Opinión

Las flores de Moreno Bonilla

Juanma Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía y del PP andaluz, se echó flores el lunes al defender su modelo de gobierno, caracterizado, según dijo, por “no tener una palabra más alta que otra” y por “huir del politiqueo barato”. Aunque Moreno Bonilla contrapuso su estilo al del resto de las formaciones políticas, quizás sus palabras contuvieran también un reproche a la estrategia del PP, ­cuyos líderes sueltan a diario palabras más altas que otras y actúan como si estuvieran convencidos de que la política consiste en triturar al rival. Dicho de otra manera, Moreno Bonilla marcó perfil propio dentro del partido conservador.

Juan Manuel Moreno Bonilla 
Juan Manuel Moreno Bonilla RAÚL CARO / EFE

Hizo muy bien. Primero, porque su estilo es más constructivo que el de los jabalíes. Segundo, porque estos son legión en el PP, de Tellado a Feijóo, de Ayuso a Álvarez de Toledo, pasando por la gran mayoría de los notables siempre dispuestos a repetir como loros los lemas antisanchistas que dicta Génova. Y, tercero, porque los partidos crecen al abrirse por sus extremos (sin desfigurarse) y no crecen al cerrarse.

Los partidos crecen al abrirse (sin desfigurarse) y no al cerrarse

Si fuera cierto que las palabras de Moreno Bonilla apuntaban también a su partido, quizás no hayan gustado a sus colegas. Porque a ninguno le apetece que le acusen de gritón ni de politiqueo barato. Pero no por ello deberían despreciarlas. Porque las ampara la sensatez y porque todos los partidos ganan más con la diversidad que con el dogmatismo y con un parlamentarismo tabernario que causa vergüenza ajena.

En la dirección del PSOE habrá quien abomine de figuras relevantes en su ala derecha, como García-Page o, en sus tiempos, Bono (y no digamos de Felipe, aunque su discrepancia es de otro orden, tan freudiano como ideológico). Pero también habrá quien las aprecie: los partidos tienen margen de crecimiento por sus extremos porque, militancia fiel a parte, existe una bolsa de votantes que ve atractivos en las dos grandes formaciones y puede votar a una o a otra. Cuando los partidos no aprovechan ese margen, o lo usan mal –por ejemplo, invitando a un agitador ultra a su campaña aragonesa–, no logran sino ceder espacio al rival; esta vez, a Vox.

No suelo dar mi aplauso a los miembros del PP, el partido que todavía trata de tutelar Aznar, pero esta vez Moreno Bonilla lo merece.