* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
La relación España-Catalunya es tema recurrente en estos escritos, porque el futuro del país depende de que pueda solucionarse este conflicto permanente. Lo hemos tratado en el Psicoanálisis de la España catalana, el Psicoanálisis de la Catalunya española, Psicoanálisis de la Diada de Catalunya y en el Psicoanálisis del conflicto de Rodalies.
El inconsciente colectivo ha dado a la palabra “fobia” un segundo significado además del original (miedo anormal o patológico): aversión u ojeriza, rabia y hostilidad, menosprecio, hacia algo, o más frecuentemente alguien, que puede ser una persona, o un colectivo humano. En una escala del uno al diez, si llega al diez, comporta el odio con deseo de destruir aquello o aquellos a los que se odia. Ejemplos del grado diez, son el Holocausto Judío del Nazismo y el holocausto palestino.
En esta líneas, hablaremos de la Fobia en esta segunda acepción, que afecta a la Catalunya española, pero no a la francesa, al menos, no en esta forma.
A la Catalanofobia, se la llama también “anticatalanismo”. Y así, Marius Carol, afirma (12-IX-2025: Un día de fiesta): “El anticatalanismo une más que el Loctite, en esta España que se escora a la derecha”.
Vamos a diseccionar la Catalanofobia con el bisturí psicoanalítico y veremos de qué está hecha y qué elementos la componen.
A mi modesto criterio, la Catalanofobia es la suma de dos sumandos:
- la Envidia, en unos (la Madre, Castilla-León) y
- la Provocación Masoquista Inconsciente, en otros (el Padre, Aragón-Catalunya).
1. La envidia
Estudiemos primero la Envidia. Lo haremos con la ayuda de dos personas eminentes en el campo del Psicoanálisis: Melanie Klein (Viena, Marzo 1882-Londres, Septiembre 1960) y Ramon Meseguer Albiach (Quinto de Ebro 1928-Barcelona 2012. Doctor en Filosofía, Psicólogo Clínico, miembro del European Institute for tTansnational Studies in Group Developement, Prfr. Del Herstein Institute de Viena, miembro de la Asociación Europea de Historia del Psicoanálisis).
Las enseñanzas de Melanie Klein, las expusimos ampliamente en un escrito anterior (Psicoanálisis de la España envidiosa), por lo que aquí, solo las resumiremos brevemente.
Melanie Klein (Envidia y Gratitud, Ed.Paidós, Barcelona) afirma: “Considero que la envidia, siendo expresión anal-sádica y oral-.sádica de impulsos destructivos, opera desde el comienzo de la vida y tiene una base constitucional”.
Naturalmente. Nacemos con un bagaje de instintos, que sabemos por Freud, que se agrupan en dos grandes grupos: Instinto de Vida (Eros) e Instinto de Muerte (Tánatos). Este último contiene los impulsos destructivos a que alude Klein, entre ellos, la envidia.
La autora, nos aclara: “Al hablar de un conflicto innato entre Amor y Odio (Eros y Tánatos) está implícito que la capacidad de amar, y los impulsos destructivos, son constitucionales aunque variando individualmente en su fuerza e interactuando desde el comienzo con las condiciones externas”.
Se refiere a la importancia fundamental de la crianza: la relación del individuo con su Grupo Original, y en especial, con la Madre, desde el nacimiento. Pero al usar el término “constitucionales”, alude también a un factor genético que hoy por hoy desconocemos. Y este factor es determinante.
Al unirse León-Castilla con Aragón-Catalunya, para formar el Reino de España, se unen dos colectivos humanos con legados históricos muy diferentes. Aragón-Catalunya tiene un legado carolingio, y León-Castilla, un legado visigodo. Entre los dos, hay la misma diferencia que entre la Orquesta Sinfónica de Viena, y la Charanga del Tío Honoro.
Así que hay un factor constitucional en el desencuentro crónico entre los dos Reinos, que perdura hasta nuestros días, y cuyo exponente más claro, es la Catalanofobia. En Castilla-León, la pregenitalidad (estancamiento del desarrollo en las fases oral y anal sin poder alcanzar a genitalidad plena o madurez adulta) es mucho más acentuada que en Aragón-Catalunya.
Pero prosigamos con la Envidia. Klein nos explica, que la envidia consiste en el deseo de apoderarse de lo que el otro posee, robarlo, y ante la imposibilidad de conseguirlo, dañarlo hasta destruirlo. Dos ejemplos: con el pretexto del independentismo catalán, el Gobierno actuó decisivamente para que muchas empresas trasladaran su sede fuera de Catalunya. ¿A dónde? No hay que ser un lince para adivinarlo. Hoy día, asistimos a la opa del BBV sobre el Banco de Sabadell para fusionarlo, es decir, para destruirlo apoderándose de sus bienes. ¿O no recordamos qué se hizo del Banco Hispanoamericano cuando fue fusionado por el Santander?
La naturaleza trata en vano de neutralizar la envidia, elaborando las siguientes defensas: la desvalorización del otro, el negarla a base de desvalorizarse a sí mismo (victimismo), o el tratar de despertar la envidia en otros.
Ahora añadamos a las enseñanzas de Melanie Klein, las de Ramón Meseguer. Trata de la Envidia, en su obra Los españoles y el Grupo (Ed.Dirosa.Barcelona 1976) Fue el último de mis Maestros.
Describe la envidia como un campo de fuerzas electromagnético creado por los dos polos de un potente imán: la depresión (muchas veces encubierta) y la hostilidad destructiva. Para huir de esta depresión intolerable, y eliminar el objeto que la provoca (“el Otro”) le ataca, unas veces para destruirlo fulminantemente, otras, haciéndole la vida imposible. Señala que la envidia, no puede explicarse solo en función del hambre, porque la realidad muestra que muchos envidiosos tienen una vida plena de éxitos.
Describe asimismo, una gama de comportamientos del envidioso. Cuando se comenta la valía de alguien, surge su voz pintando las deficiencias del elogiado; exige al “Otro”, que sea omnipotente y omniperfecto; como no puede serlo, le ataca, le muerde, le escupe; agrede al envidiado, ya sea con la crítica constante, o con una persecución de por vida; víctimas de este comportamiento, fueron, por ejemplo, Fray Luis de León, encarcelado por la Inquisición durante años; y el filósofo José Ortega y Gasset; el envidioso suele ser exhibicionista y presentarse como “el Nº 1”.
Otra conducta es la que el autor denomina “intolerancia de la mácula”: consiste en escudriñar la persona admirada y a veces idealizada, para descubrirle la más mínima imperfección o defecto; entonces se le ataca y denigra hasta hacer añicos su imagen.
Meseguer sitúa el origen de la envidia en el Yo Ideal. Este, es una malformación psíquica formada a lo largo del desarrollo de determinadas personas, en parte por factores genéticos, y en parte por defectos de crianza. Freud describió tres estratos del aparato mental, de la profundidad a la superficie: el Ello, reservorio de los instintos, el Yo o campo de la consciencia, y el Superyo o conciencia moral. Se le llama tamben “ideal del Yo”, a no confundir con el Yo Ideal. Cuando el desarrollo es defectuoso por las carencias señaladas, el Superyo no puede formarse adecuadamente, y es substituido por el llamado “Yo Ideal”, que se caracteriza por un ideal desmesurado de si mismo, manía de grandezas, fantasías de omnipotencia y mesianismo, perfeccionismo, competitividad e incapacidad de colaborar, incapacidad de reconocer, y destructividad. Acaba concluyendo que la Envidia, es una manifestación comportamental del Instinto de Muerte (que hemos descrito en escritos anteriores).
La Provocación Masoquista Inconsciente
Ahora veamos en que consiste la Provocación Masoquista Inconsciente. Se denomina así, a una conducta por parte del individuo, o de una comunidad, que irrita profundamente al “otro”, sea este otra persona, u otra comunidad, impeliéndole a responder agresivamente, ya sea de palabra, de obra, o de ambas formas a la vez. Esta conducta o actitud por parte del provocador, es totalmente inconsciente e involuntaria. Él busca la respuesta agresiva del “otro”, pero no lo sabe. Ni cuando es una sola persona, ni cuando es una comunidad. Como no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra.
Un ejemplo aclarará lo dicho. Una Vicepresidenta del Gobierno de España, aspiraba a la Presidencia del Eurogrupo. Tenía apoyos y buenos contactos diplomáticos. Tenía posibilidades. Pero no se le ocurrió nada mejor, que la víspera de la votación, hacer ciertos comentarios displicentes y peyorativos, sobre algunos miembros del Grupo que la había de votar. La reacción fue fulminante. Fue excluida y perdió la votación y la posibilidad de ganar la Presidencia. Aún hoy día, la Sra. Ministra cree que fue traicionada por algunos “amigos”. Acierta a medias: sí que fue traicionada, pero no por nadie, sino por su propio inconsciente.
Nosotros los catalanes, incurrimos a veces en estas actitudes. Nos gusta llevar la contraria, creyendo equivocadamente que así nos diferenciamos más de los demás y afirmamos mejor nuestra identidad, como con un airecillo no confesado, de una pretendida superioridad. Por ejemplo, mientras el mundo civilizado llama “fin” de semana al Sábado-Domingo (“finde”, week-end”, etc) nosotros nos empeñamos en llamarlo al revés: “cap” de semana. “Cap” significa principio, inicio, justo lo contrario de “final”.
Pero quizás el ejemplo más importante lo constituya la celebración de la Diada. En el escrito que dedicamos a ella, señalábamos lo patológico del mecanismo de defensa “negación y vuelta en lo contrario” (“No. No fue una derrota. Es nuestra victoria”). Nada de duelo, que sería lo normal. Antes lo contrario: una celebración. ¡Y dale con llevar la contraria!
A lo dicho sobre esto en el escrito de referencia, hemos de añadir, que la Diada, provoca en amplios sectores de población, de forma inconsciente e involuntaria, pero efectiva, dos reacciones adversas al pueblo que la celebra. Una es de irritación: imagine el lector, que es gobernante y promulga una ley prohibiendo algo muy importante para un sector determinado de la población, Y que este, cada aniversario de la promulgación de la ley, monta una fiesta. ¿No se sentiría irritado?
La otra reacción adversa sería la burla, ante la incapacidad de comprender esta conducta. El tema da de sí para escribir un libro. Pero ahora estamos tan solo en un artículo. Otro día será.
Por último añadamos que el hecho de que en la Envidia haya factores constitucionales permite abrigar una esperanza aunque no lo parezca. Y es que la experiencia demuestra que a veces se da el llamado “salto generacional”. Por ejemplo, sabemos por la experiencia, aunque desconozcamos la causa, que si en la quinta generación (la primera son los padres) ha habido un matrimonio mixto, en la sexta saldrá un hijo mulato, aunque los hermanos sean blancos, y las cuatro generaciones anteriores también.
Pues bien: esperemos que un día se produzca el “Salto Generacional” en la Familia Disfuncional Española y surja un sector de población que instalada en la Genitalidad o Madurez adulta pueda conducir al país por la senda del crecimiento y desarrollo humano presididos por la Paz, que ahora estamos muy lejos de tener.
Brindemos por ello. Mirando al cielo. Porque un brindis mirando al cielo, es una oración.
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