* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
Hace poco más de medio mes que volvimos de Riga y me apetecía mucho continuar la crónica del viaje. Me pareció tan interesante la ciudad que pensé en dividir mi escrito en dos partes para seguir disfrutando, pasados unos días, del recuerdo de esta joya en el corazón del Báltico.
Reconozco que antes de empezar el recorrido tenía unas expectativas altas, porque me había documentado y había visto algún reportaje de esta capital, quedándome sorprendida por su rica historia y por un patrimonio artístico importante. Si a esto le sumo el viaje en vísperas de la Navidad, con un encantador mercado navideño en un espacio rodeado de edificios históricos y dominado por la cúpula de su famosa catedral luterana, eso ya constituye un gran atractivo.
Riga presume de ser la primera ciudad donde se colocó el primer árbol de Navidad del mundo, en el siglo XVI. Hoy en día, esta tradición sigue viva y es uno de sus símbolos más importantes. Las casetas de madera donde se vende: artesanía, adornos navideños y productos típicos de Letonia, junto con toda la iluminación, la transforman en un destino mágico durante el mes de diciembre.
Empezaré nombrando uno de los edificios más emblemáticos, situado en la plaza del Ayuntamiento: la casa de los Cabezas Negras, punto de encuentro de los comerciantes solteros de Riga, mezcla del estilo gótico tardío y del renacentista. Aunque después de la Segunda Guerra Mundial fue demolido por las autoridades soviéticas, al independizarse Letonia fue reconstruido y recuperó su esplendor. Vimos un vídeo a la entrada de la casa para conocer ese opulento lugar de reunión del poderoso gremio de comerciantes extranjeros que desempeñó un papel crucial en la vida económica y social de la ciudad.
Edificio de los Cabezas Negras en la plaza del Ayuntamiento.
Un gran icono en pleno centro histórico son los Tres Hermanos. Se trata de tres construcciones: la casa más antigua es del siglo XV, y las otras dos del siglo XVII. He leído que estas últimas las mandaron construir miembros de la misma familia.
Construcción compuesta por tres casas conocidas con el nombre de Los Tres Hermanos.
La Puerta Sueca data del tiempo cuando Letonia estuvo bajo dominio sueco. Parece ser que un comerciante, cansado de pagar impuestos para entrar en la ciudad, abrió una puerta en el muro de su propia casa y empezó a cobrar tasas. Es la única de las ocho puertas originales que aún se conserva. Muy cerca, todavía se pueden ver restos de las antiguas murallas que rodeaban la ciudad.
Puerta Sueca en la zona antigua de Riga.
La iglesia de San Pedro es otro símbolo de Riga. Uno de sus mayores atractivos es su torre, con un mirador desde donde se pueden apreciar unas vistas espectaculares de la ciudad y del río Daugava. En el XVII, la torre original era la estructura de madera más alta de Europa. Cuando un rayo la destruyó, en la segunda mitad de este siglo, tuvo que ser reconstruida hasta alcanzar su forma actual. Otra iglesia, ésta ortodoxa y construida durante el dominio del Imperio ruso, es la catedral de la Natividad de Cristo, también conocida como Alexander Nevsky. Su imponente tamaño, sus cúpulas doradas y paredes blancas destacan en el paisaje.
Iglesia de San Pedro con una torre desde donde se observa una bonita panorámica de la ciudad.
En la I Guerra Mundial, los alemanes la convirtieron en iglesia luterana. Posteriormente volvió a ser ortodoxa, y durante un tiempo, en la era soviética fue transformada en un planetario. Con la independencia de Letonia, recuperó su función religiosa. Nos gustó entrar, recordando las que visitamos con mi marido en Tallín (Estonia) y Sofía (Bucarest), ambas con el nombre de Alexander Nevsky.
Biblioteca Nacional de Letonia, al otro lado del río Daugava.
Uno de los descubrimientos increíbles fue poder disfrutar de la Biblioteca Nacional de Letonia. Dedicamos casi una mañana a visitarla, y subimos hasta el piso 11, donde hay unas fabulosas vistas de la ciudad. Leímos que desde la terraza del hotel Radisson Blue, ubicada en la planta 26, había una excelente panorámica, pero optamos por conocer ese edificio con más de 4 millones de libros de Letonia y de todo el mundo, de forma triangular y con paneles de vidrio dentro de un marco metálico.
Paso de largo la visita al Mercado Central, del que ya hablé en la primera parte de la crónica. Sin embargo, quiero añadir que ahora se ha convertido en un barrio moderno de arte y entretenimiento. Tampoco me detengo, por haberlo hecho con anterioridad, en una de las cosas más destacadas de este viaje: la visita a las calles más representativas del “art nouveau”, aunque este estilo arquitectónico está repartido por toda la ciudad.
Edificio Art Nouveau en la calle Alberta.
Acabaré hablando de un hermoso oasis verde entre la ciudad antigua y la parte más moderna de esta ciudad. Se trata de un parque atravesado por un pintoresco canal. Nosotros lo cruzábamos cada día, disfrutando de la serenidad del entorno. Cerca se alza el Monumento a la Libertad, la imponente columna donde, en lo alto, se encuentra la figura de una mujer que sostiene tres estrellas, simbolizando las tres regiones históricas de Letonia. Es un punto de referencia clave de este país. Fue una buena alternativa viajar a Riga, que combina a la perfección lo antiguo con lo moderno.
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