El arco romano del Pont del Diable recupera su imagen bimilenaria
Patrimonio histórico
La intervención de la Diputación de Barcelona preserva el emblemático patrimonio de Martorell y Castellbisbal

El arco romano del Pont del Diable, recién restaurado

Hoy se ha celebrado el acto inaugural de la restauración del arco romano del Pont del Diable de Martorell-Castellbisbal. Dos mil años después de que fuera erigido y tras diversas intervenciones en momentos distintos de su larguísima historia, el trabajo que ha dirigido el Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local de la Diputación de Barcelona (SPAL), tenía como objetivo recuperar y preservar la integridad material del arco y protegerlo del deterioro ocasionado por los agentes atmosféricos y humanos, así como para prolongar su conservación en unas condiciones de uso que resulten seguras.

La presidenta de la Diputación de Barcelona, Lluïsa Moret, ha sido la encargada de inaugurar la restauración, y lo ha hecho acompañada del vicepresidente cuarto y diputado de Equipamientos, Infraestructuras Urbanas y Patroimonio Arquitectónico, Marc Castells, de la alcaldesa de Castellbisbal, Maria Dolors Conde, y del primer teniente de alcalde de Martorell, Lluís Amat. Moret ha destacado como un hecho admirable que “este puente se haya convertido en un verdadero elemento de identidad y cohesión local, en una imagen popular e icónica” y que siga dos siglos después, “situado en un estratégico cruce de caminos, carreteras y vías férreas”.
El desprendimiento en 2011 de parte del revestimiento del arco romano alarmó a los ayuntamientos
La presidenta de la Diputación de Barcelona ha recordado también que el trabajo realizado “suma valores, aporta beneficios a todos y refuerza la imagen emblemática de Martorell y Castellbisbal.”
La obras, según sus responsables, han priorizado “respetar y consolidar la materialidad para conseguir la pervivencia de la construcción histórica y mantener la imagen actual en la que el relleno interior del arco, que permanece a la vista, forme parte de la percepción y la memoria histórica de los ciudadanos y los visitantes”.

Durante el proceso de obras ha sido necesario evitar la caída de piedras al interior, controlar la arenización superficial del mortero romano que las circunda y mejorar la estabilidad de los volúmenes que sobresalen del mortero u hormigón romano. El principal reto ha sido fijar las piedras que se desprendían sin modificar el aspecto externo. Los trabajos, que se iniciaron a principios de febrero del año pasado, han tenido 11 meses de duración y un coste de poco más de 412.000 euros, financiados íntegramente por la Diputación de Barcelona.
El Pont del Diable se construyó entre los años 16-13 y el 8 a.C. Y es uno de los últimos vestigios de la red viaria romana en la zona del curso del Baix Llobregat y de l’Anoia. El arco cuenta con el máximo nivel de protección patrimonial, como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) desde 1925 y el arco desde 1931.
En 2011 se desprendió parte del revestimiento del arco romano, lo que generó la alarma de los ayuntamientos afectados, por lo que se llevó a cabo una inspección de urgencia para tener una estimación técnica y económica de posibles actuaciones. Estas se iniciaron en marzo de 2013 y se aprovecharon para poner una red de protección provisional para proteger la zona.
En la base del puente, con dimensiones de 130 metros de largo por entre 10 y 3,90 de ancho, cerca del río, se hallaron marcas de las legiones IV Macedónica, VI Víctrix y X Gérmina, que permitieron datar la construcción del puente romano y del arco.
Los enfrentamientos bélicos en este punto estratégico de la geografía catalana motivó que tanto en el puente como en el arco se libraran numerosas batallas: la que enfrentó a francos y musulmanes en 792 d.C; la batalla del Congost en 1114 contra los almorávides, los enfrentamientos durante la Guerra dels Segadors (1640-1652), la Guerra de Successió (1701-1715), la de la Independència (1806), las guerras Carlinas del siglo XIX y la Guerra Civil española (1936-1939).
Como delimitación territorial, el puente se sitúa en el punto en que el Llobregat (flumen Rubicatum) actuaría durante el periodo ibérico como límite físico entre layetanos, lacetanos y cosetanos. Hoy es el límite natural entre el Penedès, el Baix Llobregat y el Vallès Occidental.
