Lucy Guo es la empresaria multimillonaria más fiestera y tiene un truco para hacer fortuna sin mover prácticamente un dedo: “Es la 'party girl' número uno de Miami”
Scale AI
Lucy Guo es cofundadora de Scale AI y una figura controvertida en el mundo tecnológico por sus contradicciones, su escaso impacto empresarial y su estilo de vida ostentoso
Era guía turístico, suspendió dos veces la selectividad y le rechazaron diez veces en Harvard, pero nunca se rindió: así es Jack Ma, el hombre más rico de China

Lucy Guo, empresaria multimillonaria.

En Silicon Valley hace ya unos años que se está adoptando el horario 996: trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana. Se trata de una absoluta barbaridad que va contra la legislación de la mayoría de países occidentales. Tanto médicos como especialistas en productividad desaprueban esta medida, y de momento no ha podido demostrar ninguna clase de resultado positivo.
Sin embargo, hay una razón tras la irrupción de estos horarios demenciales: la llegada de perfiles internacionales que creen fervientemente en la sobreproductividad. Uno de ellos es Jack Ma, fundador de Alibaba Group, y otra es Lucy Guo, emprendedora estadounidense de gran relevancia en los últimos años.
La llegada a Silicon Valley
Peter Thiel le dio su gran oportunidad
Guo nació el 14 de octubre de 1994 en Fremont, California, en el seno de una familia acomodada de origen chino. Sus padres, ambos ingenieros eléctricos, le ofrecieron una infancia sin grandes dificultades económicas, lo que le permitió desarrollar desde muy joven una fuerte inclinación por la programación. Aprendió de manera autodidacta, motivada por una idea muy concreta: crear bots para el popular juego online Neopets que recolectaran objetos automáticamente, los cuales luego podía vender por dinero real. Una iniciativa que, además de ingenio técnico, dejaba entrever ya su temprana mentalidad emprendedora.
A la hora de elegir una carrera, la decisión fue sencilla. Ingresó en la Universidad Carnegie Mellon, una institución privada reconocida por sus centros de investigación de élite en ciencias de la computación y robótica, donde comenzó sus estudios en informática. Sin embargo, en 2014 abandonó la carrera tras ser seleccionada para la prestigiosa Beca Thiel, un programa que ofrece financiación a jóvenes con talento para que desarrollen sus propios proyectos fuera del ámbito universitario.

Es importante pararnos en este punto, porque dice mucho no solo sobre Guo, sino también sobre el tipo de sistema que respalda a Silicon Valley. La Beca Thiel fue creada por Peter Thiel, exCEO de PayPal e ideólogo liberal, a través de la Fundación Thiel. Consiste en una ayuda de 200.000 dólares, repartidos en dos años, destinada a estudiantes universitarios dispuestos a abandonar sus estudios para fundar una empresa.
Al exigir como requisito ser menor de 22 años y haber abandonado la universidad, la Beca Thiel ha generado numerosos debates sobre lo problemático de este enfoque. Aunque ya son más de 300 los jóvenes que la han recibido, resulta difícil encontrar más de una decena que realmente hayan fundado empresas exitosas o que hayan destacado de forma significativa. Incluso entre quienes sí podrían considerarse casos de éxito, no cuesta imaginar que podrían haber logrado lo mismo tras terminar sus estudios, contando al menos con un respaldo académico en caso de fracaso.
¿Qué hizo Guo con su beca de emprendimiento? En realidad, nada
¿Qué hizo Guo con su beca de emprendimiento? En realidad, nada. O al menos, nada de forma inmediata. Y ahí está la clave: no existe un seguimiento real sobre lo que hacen los beneficiarios de la beca, y quienes la solicitan suelen tener muy claro quién es Peter Thiel y cuáles son sus ideales. En el caso de Guo, tras abandonar la universidad y aprovechar la visibilidad que le proporcionó haber sido seleccionada, aceptó un puesto como becaria en Facebook.
A partir de ese momento, encadenó un par de trabajos que, en apariencia, no parecían especialmente relevantes, salvo por lo que ocurrió en el segundo de ellos. Primero se unió a Snapchat como la primera mujer diseñadora de la empresa, donde participó en el desarrollo de Snap Maps. Después pasó a trabajar en Quora, y fue allí donde conoció al que se convertiría en su socio en la que, ahora sí, sería la empresa que le traería fama y fortuna. Ese socio era Alexandr Wang, y juntos fundarían Scale AI.

Alexandr Wang + Lucy Guo
El abrumador éxito de Scale AI
Fundada en 2016, la empresa Scale AI fue el resultado de la colaboración entre Alexandr Wang y Lucy Guo. Mientras que Guo abandonó la universidad tras solo dos años y sin contar con méritos especialmente destacables en su currículum, Wang representaba justo lo contrario. Apasionado por las matemáticas y la programación desde niño, llegó a calificar para las Olimpiadas de Matemáticas en 2013, las de Física en 2014, y fue finalista en la Olimpiada Internacional de Informática en 2012 y 2013. En Quora trabajaba como programador de software, y asistió brevemente al MIT antes de abandonarlo para, como ya se ha mencionado, fundar Scale AI junto a Guo.
La empresa, por supuesto, no surgió de la nada. Contaron desde el principio con el respaldo de Y Combinator, una de las aceleradoras de startups más influyentes, con una sólida financiación privada. Entre sus primeros inversores se encuentran firmas como Dragoneer Investment Group, Index Ventures y Tiger Global Management, lo que convirtió a Scale AI en una startup con un apoyo masivo desde su misma génesis.
¿Cuál es el trabajo de Scale AI? Según Wang, “sustituir a los titulares, catapultar a nuevos líderes, o solidificar fosos existentes”. Según una perspectiva menos grandilocuente, se encarga de proveer de datos etiquetados y servicios de evaluación de modelos para desarrollar aplicaciones para inteligencia artificial.
En resumen, su trabajo consiste principalmente en dos tareas. La primera es recolectar y etiquetar todo tipo de información: por ejemplo, si en una imagen aparece un elefante con sombrero, etiquetarían el sombrero como “sombrero” y al elefante como “elefante”, para que la IA pueda identificar y replicar esos elementos correctamente. Y la segunda es ofrecer servicios que permiten integrar modelos de inteligencia artificial en aplicaciones concretas que vayan a utilizar esa tecnología.
Guo fue despedida de Scale AI en 2018. Aunque ella sostiene que no fue un despido, sino una salida voluntaria “debido a diferencias en nuestras opiniones”
La empresa tuvo un crecimiento muy rápido y eficiente, en parte, porque su trabajo consistía de ejercer de intermediarios: ofrecían los datos ya cocinados para que las empresas que diseñaban los modelos de IA no tuvieran que hacerlo. Sin embargo, este éxito no estuvo exento de costes.
Guo fue despedida de Scale AI en 2018. Aunque ella sostiene que no fue un despido, sino una salida voluntaria “debido a diferencias en nuestras opiniones”, la versión de la empresa —y concretamente de su socio cofundador, Alexandr Wang— es que sí se trató de un despido.
Las razones también varían significativamente según cada parte. Guo afirma que el conflicto surgió porque los empleados de Scale AI no estaban recibiendo sus pagos a tiempo, y ella consideraba que eso debía priorizarse por encima del crecimiento acelerado de la empresa, algo con lo que Wang no coincidía. Por su parte, Wang sostiene que las contribuciones de Guo fueron mínimas y que la compañía podía funcionar igual o incluso mejor sin ella, motivo por el cual decidieron prescindir de sus servicios.

¿Quién de los dos dice la verdad? Es imposible saberlo. Desde Scale AI se ha negado categóricamente que existieran problemas con los pagos a empleados, y nunca se han encontrado pruebas que respalden las acusaciones de Guo. Además, si se tienen en cuenta sus propias ideas sobre el trabajo y su estilo de vida, resulta difícil imaginar que su principal preocupación fueran las condiciones laborales del equipo. También cabe la posibilidad de que, efectivamente, sus aportaciones a la empresa no fueran tan decisivas como ella sostiene.
En cualquier caso, todo lo anterior no deja de ser especulación. Lo que sí sabemos con certeza es que, al abandonar la empresa, Guo conservó un 5 % de las acciones de Scale AI, participación que mantendría durante años. Un detalle que, como veremos más adelante, sería clave en el desarrollo de su historia.
No parece predicar con el ejemplo
Lucy Guo: ¿la farsante de Silicon Valley?
¿Qué hizo Guo tras su salida de Scale AI? Fundó varias empresas cuyo éxito fue, en el mejor de los casos, modesto. En 2018 lanzó Apply to Date, una app de citas que, al parecer, dejó de estar operativa ese mismo año. Un año después, en 2019, creó Backend Capital, una firma de capital de riesgo con la que empezó a invertir en startups de ingeniería, aunque no se encuentran referencias sobre su actividad más allá de 2022. Ese mismo año fundaría su proyecto más exitoso hasta la fecha: Passes.
Si hubiera que definir Passes, probablemente la forma más precisa sería como una mercantilización total de las redes sociales. Se trata, en esencia, de una plataforma similar a Twitter, pero orientada a la creación de contenido exclusivo para suscriptores, a los que se segmenta según la cantidad de dinero que estén dispuestos a pagar. Cuanto mayor sea la inversión del usuario, más contenido podrá desbloquear: desde publicaciones exclusivas hasta chats grupales o privados, merchandising, retransmisiones en directo o cualquier otro tipo de material que el creador decida ofrecer.

Aunque Passes recibió una financiación de 40 millones de dólares en 2024, no puede decirse que sea una app popular ni que esté arrasando. Pero funciona. Como ocurre con muchas de las ideas de Guo, se trata en el fondo de una copia de un modelo ya existente —en este caso, OnlyFans— sin aportar grandes novedades. Con una diferencia importante: en Passes no se permiten desnudos ni contenido sexual explícito. El modelo de negocio de la plataforma se basa en quedarse con un 10 % de todos los ingresos generados por los creadores, y precisamente ahí es donde han surgido sus dos principales polémicas.
La moderación de Passes es muy laxa. Tan laxa, que en 2024 una madre pudo registrarse en la plataforma para vender fotos de su hija de 12 años en bikini. ¿Hizo algo la plataforma? No hasta que The New York Times se implicó en el tema. Igual de grave es el caso en el que, en 2025, una creadora de contenido demandó a Guo y Passes por alojar y distribuir fotos suyas desnudas el mes anterior a su dieciocho cumpleaños. Algo que para empezar, va contra sus propias normas de conducta, pero que parece que en Passes se toman de una manera muy relajada.
Fuera de Scale AI, empresa de la que la despidieron por motivos a discutir, no ha hecho nada demasiado relevante
En ese sentido, Guo dice que para ella lo más importante son los usuarios. Tanto es así que, según afirma, si sus empleados no pueden solucionar los problemas de cualquier usuario en cinco minutos, ella misma se encarga del asunto, porque “la lealtad viene de ese trato de guante blanco”. Pero la realidad es que ese trato parece no cumplirse, al menos no en todos los casos.
Especialmente cuando su éxito como empresaria está en entredicho. Fuera de Scale AI, empresa de la que la despidieron por motivos a discutir, no ha hecho nada demasiado relevante. Entonces, ¿por qué es conocida? Principalmente, por tener opiniones fuertes sobre lo muy poco que trabajan todos los que son ella, por ser billonaria y por ser la mayor fiestera de Miami.
Estas tres cosas van relacionadas. ¿Por qué es billonaria? Porque Scale AI salió a bolsa el pasado abril, valorándose la empresa en veinticinco mil millones de dólares. Como tiene un 5% de las acciones de la empresa, eso significa que tiene un patrimonio de al menos mil doscientos millones de dólares. Una cantidad de dinero que la convierte en la mujer más joven en ser billonaria, en términos anglosajones, sin haber nacido en una familia ya rica de por sí. ¿Pero qué ha hecho en Scale AI para tener esa fortuna? Fundarla, quedarse una fracción de sus acciones y que otros la lleven hasta donde está hoy. Una imagen no muy positiva viendo cómo han salido todos sus otros negocios.
Entonces, ¿por qué sigue siendo relevante Guo? Para empezar, porque durante años ha sido conocida como la mayor fiestera de Miami. Aunque en 2024 se trasladó a Los Ángeles, sus fiestas siguen siendo célebres en todo el mundo. Según ella, “la gente tiene diferentes definiciones de lo que es una fiesta, pero para mí, son un montón de ingenieros hablando sobre sus proyectos, el futuro de la web3 y las cripto”.
Sus vecinos llevan años quejándose por el volumen y la frecuencia de sus celebraciones
Sin embargo, la realidad parece otra: sus vecinos llevan años quejándose por el volumen y la frecuencia de estas celebraciones, algo poco probable si se tratara de tranquilas charlas sobre el porvenir tecnológico de la humanidad. Tampoco se consigue que The New York Post te llame en 2022 la “party girl número uno de Miami” por organizar simposios de ingenieros.
Además, Guo suele presentarse como alguien ajena a los lujos, con una vida modesta y normal, como la de cualquier otra persona: asegura vestir ropa de Shein, ir al trabajo en un viejo Honda Civic y reservar unas pocas prendas de diseño para ocasiones especiales.

Pero la realidad desmiente ese relato. Vive entre un apartamento en Miami valorado en 6,7 millones de dólares y una casa en West Hollywood de 4,2 millones, no cocina nunca —todas sus comidas las encarga por Uber Eats— y lleva un estilo de vida nómada digital, constantemente de viaje. Esa supuesta modestia, simplemente, responde a otra idea del lujo. Especialmente si tenemos en cuenta que ella misma ha declarado: “mi asistente me lleva en un Honda Civic bastante viejo”, dejando claro que ni siquiera eso forma parte de su rutina laboral.
Todo esto lo dice mientras asegura que todos deberíamos adoptar el sistema de trabajo horario 996. Y que es el sistema que ella sigue, tal y como cuenta, porque “si amas genuinamente tu misión, la línea entre el trabajo y la vida se desdibuja de un modo positivo”. Ese desdibujarse parece ser contabilizar como trabajo los viajes y los desplazamientos y el gimnasio y las fiestas, lo que hace normal que para ella sea razonable trabajar doce horas al día, donde para el resto de la humanidad no.
Otros emprendedores, cuando hablan, lo hacen desde una posición razonada y con una visión coherente. Han tenido éxito —por el motivo que sea— y sus discursos suelen alinearse con su trayectoria. No es el caso de Guo. Es alguien que predica lo que no practica, que no puede demostrar un éxito propio, más allá de haber cofundado una empresa que prosperó sin ella, y cuya notoriedad actual se debe más a haber conservado acciones, salir de fiesta sin parar y dar lecciones sobre el valor del trabajo duro. Antes de decirle a los demás que deben dejarse la piel trabajando, convendría asegurarse de no parecer justo la última persona que debería dar ese consejo.





