“Nuestro sistema nervioso se altera y nos lleva a estar más nerviosos, más agitados”: en un mundo cada vez más ruidoso, el silencio se ha convertido en un lujo para unos pocos
Bienestar
En un mundo cada vez más lleno de estímulos, la quietud se ha convertido en un bien escaso. Nuevos gadgets ayudan a devolvernos la calma
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En un mundo cada vez más ruidoso, estos dispositivos te ayudan a conectar y conciliar el sueño para que el silencio deje de ser un lujo.
Uno de cada tres europeos está expuesto a niveles de ruido del tráfico superiores a los 55 decibelios, el umbral que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera perjudicial para nuestro organismo, y que equivale, por ejemplo, al que produce una simple aspiradora.
Para la OMS –y así los señala en su informe Environmental noise in Europe 2025–, esta contaminación acústica es “uno de los principales factores de riesgo ambiental para la salud”. Y agrega: “En comparación con otros riesgos ambientales para la salud, el ruido del transporte se encuentra entre los tres primeros, justo después de la contaminación atmosférica y los factores relacionados con la temperatura. Además, supone una mayor carga para la salud que otros factores ambientales”. Y en este caso tan solo menciona el ruido que produce el tráfico, porque a él habría que añadir el de las fábricas, las oficinas, los lugares de ocio, las conversaciones…
Se calcula que, solo en Europa, la contaminación acústica procedente del transporte “provoca la pérdida de 1,3 millones de años de vida saludable al año”, ya que ocasiona desde deterioro de la función cognitiva en los niños o trastornos del sueño hasta enfermedades cardiovasculares y… mucho, muchísimo estrés.
“No solo nos afecta el volumen, sino también el tiempo que permanece. Nuestro sistema nervioso se altera, se activa nuestra respuesta simpática, y eso nos lleva muchas veces a estar más nerviosos, más agitados”, señala Guillermo Myro, psicólogo sanitario experto en Mindfulness y gestión del estrés. “Es un problema que está muy estudiado”, precisa este profesional, director del centro Experiencing Mindfulness (ismindfulness.com).

Y es que ya en la Revolución Industrial, médicos ingleses como John Fosbroke o William Wilde (padre, por cierto, de Oscar Wilde) constataron que el ruido podía ser un riesgo para la salud, y en la pasada época victoriana, incluso se propuso legislar para controlar el ruido en las calles de Londres.
Sin embargo, en las últimas décadas, además de todos los estímulos sonoros que recibimos a diario, se suman a la ecuación otros “ruidos” más cognitivos que el experto señala: “Siempre queremos hacer muchas cosas; hay mucha infoxicación (sobrecarga de información); vivimos con mucho ruido interior y arrastramos continuamente esa idea de no querer perdernos nada”. El ya convertido en clásico FOMO (Fear of Missing Out, que los psicólogos Patrick J. Przybylski, Andrew Weinstein, Richard Murayama, y Keisuke Ryan describieron en 2013 como “aprensión generalizada de que otros puedan estar teniendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente”).
Y la respuesta, ante todo ello, es clara. Cada vez reclamamos más silencio. “El silencio supone paz interior, y eso nos da tranquilidad y nos refuerza. Vamos a todas partes corriendo, sobre todo si vives además en grandes ciudades. Por eso, el silencio nos ayuda a interiorizar, a conectar con nosotros mismos, a bajar la activación y así hacer cosas elementales como poder dormir”, señala Guillermo Myro.
Ya lo decía Borges: “No hables a menos que puedas mejorar el silencio”. Y son tantos los poetas que cantan a la ausencia total del sonido o las culturas que, a lo largo de la historia, han hecho de él su razón de ser... Sin embargo, en los últimos años reclamamos, más que nunca, su necesidad.
De ahí que constantemente surjan conceptos que reclaman, por ejemplo, Cancelación activa de ruido, Détox digital, Mindful silence, Quiet spaces, Silent zones… Hasta el punto de que, como precisa Guillermo Myro, “hemos convertido en un lujo irte a un retiro en la naturaleza y poderte relajar, pagar por el vagón en tren en silencio o tener un airpod de cancelación de ruido mejor que el de otros porque esto además refuerza nuestra autoestima. Y todo, además, lo tenemos a golpe de clic”. Por no olvidar una razón más que se da en nuestro país: “España figura entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas y otros fármacos hipnóticos o ansiolíticos”.

Active Noise Cancelling: tecnología para conciliar el sueño
Conciliar el sueño. Un propósito complicado, incluso imposible para muchos. También lo ha analizado la OMS, asegurando que escuchar por la noche ruidos de más de 30 decibelios (dB) –comparable a una biblioteca muy silenciosa– puede afectar el sueño profundo.
De hecho, un estudio de YouGov –empresa internacional de investigación de mercados– afirma que el 12% de los españoles usan para dormir tapones o auriculares. Dispositivos capaces de amortiguar el ruido gracias a lo que se denomina “aislamiento pasivo” que se logra con materiales como, por ejemplo, silicona, tal y como ocurre con los Loop Quiet 2 (17.95€), que ofrecen una reducción del sonido de hasta 24 dB, o los Loop Dream (39.95 €), que, además de silicona, incorporan espuma viscoelástica para no ejercer una presión, y que atenúan 27 dB.

Tapones cuyas características pueden parecerse a los utilizados en entornos laborales ruidosos pero que, a diferencia de estos, permiten mantener “conciencia” del entorno, como sucede con los SAFEYEAR QuitePiece (32 €) con espuma de poliuretano, y con una calificación NRR (Noise Reduction Rating) de 33 dB.
Aunque algunos de estos pequeños dispositivos ya utilizan una protección auditiva inteligente del ruido a través de la tecnología Active Noise Cancelling (ACN), como los QuietOn 4 Sleep Earbuds (259 €). Un sistema de audio que es la base de los auriculares con los que en los últimos años escuchamos música. La idea es sencilla.
Esa cancelación activa de ruido capta digitalmente el sonido ambiente a través de micrófonos, los procesa digitalmente y genera lo que se denomina ondas sonoras invertidas (los picos se conviertan en valles y viceversa) que logran superponerse a las originales para reducir las ondas sonoras que proceden del exterior. Con ello logramos desconectarnos de estímulos externos y escuchar música, lógicamente dependiendo del dispositivo, con más alta calidad.
Gadgets y cascos para cancelar el ruido
En el mercado, encontramos propuestas que complementan la ACN con otras soluciones, como Multi Noise Sensor, con varios micrófonos para detectar el ruido con más precisión, sobre todo de las frecuencias bajas –es el caso de los WH-1000XM6, de Sony (469,00 €)– o con la tecnología SmartSound, que ajusta automáticamente la cancelación de ruido según el entorno (hablamos, por ejemplo, de los auriculares inalámbricos Jabra Elite 85h, 179,95 €).
Fue el alemán Paul Lueg quien en 1936 patentó el principio en el que se basa la Active Noise Cancelling. Una solución que llegó más tarde a helicópteros o aviones militares y hasta a la NASA, y se empezó a comercializar en años 80, después de que, en 1986, la compañía estadounidense Bose diseñara unos auriculares para que los pilotos Dick Rutan y Jeana Yeager Bose completaran su vuelta alrededor del mundo en la Voyager sin repostar.

Dispositivos diseñados para el interior de una aeronave extremadamente ruidosa, ya que, para ahorrar combustible, la cabina carecía de aislamiento. Y precisamente los americanos Bose incorporan en su modelo de cascos premium con ANC (QuietComfort Ultra, 299,95 €) la tecnología CustomTune, capaz hasta de determinar hasta de qué manera la forma de nuestra oreja es capaz de modificar el sonido.
Y es que, hoy en día, la tecnología Active Noise Cancelling está presente en la mayoría de los cascos que utilizamos, consiguiendo atenuar el ruido exterior hasta 35 dB, y contando con la ayuda de códecs –el algoritmo que comprime y descomprime el audio para enviarlo a través de la conexión inalámbrica– y drivers, que convierten las señales analógicas en sonido.
También se aplica la cancelación activa de ruido en ventanas. Lo hace la empresa neerlandesa DeNoize que describe muy gráficamente en qué consiste esta tecnología: “El concepto es sencillo: cuando una onda de ruido no deseada incide sobre el cristal, se genera instantáneamente una onda «antirruido» equivalente. Ambas ondas se encuentran y se anulan mutuamente, como las ondas en el agua que desaparecen al chocar, dejando tras de sí un silencio y una calma absolutos”.

Cabinas modulares para aislarse de todo
El “efecto off” ha llegado, además, a cabinas modulares que se instalan, sobre todo, en espacios de trabajo, y que se construyen, en este caso, con materiales que amortiguan el ruido exterior, como el vidrio insonorizante que se encuentra en los trenes de alta velocidad o automóviles de lujo. Un ejemplo son las Silence Pods, las modulares “habitaciones inteligentes” de NapBox, que reducen el ruido externo en cerca de 30 dB, y cuyo precio varía entre los 1.077,76, de la llamada Business Sleep Pod, una cápsula con una sola cama, y los 11.072,91 €, habitáculo para cuatro o seis personas.
Son gadgets y elementos, en definitiva, que han permitido crear una especie de cocoon, de cápsula que nos preserva del “mundanal ruido”. Aunque, como precisa Myro, “estar en silencio no es fácil para todo el mundo. Los seres humanos necesitamos distraernos y el ruido lo consigue. En ocasiones, el aislamiento, sobre todo si no es una elección, no es bueno para la salud mental.
Además, estamos concebidos para relacionarnos con los demás, y esos vínculos nos proporcionan felicidad”. Por algo, como recuerda el experto, algunos estudios —por ejemplo, el realizado por la Universidad de Harvard por el psicólogo americano Timothy D. Wilson— concluye que no disfrutamos pasando de 6 a 15 minutos “solos en una habitación sin nada que hacer más que pensar”.



