Opinión
Josep Vicent Boira Maiques

Josep Vicent Boira

Catedrático de Geografía Humana de la UV

Elogio de la tangente

EL RUEDO IBÉRICO

Si todo va como estaba previsto, hoy sábado 28 de febrero será mi último día como coordinador del corredor mediterráneo del Gobierno de España. Siento hablar en primera persona en este artículo y por ello están a tiempo de dejarlo, pero no puedo pasar por alto esta casualidad no buscada. La alineación de los astros puede que ya no gobierne nuestra vida, pero siempre hay un ruido de fondo cósmico, un eco estelar que nos interpela.

Este viaje, nunca mejor dicho, a lo largo de la fachada litoral mediterránea comenzó el 23 de julio del 2018. Si todo va bien, el lunes volveré a las aulas de mi universidad, convencido que ahora es ahí donde se juega el futuro de nuestra sociedad y donde creo que puedo ser más útil.

  
  Joma

Volviendo la vista atrás sobre estos casi ocho años, reconozco que muchas veces me he ido por la tangente. Tiene mala prensa la tangente. Salirse por la tangente se suele interpretar como valerse de un subterfugio o evasiva para escapar hábilmente de un apuro. Pero es radicalmente falso. En su definición primigenia, la tangente es una línea que toca y, por ello, conecta. Desde un punto de vista geométrico, tangentes son las líneas que tienen puntos comunes sin llegar a cortarse. ¡Qué fantástica definición de la vida! ¡Tener puntos en común con los demás sin llegar a coartarlos!

Ahora veo, porque estas cosas se ven al final y no durante, que mi proyecto estos últimos años ha sido ayudar a crear una recta que toque a otras sin atravesarlas, a diferencia de la secante. España mejoraría si construyéramos más líneas tangentes y menos secantes. La política española es, hoy, brutalmente secante y por ello tajante. Es un como un estilete que penetra y rasga, quiebra y parte, fracciona y segmenta. De manera coherente, el diccionario nos dice que secante es también algo fastidioso y molesto, incluso que la palabra se usa para referirse a una persona gafe. Sin embargo, la mala fama se la lleva la tangente.

Como proyecto de infraestructura, pero también de convivencia, la idea de trazar líneas tangentes a la tradicional red radial española (radialidad en trenes y carreteras, pero también en ideas, mensajes, política, percepción social, cultura, museos, atención mediática…) ha sido la linterna que ha pretendido alumbrar mi camino. Confiado en la potencia­ de la tangente, he pretendido ayudar a transformar el diseño radial de España en algo diferente. La obsesión de una comunicación directa entre el centro y la periferia como eje tractor principal de España (y el lector avispado entenderá que no hablo solo de ferro­carriles) debería ser sustituida por nuevas líneas de tensión (y no solo hablo de energía eléctrica) que tengan como objetivo lo tangencial. Geografía­ política tangencial pues. Lo secante –jugando con su otro significado–, absorbe y aborta nuevas dinámicas.

El corredor mediterráneo se debe complementar con una nueva percepción social del país

Noli me tangere, dicen que Jesús pidió a María Magdalena (Juan, 20:17) tras resucitar. “No me toques”, sería la traducción directa del latín. No creo que quisiera decir eso exactamente. Dicen que, en griego, la expresión es más explícita (mè mu haptu) y puede traducirse por “no me retengas”. Jesús no podía decirle tan “secamente” a María que no le tocara. Tocar había sido siempre su credo. Tocar y dejarse tocar su símbolo de compromiso, humanidad y fraternidad. Como las palabras vuelan, Jesús hizo del tocar (su manto, sus heridas, su pie, su cuerpo, sus cabellos y el tocar él mismo a otros) su anuncio de un mundo nuevo. Por ello quiero creer que Jesús le dijo a María que no le retuviera. Porque la vocación de la tangente es volar, lanzarse al futuro, elevar la mano para intentar tocar esa estela blanca que se despliega en un azul radiante lejano.

Si algo he querido llevar a la práctica en mi trabajo en estos casi ocho años es aquello que en el 2021 dijo la artista, poeta y premio Velázquez 2019, Cecilia Vicuña: “Las predicciones no sirven. Lo que sirve es abrir posibilidades”. Y esto no lo consigue jamás el diseño secante, sino el tangente. Por eso, salirse por la tangente no es abandonar, ni disimular. Es en cambio abonar, con ambición elástica, el fermento de un futuro mejor, poniendo en contacto espacios, dinámicas, vectores, fuerzas y esfuerzos.

En Milán y en Nápoles, la Tangenziale es esa vía rápida que discurre por el exterior de los grandes agregados urbanos, de las masas construidas, de los densos tejidos metropolitanos. Esta vía evita el colapso al soslayar el obstáculo. Nadie podría circular por aquellas ciudades si una tangenziale no articulara y pusiera en contacto.

España necesita también su tangenziale, material e inmaterial. El corredor mediterráneo, como vector, puede ser un ejemplo del primer caso. Pero se debe complementar esta creciente, y ya real infrae­structura, con una nueva percepción social del país, con un mapa político renovado donde lo tangencial domine a lo secante.

Me despido de ustedes como humilde coordinador de las fuerzas tangenciales ferroviarias de este país convencido que no hay planes quinquenales en la vida, ni pronósticos futuribles que valgan, sino solo la confianza en abrir nuevas posibilidades que permitan hacer lo que hasta hoy ha sido posible. Ser tangencial a la vida no es imponerse a ella ni a sus designios, sino ayudarle humildemente a evolucionar en la correcta dirección. Por eso, solo les pido, si les apetece, que no me recuerden como una persona secante. Hasta el mes que viene.