Gabriel Suárez: “Este país no se toma en serio el pop”
Entrevista
El padre del proyecto Lucha de Gigantes, un enamorado de los años ochenta, dejó la empresa familiar de joyería para seguir su pasión: el arte

Suárez, en su casa de Madrid

“Madrileño nacido en Bilbao” en 1979, Gabriel Suárez dejó la carrera de Derecho cuando se dio cuenta de que no era su vocación y se pasó a Periodismo, donde fue “muy feliz, y creo que me vino muy bien, porque era un niño muy tímido, y en las clases fui perdiendo el respeto a hablar en público”. Luego se integró en la empresa joyera familiar, donde, además de aprender “un poco de todo” —gemología, finanzas, comercio, gestión de equipos—, desarrolló líneas de producto ligadas al arte y la literatura, a medida que se introducía más y más en ese ámbito. Hace algo más de cuatro años inició un camino propio con su proyecto Lucha de Gigantes, que conjuntamente con Magazine ha promovido la exposición Nuevas miradas: mujeres del pop art español (UMusic Hotel Madrid Teatro Albéniz, hasta el 8 de marzo).

¿Qué es Lucha de Gigantes?
Es mi intento de crear algo diferente en el mundo del arte, que cuando yo empecé en esto era supertradicional. Sentíamos que muchas veces cruzar la puerta de una galería no es fácil, hay una barrera psicológica. Tenemos que ser capaces de que gente de 30 años entre en un lugar donde se presente arte y se sienta como en casa.
¿Empezó por necesidad, por oportunidad o por cálculo?
Soy muy pasional. Lo que había era pura pasión, sin ninguna experiencia. Pero nuestra primera exposición era un homenaje a Goya y a las pinturas negras reinterpretadas desde la visión del pop, y un año después acabó en una sala pública en Zaragoza. Así que no lo hicimos tan mal.
Tenemos que ser capaces de que gente de 30 años entre en un lugar donde se presente arte y se sienta como en casa”
¿De dónde sale el nombre?
Lucha de Gigantes viene de la canción de Antonio Vega y de aquel primer proyecto sobre Goya: me parecía que era desafiar a un coloso, uno de los mayores genios de la pintura española, con Velázquez y Picasso.
¿Es un proyecto rompedor?
Quizá nacimos con un germen más disruptivo, pero hoy somos un proyecto diferente y valiente. Vamos un poco a contracorriente y nos gusta. Nos sentimos cómodos.
¿Cómo trabajan?
He realizado proyectos en hoteles, en tiendas, en la Casa de México, en espacios alquilados, pero siempre en lugares donde cruzar la puerta era mucho más fácil. Hemos intentado fomentar un ambiente distinto. En los ochenta, en la época del arte pop, las inauguraciones de exposiciones eran fiestas, happenings donde la gente se encontraba y tomaba una copa.
En la época del arte pop, las inauguraciones de exposiciones eran fiestas donde la gente se encontraba y tomaba una copa”
¿Le gusta el arte pop?
Sí, pero nuestra filosofía es que no hay que ser un erudito para disfrutar el arte ni necesitas un texto curatorial de tres páginas para entenderlo. Mi pretensión es ser un primer paso para que mucha gente empiece a coleccionar y a disfrutar del arte. Y también hemos fomentado la relación entre artistas y coleccionistas, algo que no es habitual por el miedo de los galeristas a que los puenteen.
¿Cómo describe su actividad en Lucha de Gigantes?
Yo era muy amigo de Alberto Anaut [fue consejero delegado de La Fábrica, la editorial de la revista Matador, y fundador y presidente de PhotoEspaña; falleció en el 2023], un personaje muy potente en la cultura y que ya en mi época de Suarez me decía que yo era un agitador cultural. Me gusta ese término y me parece que sí representa ese espíritu inquieto.
¿Se siente también creador?
Creativo, sí; creador, no. Soy una persona inquieta, y cuando eres inquieto eres creativo. Mi creatividad consiste en intentar hacer las cosas de una manera diferente.
Alberto Anaut me decía que yo era un agitador cultural. Me gusta ese término que representa ese espíritu inquieto”
¿Cuál es su relación con los artistas de Lucha de Gigantes?
Es como si fuésemos una especie de mánager, su persona de confianza en España. Muchos de estos artistas nunca habían tenido nadie relevante que les apoyase aquí porque en este país no se toma en serio el arte pop, a diferencia de Francia o Estados Unidos.
Hay gente que considera el arte pop frívolo, superficial... ¿Qué les diría?
Que en todos los tipos de arte hay gente muy brillante y gente muy mala. Para mí, el pop es una corriente más. Soy muy fan de El Canto del Loco desde que salieron, y hubo una época en que los criticaban porque decían que eran la típica banda popera, y 25 años después Dani Martín sigue su carrera y ha colaborado con todos los grandes de país. El tiempo pone a la gente en su sitio.
¿Le atrae la nostalgia?
Soy un nostálgico de los años ochenta, cuando teníamos ese sentimiento de que el mundo siempre iba a ser mejor, y para mí ha sido el mejor periodo de la historia de la música, del cine y del arte.
También le atrae la República Dominicana...
He hecho la mayoría de mis proyectos en España, pero todos los años hacemos uno en Dominicana, y yo siento que es un poco como mi segunda casa. Para mí, incluir a Tania Marmolejo en este proyecto con Magazine era conectar con mi otra casa artística.
¿Qué tipo de arte tiene en su casa?
Hay un poco de todo, cosas que vienen de regalos, otras que hemos comprado, y es una mezcla de lo que le gusta a mi mujer [Sandra Rojo Picón, participante en esta iniciativa] y lo que me gusta a mí. A Sandra le gustan cosas más clásicas, y a mí, un poco más cañeras, pero esa ecuación funciona en casa. Por ejemplo, hay una Virgen atribuida al taller de Murillo, al lado de una calavera con alas de mariposa de D*Face, un creador que viene del arte urbano. Y hay una moto, una Honda de 1976, que para mí es como una escultura: era de mi mejor amigo, David, que falleció hace nueve años de cáncer.
