Opinión

Guerra en Ucrania, año cinco

Pasado mañana, 24 de febrero, se cumplirán cuatro años de la agresión rusa a Ucrania, del inicio de la “operación militar especial” ordenada por Vladímir Putin, convencido de que se trataría de un paseo militar de pocos días hasta Kyiv. No fue así gracias a la resistencia ucraniana y al apoyo occidental, y ahora el conflicto bélico, cronificado, entra en su quinto año.

Y, en principio, todo indica que este 2026 la guerra seguirá previsiblemente estancada y sin una salida pactada a la vista. El año pasado comenzó con la promesa de una paz negociada, impulsada por la llegada al poder de un Donald Trump que había jurado poner fin al conflicto en 24 horas. Pero las conversaciones de paz durante el 2025 dejaron claro que Rusia no está dispuesta a renunciar al control del Donbass –un territorio que considera propio– y se niega tajantemente a la presencia de tropas de países euro­peos (en tanto que miembros de la OTAN) en suelo ucraniano.

Este punto, por el contrario, es considerado clave por el presidente Zelenski para garantizar la seguridad del país. Ucrania no puede aceptar concesiones territoriales sin poner en riesgo su seguridad futura ni vulnerar su marco constitucional, que fija que todo cambio de fronteras debe decidirse por referéndum. Por eso propone crear en el Donbass una zona desmilitarizada que siga siendo ucraniana y congelar la línea del frente. Las rondas negociadoras que, en lo que va de año, se han celebrado en Abu Dabi y en Ginebra no han producido avances hacia un alto el fuego.

Pero las presiones de la Casa Blanca sobre Zelenski son cada vez mayores para que haga concesiones. Trump le exige que acepte un acuerdo de paz cediendo el Donbass a cambio de unas inconcretas garantías de seguridad y convoque el 15 de mayo elecciones presidenciales y un referéndum sobre el plan de paz, para que la guerra acabe en junio. Pero para ello el líder ucraniano pide que antes se pare la guerra. “Dennos dos meses de alto el fuego e iremos a elecciones”, dijo hace unos días en Munich.

El conflicto bélico llegará esta primavera a los dos millones de bajas entre los dos bandos

Zelenski tiene prisa por cerrar una tregua que ahorre más sufrimiento a su país, y Rusia no está dispuesta a hacer concesiones hasta haber logrado todos sus objetivos. Lo contrario sería visto como una muestra de debilidad que Putin no se puede permitir.

Pero hasta que llegue ese eventual alto el fuego, el conflicto seguirá, con combates de distinta intensidad y una cada vez más creciente implicación europea ante la incertidumbre del apoyo estadounidense. Una guerra de desgaste en la que, poco a poco, Rusia ha ido ganando territorio. En estos cuatro años, Moscú se ha apoderado de unos 75.000 kilómetros cuadrados (aproximadamente el 12% de Ucrania) y controla unos 120.000 kilómetros cuadrados (un 20%), incluido el territorio anexionado ilegalmente antes del 2022, como Crimea y partes del Donbass.

A mediados de este 2026, el conflicto ya habrá durado más que la Primera Guerra Mundial, y aunque Trump, como decíamos, sigue aspirando a forzar un acuerdo que refuerce su perfil internacional en año electoral en EE.UU., las posiciones de fondo siguen siendo incompatibles. Estos primeros dos meses del año han sido muy duros para la población ucraniana, sin electricidad ni calefacción en el invierno más frío de los últimos 30 años, por los continuos ataques rusos a la infraestructura energética del país. Es una acción de manual, para minar la resiliencia de una sociedad ciertamente agotada tras cuatro años de guerra, de muerte y de penurias (casi un 40% de ucranianos aceptarían un compromiso territorial para acabar la guerra), así como la moral de un ejército extenuado, al límite de efectivos y de armamento.

Entre los dos bandos, la guerra alcanzará la escalofriante cifra de dos millones de bajas (militares muertos, heridos o desaparecidos) esta primavera, estima el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS). Son cifras difíciles de determinar, pues Rusia subestima el número de muertos y heridos, y Ucrania no divulga las cifras oficiales. Pero el estudio del CSIS indica que casi 1,2 millones de soldados rusos y cerca de 600.000 ucranianos han fallecido, han resultado heridos o han desaparecido.

Ucrania resiste, Rusia no hace concesiones y Europa aprende a convivir con la amenaza rusa

En este escenario, el argumento europeo es que Putin no puede ganar porque ello abriría la puerta a futuras agresiones rusas. El gran temor en las capitales europeas es que la presión sobre Zelenski para lograr un acuerdo suponga un cierre en falso de la guerra, que conlleve una oportunidad para que Putin se rearme y vuelva a atacar en el futuro. Lo que sí se puede afirmar, pasados cuatro años, es que este conflicto ha cambiado la manera de hacer la guerra, con los satélites, drones y robots como grandes protagonistas, y ha transformado a Europa, obligada a adaptarse al nuevo escenario y a convivir con la amenaza rusa.

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