Opinión

La izquierda imposible

La izquierda imposible que propone forjar Gabriel Rufián, basada en sumar el máximo de fuerzas de la izquierda “verdadera” –Podemos, Sumar, Comunes, Izquierda Unida, Bildu, BNG, ERC, Más Madrid, entre otros–, permite ver cómo se consolida una figura política que, apelando al pragmatismo para ganar a la derecha, va adquiriendo el tono de la maldición de Casandra: aquella que tenía el don de ver el futuro con absoluta claridad, pero a la que nadie creería jamás.

 
 Mariscal / EFE

Debemos observar la determinación de Gabriel Rufián como la de muchos artistas del arte contemporáneo cuyo éxito estriba en ser artistas que nunca alcanzan a realizar su obra, tal como desarrolla Jean-Yves Jouannais en su ensayo Artistas sin obra. Del mismo modo, Gabriel Rufián está creando un bloque político cuya fuerza electoral estriba en extender el máximo tiempo posible la idea de que es factible una unión de la izquierda que, en el fondo, es imposible. La fuerza política de Rufián reside en plantear un sueño posible que muchos votantes de izquierda consideran materializable, mientras la realidad –la coyuntura política– dicta lo contrario.

Cuanto más alejado esté Rufián de lograr su meta, más creerán la izquierda y sus electores en la autenticidad de su propuesta

Antes de realizar la presentación pública de su diagnóstico electoral, bajo el título Disputar el presente para ganar el futuro, su propuesta era solo una invitación a pensar en el bien de la izquierda, una simple iniciativa política bienintencionada. Pero tras su diálogo con Emilio Delgado, de Más Madrid, se ha convertido en una apelación a la épica y se ha ganado el derecho a seguir soñando con aglutinar el máximo de fuerzas de izquierda. Rufián es un hombre de izquierda­, independentista, que intenta articular una revolución que temen los propios revolucionarios.

Lo paradójico es que, cuanto más alejado esté Rufián de lograr su meta, más creerán la izquierda y sus electores en la autenticidad de su propuesta, confirmando que la política también se alimenta de ilusión. Es una ilusión más sólida que muchas propuestas, programas electorales y liderazgos de los partidos de izquierda que resultan irrealizables.

Lo más interesante de este artista de la política sin obra que es Rufián es que, si esa unión llegara a realizarse, abriría la puerta a imaginar la victoria de la izquierda; una victoria que, de producirse, quizá no cambiaría nada. Pues, como expresó Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela El Gatopardo, dando voz al revolucionario y seductor Tancredi: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”.