Opinión

La alargada sombra de Epstein

Los archivos de Jeffrey Epstein publicados recientemente evidencian el proxenetismo y la pederastia del financiero fallecido en prisión, así como su pericia para crear una extensa red de relaciones con los más ricos y poderosos del mundo, con quienes negoció favores, confidencias, información y sexo. En un principio, la publicación de los archivos se vio como una posible bomba contra el presidente Trump. En los 3,5 millones de documentos desclasificados, su nombre es mencionado más de 3.000 veces. Uno de los correos contiene una lista de acusaciones de agresión sexual a menores no verificadas contra Trump que recopiló el FBI el pasado verano. No hay pruebas de que la agencia de inteligencia considerara creíble ninguna de esas acusaciones, y el Departamento de Justicia (DOJ) afirma que son falsas.

Trump ha reconocido que mantuvo durante décadas una relación de amistad con Epstein, pero que se distanciaron años antes de la primera condena contra el financiero por prostituir a menores. En campaña, prometió publicar todos los documentos del caso en manos del DOJ, pero una vez en el poder se negó repetidamente. Pero tras la presión pública, de las víctimas y la división del mundo MAGA, Trump instó a los republicanos a votar la ley que obligaba a difundir todos los documentos. Pero ni se han difundido todos ni los que lo han sido contienen pruebas firmes que vinculen a Trump con la trama de menores. Por tanto, hasta ahora, las repercusiones del caso en la política de Estados Unidos han sido escasas. De hecho, Trump lleva tiempo dándolo por cerrado y se considera exonerado, aunque sus partidarios han cuestionado la falta de transparencia y la comunicación confusa de la Administración.

Europa sufre mayores consecuencias políticas y penales

Por mucho tiempo, el asunto Epstein se percibió desde Europa como un suceso inquietante, un extenso relato de degradación ética y exceso de autoridad, aunque distante. No obstante, luego de la apertura de los expedientes, sus efectos están generando una repercusión política, judicial y comunicativa superior en Europa respecto a EE.UU., afectando, por el momento, a destacados personajes públicos del Reino Unido, Francia, Noruega y Eslovaquia. El incidente de mayor trascendencia es ciertamente la gran conmoción en la corona británica debido al arresto del antiguo príncipe Andrés, señalado por “mala conducta” mientras desempeñaba una función oficial como representante mercantil del Reino Unido. Desprestigiado desde hace años, su detención momentánea ha sumido a los Windsor en una profunda consternación. Su antigua cónyuge, Sarah Ferguson, igualmente mantuvo abundante correspondencia electrónica con Epstein y en la actualidad ha perdido incluso su organización filantrópica.

La crisis impacta también directamente sobre el premier Keir Starmer, en la cuerda floja por haber nombrado a Peter Mandelson embajador en Washington cuando ya sabía que este, siendo ministro de Comercio, pasó a Epstein información confidencial de claro interés financiero por la que recibió pagos.

Otra monarquía europea salpicada es la noruega. Mette-Marit, esposa del príncipe heredero Haakon, y Epstein se cruzaron decenas de correos de diferente índole, tocando temas de la intimidad de ambos. Y en la agenda aparece otra royal europea: Sofía de Suecia, que coincidió varias veces con él cuando tenía 20 años. También el rey Federico de Dinamarca sale en los papeles cuando era príncipe.

Europa detecta posibles delitos que la Administración Trump prefiere

Los archivos también han destruido carreras políticas. En Noruega, la del expremier Thorbjørn Jagland, acusado de “corrupción agravada”, y las de los diplomáticos Mona Juul y Terje Rød-Larsen, claves en los acuerdos de Oslo entre palestinos e israelíes, que recibieron 10 millones de dólares del magnate. También han apagado el brillo de estrellas como el francés Jack Lang, ministro de Cultura de Mitterrand, con quien Epstein hizo negocios y que ha dimitido como presidente del Instituto del Mundo Árabe y está siendo investigado por la Fiscalía. En Eslovaquia, el escándalo se ha llevado por delante a Miroslav Lajcak, exministro de Exteriores y asesor de seguridad del primer ministro Robert Fico.

Todo ello muestra una muy diferente perspectiva sobre la rendición de cuentas entre EE.UU. Y Europa. Un grupo de la ONU ha revelado que algunas atrocidades contra mujeres y niñas desveladas en los archivos podrían considerarse crímenes de lesa humanidad. Pero los fiscales británicos y noruegos parecen sentirse obligados a exigir responsabilidades a los implicados más por sus negocios con Epstein que por el escándalo de pederastia (Andrés es investigado por pasar información, no por sus relaciones sexuales con menores). Mientras, en EE.UU., el lema de la Administración Trump desde mediados del 2025 ha sido “es hora de pasar página”, opinión expresada con contundencia por el presidente, que insiste en calificar los archivos de Epstein de “engaño”.