratar de tumbar el colauismo. Con un grupo municipal plagado de exconsellers del Govern, no han acabado de dar con la tecla para desgastar al alcalde. Martí es el jefe, pero la bancada vive en una constante provisionalidad a la espera de que la ejecutiva designe al candidato para las municipales. Una vez elegido, deberá marcar la agenda para revertir unos sondeos que les arrebatan un buen puñado de los 11 asientos cosechados en el 2023.
Deberá decidir, entre otras cosas, si mantiene el bloqueo a la reforma de la reserva del 30% de vivienda social en nuevas construcciones y grandes rehabilitaciones que en los últimos siete años ha sumado menos de 50 pisos a la bolsa pública cuando se esperaban 330 cada año.

BComú tiene primarias en unas semanas y todo parece indicar que Gerardo Pisarello comandará el grupo desde fuera del Consistorio. Difícil tarea la suya, pues debe conseguir que los fieles a Colau también le sigan a él. Viendo que ERC opta por la oposición constructiva, buscará postularse como la única alternativa de izquierdas al PSC. En Esquerra, partido al que las encuestas no le van mal, la única duda es si subirán el tono o si se mantendrán como socios en el rellano del poder y con serias aspiraciones de entrar en el gobierno en el 2027.
El PP es un partido trabajador, pero tiene el problema de que Vox gana votos sin pestañear. Padecen el mismo mal que Junts con Aliança Catalana. La ultraderecha nostrada ya tiene sede en la ciudad. Solo le falta el candidato. Si consigue o no capitalizar algo del debate está por ver, ya que la ciudadanía de Barcelona se ha definido siempre como progresista. Pero una cosa es la ideología y otra muy distinta, estar harto de todo.
Año de grandes citas
El Tour de Francia, la visita del Papa y la capitalidad de la arquitectura
Barcelona sigue apostando por los grandes eventos para promocionarse internacionalmente. En el 2026 hay al menos tres citas que pondrán a prueba la eficiencia del gobierno municipal de cara a las elecciones del 2027. Y no son poca cosa. Primero, la capitalidad mundial de la arquitectura, un acontecimiento que debería dar pocos disgustos, poco arriesgado y destinado a aportar el barniz cultural que el gobierno quiere dar al turismo, en pleno debate sobre la masificación de forasteros. Segundo, la visita –todavía por confirmar por parte del Vaticano– del Papa durante el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, en junio. El último Pontífice que pisó Barcelona fue Benedicto XVI, en noviembre del 2010, precisamente para consagrar como basílica la Sagrada Família. Y tercero, y seguramente más delicado, la salida del Tour de Francia prevista para principios de julio. El Grand Départ pondrá a prueba la seguridad y la movilidad de la ciudad durante tres días. A esto habría que sumarle una nueva edición del Mobile World Congress, que en el 2026 cumplirá 20 años de noviazgo con Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat.

