La segunda revolución cuántica

La Mirada del Lector

El control de un solo átomo puede convertirse en la base del progreso científico, económico y social 

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La segunda revolución cuántica está caracterizada por el control preciso de sistemas cuánticos individuales con fines de procesamiento, comunicación y medición de la información.

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El surgimiento de la mecánica cuántica a comienzos del siglo XX dio lugar a una de las transformaciones intelectuales y tecnológicas más profundas de la historia de la ciencia. Esta nueva teoría física emergió para explicar fenómenos que escapaban al marco de la física clásica y estableció una forma radicalmente distinta de comprender la realidad microscópica. 

Desde una perspectiva histórica, la evolución de la física cuántica puede dividirse en dos grandes etapas: la primera revolución cuántica, centrada en la formulación de los principios teóricos fundamentales y en los grandes inventos del siglo XX, y la segunda revolución cuántica, caracterizada por el control preciso de sistemas cuánticos individuales con fines de procesamiento, comunicación y medición de la información.

La primera revolución cuántica se desarrolló aproximadamente entre 1900 y mediados del siglo XX. Durante este periodo se asentaron los fundamentos teóricos de la mecánica cuántica y se desarrollaron tecnologías basadas en el comportamiento colectivo de grandes conjuntos de partículas. 

Las contribuciones de Planck, Einstein, Bohr, Heisenberg y Schrödinger permitieron comprender conceptos clave como la cuantización de la energía, la dualidad onda-partícula y el carácter intrínsecamente probabilístico de la naturaleza. 

Estos avances dieron lugar a innovaciones decisivas como el transistor, el láser, la resonancia magnética, las células fotovoltaicas y los relojes atómicos, que sentaron las bases de la electrónica, las telecomunicaciones, la informática y la medicina modernas. Aunque estos dispositivos no requieren el control de partículas individuales, dependen directamente de las leyes cuánticas y marcaron el inicio de la era tecnológica contemporánea.

Estos avances dieron lugar a innovaciones decisivas como el transistor, el láser, la resonancia magnética, las células fotovoltaicas y los relojes atómicos

La segunda revolución cuántica supone un cambio de paradigma cualitativo respecto a la primera. Mientras que la etapa inicial se apoyaba en la comprensión y explotación de efectos colectivos, la nueva revolución se fundamenta en la capacidad de aislar, manipular y controlar sistemas cuánticos individuales. 

Este salto conceptual transforma la mecánica cuántica de una teoría esencialmente explicativa en una disciplina de ingeniería activa, en la que propiedades como la superposición y el entrelazamiento se emplean deliberadamente como recursos tecnológicos.

La superposición cuántica permite que una partícula —como un átomo, un electrón o un fotón— exista simultáneamente en varios estados hasta que una medición provoca el colapso del sistema. En el ámbito de la información, esta propiedad da lugar al cúbit, la unidad básica de la computación cuántica, capaz de codificar combinaciones de los estados 0 y 1 de forma simultánea. A diferencia del bit clásico, el cúbit permite explorar múltiples posibilidades en paralelo, abriendo la puerta a una aceleración exponencial para ciertos tipos de problemas computacionales.

El entrelazamiento cuántico constituye el recurso más disruptivo de esta segunda revolución. Cuando dos o más partículas se encuentran entrelazadas, el estado de cada una no puede describirse de manera independiente, incluso si están separadas por grandes distancias. 

Las correlaciones resultantes, confirmadas experimentalmente mediante la violación de las desigualdades de Bell, carecen de análogo clásico y son esenciales para aplicaciones como la computación cuántica distribuida, la criptografía cuántica y las redes de comunicación ultraseguras.

Un rasgo distintivo de la segunda revolución cuántica es el paso de la observación pasiva al control preciso. Gracias a técnicas como el enfriamiento por láser, las trampas electromagnéticas y las pinzas ópticas, hoy es posible manipular átomos e iones de forma individual, implementar operaciones lógicas elementales y preservar la coherencia cuántica durante tiempos cada vez mayores. De este modo, la mecánica cuántica deja de ser únicamente el fundamento del hardware para convertirse también en la base de la lógica del procesamiento de la información.

La mecánica cuántica deja de ser únicamente el fundamento del hardware para convertirse también en la base de la lógica del procesamiento de la información

Esta nueva era se articula en tres pilares tecnológicos principales: la computación y simulación cuántica, las comunicaciones cuánticas, y la sensórica y metrología cuánticas. En el ámbito de la computación, el ordenador cuántico se ha convertido en el símbolo más visible de la revolución. 

A diferencia de los ordenadores clásicos, estos sistemas emplean registros de cúbits entrelazados cuya descripción completa requiere una cantidad de memoria clásica que crece exponencialmente con el número de cúbits, lo que ilustra su enorme potencial de cálculo para problemas específicos.

En la actualidad, coexisten diversas arquitecturas para la construcción de ordenadores cuánticos escalables. Entre las más relevantes se encuentran los cúbits superconductores, utilizados por empresas como IBM y Google; los iones atrapados, desarrollados por IonQ; los sistemas de átomos neutros organizados mediante pinzas ópticas, impulsados por Pasqal y QuEra; y los cúbits topológicos, investigados por Microsoft, que prometen una mayor robustez frente al ruido ambiental. Cada enfoque presenta ventajas y desafíos particulares en términos de escalabilidad, coherencia y corrección de errores.

Las comunicaciones cuánticas constituyen otro pilar fundamental. El llamado internet cuántico no pretende sustituir al internet clásico, sino complementarlo mediante una capa adicional de seguridad basada en las leyes fundamentales de la física. El teorema de no clonación garantiza que cualquier intento de interceptar un cúbit altera inevitablemente su estado, revelando la presencia de un intruso. 

Para extender estas redes a escala global, se desarrollan repetidores cuánticos basados en protocolos de teleportación cuántica, que permiten superar las limitaciones de distancia de las fibras ópticas convencionales.

En el campo de la sensórica y la metrología, los sistemas cuánticos ofrecen una sensibilidad extrema frente a perturbaciones externas. Esta propiedad posibilita el desarrollo de relojes atómicos de nueva generación para navegación y geodesia, gravímetros cuánticos para exploración geológica, magnetómetros basados en defectos NV en diamante para aplicaciones biomédicas, y sensores inerciales cuánticos capaces de operar sin GPS. Estas tecnologías tendrán un impacto directo en la industria, la defensa y la investigación científica.

Una de las aplicaciones más prometedoras a corto plazo es la simulación cuántica de sistemas químicos y biológicos complejos. Los ordenadores clásicos no pueden modelar con precisión moléculas grandes debido al crecimiento exponencial del espacio de estados. 

Los simuladores cuánticos, en cambio, permiten reproducir estas interacciones de forma natural. Resultados recientes han demostrado su potencial en el diseño de fármacos, la optimización de catalizadores y el descubrimiento de nuevos materiales.

La segunda revolución cuántica ha desencadenado, además, una intensa competencia geopolítica. La seguridad nacional, la soberanía digital y la ventaja económica dependen cada vez más del dominio de estas tecnologías. 

La segunda revolución cuántica ha desencadenado, además, una intensa competencia geopolítica

La posibilidad de vulnerar los sistemas de cifrado actuales mediante algoritmos cuánticos ha impulsado fuertes inversiones en criptografía post-cuántica y en infraestructuras de comunicación segura. 

Paralelamente, el acceso a la computación cuántica a través de la nube (Quantum Computing as a Service) se perfila como una estrategia para mitigar la aparición de una brecha tecnológica global.

En conjunto, la transición de la primera a la segunda revolución cuántica representa el paso de comprender las leyes subatómicas a utilizarlas de manera activa para diseñar nuevas capacidades tecnológicas. 

Si la primera revolución proporcionó los cimientos de la sociedad digital del siglo XX, la segunda redefine los límites del cálculo, la medición y la seguridad en el siglo XXI. En esta nueva era, el control de un solo átomo puede convertirse en la base del progreso científico, económico y social a escala global.

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