Macron, privado de vaca
En Francia, país aferrado al terruño como referente de identidad colectiva, la celebración anual del Salón de la Agricultura es un acontecimiento de primer orden que moviliza hasta a las más altas magistraturas del Estado. Cada año, miles de agricultores y ganaderos de todo el país y más allá –también de los territorios de ultramar– convergen en París, acompañados de sus animales, para mostrar el fruto de su trabajo.
Y, cada año, el presidente de la República pasa una jornada entera con agricultores y ganaderos, estrechando manos y acariciando animales. Un momento estelar de la visita es el encuentro con la vaca elegida como imagen del salón. Pero no esta vez. En la presente edición, la estrella de la convocatoria debía ser la vaca martiniquesa Biguine, de raza brahman, pero el ganado bovino ha estado excluido a causa de la epidemia de dermatosis nodular. Así que Emmanuel Macron se tuvo que conformar con tomar en brazos a un corderito. Además de lidiar con el descontento de un sector que ve el acuerdo UE-Mercosur como la puntilla a sus males.