Protagonistas
Lucía Solla Sobral

Lucía Solla Sobral

Escritora

Domingo de películas en casa con papá

Lo que queda encendido

Podría haber sido un domingo cualquiera, pero las tostadas se quemaron un poco. Lo justo para que supieran exactamente igual que si las hubiese tostado él. Rasqué la parte negra con el cuchillo, con ese gesto heredado de mi abuela, de mi tía, de mi madre. Rascar, arreglar, no tirar nada.

Con el sabor amargo en la boca, ese domingo ya estaba atravesado por mi padre. A veces olvido que murió. Es un olvido dulce, como coger aire después de salir del agua. Entonces recuerdo que ya no está y siento que lo vuelvo a matar. Es un luto que se reinicia casi cada día, un asesinato cotidiano que sucede cuando suenan unas llaves en la cerradura y no son las suyas. Cuando sus zapatillas no se arrastran por el pasillo. Cuando me doy cuenta de que nadie es capaz de pasar por el salón sin mirar su foto de reojo.

  
  Getty Images

Su retrato no solía decorar la estancia porque él siempre estaba físicamente en el sofá. En aquel mueble verde y viejo que se mantiene idéntico, mi padre y yo compartimos infinidad de largometrajes. No éramos entendidos. No debatíamos sobre ángulos, corrientes ni técnica visual, pero tampoco fingíamos interés. Simplemente permitíamos que los relatos nos conmovieran y eso nos bastaba. Lo más relevante sucedía después, ya fuera en la cocina, en el sofá o durante los paseos, entre hipótesis espontáneas, disputas triviales y risas. A su lado, una cinta solo concluía cuando mi madre nos solicitaba que guardáramos silencio.

En mi afán por recuperarlo, por traerlo de vuelta a través de un descuido en la cocina, ese domingo que podría haber sido un domingo cualquiera comencé a ver las películas nominadas este año a los Goya. No es lo mismo ir a una sala si no está él quejándose de que el sonido está muy alto o de que debería pedir un alzador infantil. Pero, a veces, todavía espero que llegue, que se siente con una bolsa llena de gominolas que compró para mí pero que se comerá él. Que diga algo absurdo al final que nos devuelva a la realidad. Y cada domingo sigo saliendo sola del cine y pienso esta le habría gustado, pienso esta no la habría entendido, pienso esta me ha dolido. Esta me acompañará mucho tiempo. Salgo sola pero si él hubiese llegado a tiempo, al volver a casa habríamos hecho una porra. Él se las ingeniaría para hacer trampas, yo para hacerme la tonta.

Podría haber sido un domingo cualquiera, pero las tostadas se quemaron un poco y fui al cine.